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Al-manurqa. Una odisea inter-islas en el transporte público balear

- 18/07/2016

Al-manurqa. Una odisea inter-islas en el transporte público balear

Operadora: Sí, bon dia

Pandiani: Bon dia, quería realizar una consulta, tengo un billete de barco Alcudia-Ciutadella que sale a las 9:30 de la mañana, y he visto que los autobuses llegan a las 9:15 al puerto. Quería saber si están sincronizados los transportes, si en caso de retraso lo comunican a Balearia, y si el autobús para en la terminal del barco.

Operadora: No, me temo que no le da tiempo, ese horario es teórico, pero depende del tráfico, y además no para en la terminal de Balearia.

Pandiani: Pero cómo puede ser, si es un servicio público, con que movieran media hora el horario se sincronizarían los transportes, y además hablamos de comunicar la capital de mallorca con el puerto de salida a Menorca...

Operadora: Ya, ya, si mucha gente se queja de este tema, pero no lo cambian, debe haber intereses por ahí...

Pandiani: No me lo puedo creer, pondré una reclamación...

Operadora: Claro, en nuestra web puede ponerla, que tenga un buen día.

 

Tras descubrir que no hay manera de llegar en transporte público al puerto de Alcudia para tomar el primer barco de la mañana (por negligencia en el mejor de los casos, en el peor por intereses económicos) de TIB (Transporte Interurbano de las Islas Baleares) y los operadores marítimos Trasmediterránea, Balearia e Iscomar, empiezo a planear una ruta alternativa. Pero antes pongo la reclamación en la web de TIB, pues es el servicio público de transporte colectivo que conecta Palma con Alcudia mediante el autobús 351.

 

La idea de reunirnos con mi hermana en Menorca un par de días resultaba muy atractiva, y más por lo cerca que está la isla y lo accesible de los billetes siendo residente balear. Ida y vuelta 37 € en barco. Ella llegaría desde Barcelona en avión, y yo desde Palma en barco… Primer error, sólo hay un barco que une Palma con Mahón (Menorca), y sale los domingos. No importa, pienso, salgo desde Alcudia, aunque esté en la otra punta de la isla, aunque haya casi más distancia entre Palma y Alcudia que entre Alcudia y Ciudadela (Menorca).

 

Compruebo los horarios de Transmediterránea, Balearia e Iscomar. Hay una variada oferta para salir en las primeras horas desde el puerto de Alcudia, si no ya hay que viajar por la tarde. Me decido a madrugar y así aprovechar el día del viaje en Menorca, consulto las rutas de trenes pero ninguna llega a Alcudia. En las rutas de autobús veo que la línea 351 llega al puerto de Alcudia. Genial, pero…

 

No existe conexión entre los autobuses que llegan a las 9:15 a una zona del puerto de Alcudia, y los barcos, de los que la salida más tardía es a las 9:30, provocando la imposibilidad de usar este transporte para conectar las islas. Llamo a mi hermana indignado y me recomienda coger el tren a Sa Pobla, y desde allí un taxi. Busco la línea de tren, bien, existe un tren que sale de Palma a las 7:30 y llega 8:24 a Sa Pobla. Busco en Google “taxi Sa Pobla Mallorca”. Llamo al teléfono que aparece:

 

Taxi: Sí, ¿digaa...?

Pandiani: Buenos días, quería consultarle, tengo que coger un barco en Alcudia el miércoles a las 9:30, y me gustaría que me recogieran en Sa Pobla, quería saber lo que tarda y el precio aproximado…

Taxi: Ay, pues eso serán veinte minutos poco más o menos, y el precio estará en 23 euros poco más o menos…

Pandiani: Gracias, y ¿hay que reservar?, ¿la parada de taxi está cerca?

Taxi: Pues yo le recomiendo, porque somos dos taxis en el pueblo… Le puedo esperar en la estación.

Pandiani: Vaya, dos taxis... pues entonces sí reservo.

