Aquellos maravillosos años de cine (Los 80) (Tercera Parte) (Cine de Fantasía)

Aquellos maravillosos años de cine (Los 80) (Tercera Parte) (Cine de Fantasía)

Tras repasar las películas del género de comedia y ciencia ficción de los años 80, ahora es el turno de dos géneros que han dado lugar a clásicos enormes, y películas de culto que perduran hoy en día no solo entre los nostálgicos, sino también entre las nuevas generaciones que han conocidos algunas de estas historias por sus padres o abuelos. El cine de fantasía y el de aventuras tiene un alcance distinto al de los anteriores géneros tratados, ya que es posible llegar a grupos de personas de las edades más variopintas, desde el niño de ocho años que empieza a ir al cine con sus padres como el anciano que quiere comprarse unas palomitas y pasar una divertida y entretenida hora y media.

Historias que transportan al espectador a aquellos relatos que leía de pequeño, donde la búsqueda de un tesoro, la investigación de una desaparición, o un crimen inconcluso, vendían disfraces y artículos a granel para intentar ser lo más parecido a esos héroes en la sombra que hacían de este mundo un lugar maravilloso.

FANTASÍA Y AVENTURAS

Si hay un personaje que tuvo relevancia, importancia e interés en los años 80, ese fue sin lugar a dudas Indiana Jones, interpretado por el omnipresente Harrison Ford. En esa década conocimos al arqueólogo creado por George Lucas (padre también de ‘Star Wars’), y dirigido por el genio Steven Spielberg, le vimos crecer, y enfrentarse a sus miedos y pasado de una manera brillante, cómica y espontánea. La naturalidad y su capacidad de reacción ante las adversidades, así como los múltiples lugares que visitó, los enemigos a los que se enfrentó, a quién enamoró, así como los tesoros y reliquias que encontró, hicieron renacer en los espectadores un espíritu de aventura que solo las grandes historias pueden conseguir. Las películas dieron paso a una muy digna serie, “Las aventuras del joven Indiana Jones’, que tuvo tres temporadas y cuarenta y cuatro capítulos, de los cuales siete no llegaron a emitirse nunca.

Todos hemos querido ser un Indiana Jones en algún momento, con la chaqueta de cuero, el látigo, saltar a un desfiladero, o enfrentarnos a una horda de enemigos ataviados con sables dispuestos a dividir nuestro cuerpo en varias mitades. ‘En busca del arca perdida’ (1981) regaló momentos que son antología del cine, como la introducción inicial del personaje, con la escena de la piedra gigante tras el héroe como seña de identidad, así como la lucha contra los nazis a lo largo de toda la película. Posteriormente llegó ‘Indiana Jones y el templo maldito’ (1984), que contaba una aventura anterior a la que vimos años atrás, dejando momentos hilarantes, legendarios, como la persecución en vagonetas por el templo, o el sacrificio mortal con la frase para el recuerdo, “odaram sudaram”, que pronuncia repetidamente el malvado gurú Mola Ram antes de arrancar el corazón del individuo que será sacrificado. La película es una sucesión de aventuras, pero con un guion un tanto flojo, que realmente pasa un poco desapercibido por todo lo bueno que tiene. Acompañando a Indiana está su fiel ayudante Tapón (Jonathan Ke Quan, que un año más tarde seguiría tocando la gloria, por última vez en su carrera, gracias a ‘Los Goonies’), y la insoportable pero leal Willie (Kate Capshaw, esposa de Spielberg), que es quizás el personaje más fuera de lugar de la película, aunque tiene sus momentos.

Después llegaría la mejor película de la saga, ‘Indiana Jones y la última cruzada’ (1989), que subió muchos enteros y críticas favorables gracias a Sean Connery, que interpreta al padre del protagonista, Henry Jones. Connery absorbió por completo cada escena en la que participó, relegando a Harrison Ford a un plano secundario, gracias a su perfecta actuación. La historia que lleva a Indiana Jones hasta el mismísimo Santo Grial es un guion maravilloso, con momentos épicos, que son historia del cine, y dignos de llevar a cualquier escuela. La perfecta ejecución del siempre efectivo Steven Spielberg dio pie a una película irrepetible, y puso un colofón glorioso a una saga que pareció terminar con los protagonistas montando a caballo y perdiéndose en el horizonte, rememorando los clásicos del oeste de cuarenta años atrás. “¡Seguidme, conozco el camino!”

Pero Indiana salió del asilo para volver a enfundarse la chaqueta de cuero y el látigo, casi veinte años después con ‘Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal’ (2008), en un regreso forzado, innecesario, y desmerecedor de formar parte de la historia de tan tremendo personaje. El mayor despropósito fue contar con Shia LaBeouf, un actor del montón, que llegó a lo más alto por la saga ‘Transformers’ del Michael “arrasa-con-todo” Bay, y que en un principio llegó a la saga con la intención de tomar el relevo de Ford de cara al futuro, cuando ha quedado claro que este actor es insustituible, al menos con este personaje, al igual que con Han Solo de ‘Star Wars’. Así mismo, escenas de relleno, el regreso de una desmejorada Karen Allen, la desaprovechada Cate Blanchett, y un final horroroso, firmaron la sentencia de muerte de una película que llegó muy, muy tarde.