 

Vaya, ya no es tan barato moverse entre islas, el tren 4,10 €, más el taxi al puerto desde Sa Pobla 23 €. Conclusión, llegar al puerto de Alcudia a tiempo para el barco cuesta 27,10 €, o sea casi un 50% más que la ida en barco… Claramente algo está fallando. Pero el espíritu vacacional, el ánimo viajero puede, así que desoyendo las voces pragmáticas que me instan a comprar un vuelo Palma-Mahón, o irme en coche decido someterme al calvario del transporte público insular.

 

 

Tomo el tren a las 7:30, la línea directa a Sa Pobla, bueno, no tan directa me dice el funcionario del TIB, hay que hacer un transbordo porque hay una zona sin electrificar, -tranquilo, no tiene pérdida- me tranquiliza. No hay muchos usuarios, los trenes son puntuales y están en buen estado. Uno de los parámetros de modernidad de una sociedad es su red de transportes públicos, Alemania es un ejemplo con su red de trenes (la más densa del mundo), y capitales de todo el mundo hacen emblema de sus redes de autobuses y metro: Londres, París o Nueva York (donde el 80% de la población se mueve en metro)... Por supuesto no cabe esperar que Mallorca posea las interconexiones de una gran ciudad, pero tampoco es justificación para que se convierta en una isla habitada por coches (En verano, a los turismos matriculados por residentes de Mallorca, se añaden 65.000 turismos en alquiler… En formentera 8.000 turismos y 10.000 motos en una isla de 20 km de largo).

 

 

¿Pero por qué es interesante el transporte público? Veamos, por muy cómodo que sea ir en coche, suponiendo que a uno le guste conducir, y pueda afrontar el gasto que supone (un coche nuevo de tipo medio implica un presupuesto de 5000 €/año) el hecho de que cada unidad familiar tenga un coche supone una interacción de miles de vehículos en un área limitada (núcleos urbanos residenciales, industriales o comerciales) que genera graves consecuencias a largo plazo:

 

  • Coste ambiental: Emisiones masivas de CO2, muy superiores a las de una red de transporte público funcional (No sólo hablamos del calentamiento global, sino de las consecuencias en la salud de la población por contaminación del aire). Impacto ambiental sonoro en zonas residenciales, generación masiva de residuos derivados del petróleo (aceites, neumáticos, plásticos, etc.). Desplazar el transporte público en favor del individual fomenta la urbanización aislada y provoca socidades con modelos de consumo energético ineficientes (p.e.: Áreas residenciales de U.S.A).

 

  • Coste humano: Accidentes: Estadísticamente el autobús es mucho más seguro que el turismo, y si hablamos de tren o metro la diferencia es abismal. No sólo accidentes mortales, sino también lesiones de diferentes grados. Calidad de vida: A la contaminación del aire y el ruido, hay que añadir que la alta densidad de tráfico provoca atascos, provocando pérdidas de tiempo y generando estrés. Una alta densidad de coches implica generar un parque de plazas de aparcamiento que va en detrimento de espacios de uso público (Véase Palma, donde se hacen plazas insulsas sobre aparcamientos).

 

  • Coste Geoestratégico: Un país que carece de petróleo como España no puede darse el lujo de consumir más energía de la imprescindible en transporte. El modelo de transporte público colectivo optimizado daría más independencia energética al país, y esto es más importante ahora que las petroleras miran ávidas los litorales de ambos archipiélagos (Baleares y Canarias).

 

  • Accesibilidad: El transporte y el acceso a los servicios públicos debe ser un derecho para todos. No podemos contar con que todo el rango de población pueda conducir, y mantener un vehículo. La funcionalidad del transporte público abarca al niño que va al colegio, al trabajador que va al polígono industrial, la adolescente que va al centro de la ciudad, el pensionista que tiene cita en el médico…

 

 

El trayecto en tren es cómodo, el vagón va medio vacío, pasa el revisor a pedir los billetes, en una parada veo la pintada de un joven aprendiz de poeta: Diciembre luego enero, te quiero y no maduro. Hago el transbordo en una estación fantasma, un páramo desolado, todo tendrá una explicación...