Tristemente, Paramont Pictures, Lucasfilm, y Disney no han aprendido de sus errores y han querido insistir, ahondando en la herida que dejó “La calavera”, y ya ha anunciado para 2019, de nuevo con Harrison Ford y Steven Spielberg. Ojalá no lamentemos este regreso, y haya una película digna de Indy, y que se hagan las cosas bien, jubilando al personaje, y dando paso a valores brillantes como Chris Pratt, que ya ha sonado como posible relevo de Ford, aunque sin nada confirmado. La buena noticia: George Lucas se ha desvinculado del proyecto, al menos de momento.

 

 

 

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‘Bitelchús’ (1988) de Tim Burton, con Michael Keaton, se ha convertido en una película de culto, como casi todas las de Burton, pero su mala leche, humor negro, crueldad, junto con una buena historia y una producción simple pero efectiva, han mantenido la cinta en las retinas de todos, sin dejar indiferente a nadie. El malvado personaje que interpreta Keaton es la versión propia de este extravagante pero efectivo director que hace del personaje de los cuentos clásicos Rumpelstiltskin, popularizado por los Hermanos Grimm, aunque realmente fue creado en un cuento antiguo alemán. Bitelchús eleva la maldad a cotas de crueldad, pero con ese toque de falsa ternura que al final te obliga a sentir cariño por el personaje. La escena de la cena entre parte del reparto bailando forzados por Bitelchús la canción de Harry Belafonte ‘Banana Boat Song’ es mítica, brillante, maravillosa, genial y divertida a no poder más. Como sucede con películas clásicas o de culto, y dado el bloqueo actual que sufren la mayoría de los guionistas actuales, se lleva desde hace cuatro años, aproximadamente, amenazando con una secuela, que, por suerte, no ha llegado todavía.

‘Conan el bárbaro’ (1982) de John Milius, firmando el guion junto a Oliver Stone, y protagonizada por un emergente Arnold Swarzenegger, James Earl Jones (la voz original de Darth Vader) y Max Von Sidow, entre otros. Supuso la primera adaptación al cine del cómic épico del mismo nombre creado por Robert E. Howard en los años 30 del Siglo XX. Sin ser brillante, dejó muy satisfechos a todos presentando al personaje, contando una historia que entretiene y arriesga, a pesar de ser menos violenta de lo que cabría esperar, aunque se ha convertido en película de culto por derecho propio. Su éxito dio origen a la secuela ‘Conan el destructor’ (1984), dirigida por Richard Fleischer, mucho más floja, y que poco tenía que ver con la primera película o el personaje original, salvo pequeñas pinceladas. Asentó a Arnold en Hollywood y le entregó las llaves de la fama, para acabar convertido en “Governator” muchos años después en el estado de California. Esta secuela contó con la leyenda de baloncesto de la NBA Wilt Chamberlain, la cantante Grace Jones, y el luchador de wrestling André el Gigante. Fracasó en taquilla aunque con el paso de los años ha ganado seguidores.

Ya en esta segunda década del Siglo XXI, en 2011, se estrenó una nueva adaptación interpretada por el mastodóntico Jason Momoa, conocido por su personaje de Drogo en la serie ‘Juego de Tronos’ y en la actualidad Aquaman de la Liga de la Justicia del Universo Cinematográfico de DC Comics. Fue un fracaso absoluto aunque la película lo intentaba en ocasiones, pero, sinceramente, no hay por dónde cogerla.

 

 

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Por último, no quisiera dejar en el olvido otras películas que han permanecido en la memoria y que fueron importantes en su momento, por unos motivos u otros:

  • ‘Dentro del laberinto’ (1986) de Jim Henson, con la leyenda musical y siempre eterno, David Bowie, y la por entonces jovencísima Jennifer Conelly, que en 2002 con ‘Una mente maravillosa’ ganó un Oscar a la mejor actriz de reparto. La película es una maravilla visual que gana enteros gracias a la música de Bowie, y a unos personajes emblemáticos y adorables.

  • ‘Willow’ (1988) de Ron Howard y producida por el galáctico George Lucas, con Val Kilmer y el otrora ewok de ‘El retorno del Jedi’, Warwick Davis. Otra película que ha envejecido estupendamente, y que hace añorar las estupendas historias de aventuras, criaturas míticas, acción y ternura que hoy en día es difícil ver sin verse embriagado por una sensación de “déjà vu”. El enano Willow enamoró a todos por su valor y su determinación para hacer valer el bien por encima del mal. El antihéroe interpretado por Kilmer, Madmardigan, es el Han Solo del cine fantástico, salvando las distancias, pero con mucho merecimiento.