 

 

En Sa Pobla me espera el taxi, la conductora me habla del picante que sazona la gastronomía del pueblo en el trayecto al puerto de Alcudia. Una vez en la terminal de Balearia paso el control de rayos x y camino por una interminable pasarela hasta el barco, que sale puntual hacia Ciutadella. El barco es agradable, aunque los accesos implican escaleras y pasillos estrechos que generan grandes dificultades a la gente mayor, y a quienes llevan equipaje.

 

 

La travesía es rápida, en poco más de una hora y media llegamos al puerto de Ciutadella, donde otra vez escaleras, estrechos accesos, y rampas pronunciadas nos desembarcan. En este puerto además hay 400 metros de caminata por un pasadizo de hormigón. De ahí se sale a una terminal lejos de todo, en la que uno queda expuesto a la dictadura del taxi. A mí por suerte me vienen a buscar.

 

 

De la estancia en Menorca no hablaré apenas, una isla parecida y diferente, otro concepto del turismo, menos dominado por la codicia de unos pocos, el concepto de sostenibilidad no parece inviable visto desde este lado de las Baleares. El 68% de la isla de Menorca está protegido.

 

 

Sin embargo el transporte público parece que tiene ciertas similitudes. El último día, al dejar el coche de alquiler (sí, todos somos pecadores, pero no existe alternativa funcional ahora mismo...) decidimos tomar el autobús al puerto de Ciutadella, ya que vamos con tiempo. Al llegar a la parada vimos que se anunciaban 5 líneas del TIB, pero preguntando a los locales nos enteramos de que sólo una está en uso. -Pero para a diez minutos del puerto…- Nos dice un señor -Uyyy, nono, eso le deja lejos del barco…- Nos intranquiliza una señora. Al llegar el autobús, el conductor, malencarado y con pocos modales, nos dice que tarda veinte minutos en llegar y nos deja a diez minutos de la terminal. Nos sentamos ya más tranquilos.

 

 

Pero para nuestra desesperación el trayecto se desarrolla con lentitud extrema, el autobús va parando en cada hotel, donde el conductor arrea a los turistas como ganado. El tiempo del que creíamos estábamos sobrados se va agotando, pero por fin nos avisa, tras insistirle varias veces, de nuestra parada. -Diez minutos, recto y a la derecha, ya lo verán- nos asegura de nuevo, y tenemos que pedirle que no arranque para sacar nuestras maletas de la bodega de equipaje. Comenzamos a andar, y lo que eran diez minutos de camino fácil, se convierten en veinte minutos de marcha militar, mirando la hora preocupados, bajo el sol abrasador, en una urbanización desolada, tras la que llegamos a la rotonda del puerto, y con la inestimable ayuda del gps de nuestros móviles. Llegamos al barco con cinco minutos de margen, acordándonos del conductor y de los gestores del TIB, a parte de políticos responsables. Otra caminata de 400 metros al barco, la rampa pronunciada, una señora mayor medio desmayada, una chica joven empujando su maleta como un escarabajo pelotero, escaleras, pasillos, y la travesía de vuelta a Mallorca.

 

 

 

Llegamos al puerto de Alcudia a las 9 de la noche, y qué raro, no hay transporte público hacia Palma. Los pasajeros del barco deberán pernoctar en Alcudia, tomar un taxi, o, como es nuestro caso contar con un vehículo de transporte ¡¡¡Nos vinieron a buscar desde Palma!!!. Si Mallorca pretende seguir siendo un paraíso, sus habitantes deberán reconsiderar tanto las políticas dirigidas hacia la calidad de vida de sus habitantes, como las políticas de sostenibilidad ambiental a largo plazo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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