  • ‘El chip prodigioso’ (1987) de Joe Dante, producida por Steven Spielberg, y protagonizada por Dennis Quaid, Martin Short y Meg Ryan. Es un “remake” libre de ‘Viaje alucinante’ de 1966, muy divertido y con unos efectos especiales innovadores para la época, pero que sí ha perdido valor con el tiempo, aunque es una buena película de sobremesa en la actualidad. Los divertidos diálogos que tienen el teniente Quaid y el depresivo Short son de lo mejor de una película que hará las delicias de algunos niños de ahora.

 

 

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  • ‘El chico de oro’ (1986) de Michael Ritchie, con Eddie Murphy, que en esos días era uno de los actores mejor pagados de Hollywood y con mayor popularidad. La historia de este detective que defendía a muerte a un niño tibetano perseguido por unos villanos al servicio de poderes sobrenaturales que ven en el pequeño una amenaza. Eternas son las escenas de Murphy cantando en un avión una canción tibetana (“¡alabuliné!”) y toda la secuencia en el templo es desternillante: “yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, quiero el cuchillo”. No es que sea una comedia o película fantástica brillante, pero entretiene mucho, la verdad.

  • ‘Cuenta conmigo’ (1986) de Rob Reiner, con un jovencísimo River Phoenix, Corey Feldman, Jerry O’Connell y Wil Wheaton, actor de actualidad gracias a su papel de sí mismo en la exitosa “sitcom” estadounidense ‘The Big Bang Theory’. Está basada en una novela corta de Stephen King, y que gracias al acierto de dar todo el peso de la película a los jóvenes actores, ha elevado esta película a los altares de los clásicos y conservando una valoración estupenda gracias a una dirección estupenda y lograda, un guion (por fin) digno de una historia de King, con una sencillez y magnetismo que hace saltar las lágrimas de emoción. Es una de esas cintas que no importa las veces que se vea ni cuándo, pero enamora y es una delicia absoluta. Si alguien quiere enseñar a un niño los valores fundamentales en los que debe basarse el ser humano en su vida, esta historia es una guía estupenda.

  • ‘El nombre de la rosa’ (1986) de Jean-Jacques Annaud, con Sean Connery y Christian Slater, basada en la exitosa novela homónima de Umberto Eco y “best seller” mundial. Una intriga llena de misterios y traiciones que hizo bastante justicia al libro, pero que trajo ampollas en la sociedad por las siempre absurdas confusiones que tienen sectores de la sociedad a los que les cuesta distinguir ficción y realidad. Connery, como casi siempre, soberbio, dio más fuerza si cabe a un Guillermo de Baskerville ya eterno. Como curiosidad en nuestro país la película dio pie a un juego de ordenador (Spectrum y MSX) llamado ‘La abadía del crimén’, que en estos días ha anunciado su vuelta, y que es considerado por muchos como uno de los mejores juegos realizados en nuestro país.

  • ‘Los inmortales’ (1986) de Russell Mulcahy, con el impertérrito e inmutable Christopher Lambert, Sean Connery y Clancy Brown. Es una película de culto que narra la historia de unos individuos que han alcanzado la inmortalidad pero que tienen la necesidad de matarse entre ellos para lograr la eternidad. Se mueve a lo largo de distintas épocas de la historia, hasta llegar a la década de los 80. La también banda sonora inmortal de la banda de Rock Queen y su canción insignia ‘Who wants to live forever?’ ayudó a una película floja, pero emocionante por momentos, y que gana enteros cuando Connery, quién sino, aparece en pantalla. Lambert a lo suyo, todavía se pregunta qué hace, dónde va, y de dónde viene. Dio pie a ¡cinco! películas en total, cada cual más horrible, y todas, salvo la última con el Sr. Lambert. La película de anime ‘Highlander: Search for Vengeance’ hizo un poco de justicia e hizo olvidar una historia muy interesante, y que planteó la lucha entre el bien y el mal de un modo distinto.

 

 

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  • ‘Golpe en la pequeña China’ (1986) de John Carpenter, con Kurt Russell y Kim Catrall. Es una película de culto que mezcla la mitología, la aventura, la fantasía, la acción y la estupidez en una fórmula efectiva en su momento pero que en 2016 ya no encaja mucho. Russell quiso ser Indiana Jones pero se quedó en el butanero (con todos los respetos, por favor) valiente del barrio. Una cinta atrevida y valiente pero que fracasó en taquilla, a pesar de que internacionalmente fue más valorada que en Estados Unidos, porque, ciertamente, entretiene y mucho, pero no convence ni es muy creíble.

  • ‘Un, dos, tres, ¡Splash!’ de Ron Howard, con Tom Hanks, Daryl Hanna y John Candy, es la versión de los 80 de la historia de ‘La sirenita’ en acción real. Su mezcla de comedia, fantasía y drama romántico encandiló a mucha gente, además de asentar a Hanks en la comedia y llenar las portadas de las revistas con la espléndida y joven Hanna. La curiosidad de ver a una sirena y las cómicas situaciones que tienen lugar por parte del protagonista por esconder la identidad de la chica, junto con cierto tono de crítico de la sociedad racista y sectaria americana.

 

CONTINUARÁ......