‘Berto Romero: Sigue Con Nosotros’, el éxito de un marginado triunfador

‘Berto Romero: Sigue Con Nosotros’, el éxito de un marginado triunfador

“Quien ríe el último, ríe el mejor” es probablemente uno de los refraness más antiguos de la historia de la humanidad. Una frase que resalta la justicia poética que muchas mujeres y hombres han disfrutado o sufrido alguna vez en su vida. Ahora, al trasfondo de todo esto se le denomina “Karma”, para bien o para mal, algo de lo que sabe mucho el señor Berto Romero (Cardona, 1974).

 

Este hombre, con cara de empollón, friki, marginado, probablemente fue uno de los precursores de lo que hoy en día se conoce como “bullying”, víctima de los abusones que siempre ha habido (y habrá) en los colegios del mundo. Pero él tenía un plan “B” preparado. Una venganza silenciosa, con la que lanzar una bomba de pintura de colores llena de confeti sobre todos aquellos que alguna vez se burlaron de su aspecto, de su nariz (recurso que el artista utiliza con brillantez para reírse de sí mismo), junto a su apariencia débil y tímida.

 

 

Blogs, libros, radio, televisión, teatro, cine… Pocos ámbitos artísticos le faltan a Berto Romero por abarcar, todos con un éxito notable y ampliamente reconocido por los más variopintos tipos de público. Pero lo más abrumador es que jamás ha perdido esa chispa que le hizo un hueco en la radio y teatros de Barcelona con su compañía El Cansancio, junto a sus amigos Miquel Company y Rafel Barceló (recomendamos buscar en cualquier canal de la red sus sketches radiofónicos para morir de la risa), a pesar de haber barrido en televisión junto a su padrino Andreu Buenafuente, protagonizado taquillazos (‘Ocho apellidos catalanes’, ‘Tres bodas de más’, ‘Anacleto, agente secreto’), y mantener sus propios espectáculos teatrales entre los más longevos y rentables de los últimos tres años.

 

 

Berto regaló al público de Madrid durante tres semanas su espectáculo ‘Sigue con nosotros’, en marzo de 2017. El show camina entre el monólogo, el vídeo musical, karaoke, teatro, ficción y realidad. Ciertamente es una obra inclasificable, porque el señor Romero maneja al público a su antojo, con una puesta en escena sencilla pero con un valor seguro: él mismo.

 

Antes de nada, enmarcar el objetivo final de estas casi dos horas de batiburrillo humorístico, ya que la recaudación de las actuaciones del Señor Romero bajo este título irá destinada a la lucha contra la Ataxia de Fiedreich, una enfermedad neurodegenerativa para la cual aún no se ha encontrado cura posible, con el agravante añadido de que al ser una enfermedad que no copa las portadas de los periódicos, apenas tiene repercusión, ayudas o todos los tipos de donativos desinteresados qur debería.

 

 

 

Hay que admitirlo sin tapujos: (casi) todo el mundo adora a Berto Romero. Es un artista que ataca a todos y a nadie, porque siempre lo hace desde esa nave nodriza extraterrestre hecha solo para los genios del humor, a los cuales se les perdona casi todo, porque se sabe perfectamente de qué pie cojean, a quién quieren mutilar, y dejando siempre encima de la mesa el libro de reclamaciones, para quien se atreva a reclamar sin temor a quedar en ridículo.

 

Su espectáculo de variedades utiliza el vídeo como apoyo para dar énfasis a sus mini-relatos, basados en su mayoría en experiencias personales, eso sí, exageradas hasta tal punto que el espectador no consigue al final de todo saber con certeza cuánto había de chiste en un suceso, y cuánto de real. Es mérito del artista conseguir por parte del público la creación de un Berto de bolsillo para la imaginación de cada uno, con el objetivo de no plantearse nada más con todo lo oído que crear una imagen de maldito desgraciado. Porque Berto Romero es otro Berto Romero en este show. Es una imagen de sí mismo virtual, no muy alejada de la que se conoce, pero con la cual puede manipular los hechos y acontecimientos de su vida a su antojo.

 

 

El nexo principal es un Berto en pleno apogeo que durante algunos años se ha dejado llevar por el tremendo éxito que ha atesorado su talento, hasta el momento presente, en que el mito ve su trono en ruinas, por lo que se ve abocado a comenzar desde lo más bajo de sí mismo para volver al lugar que pertenece (o eso se cree él). A partir de ahí, el comediante nos pone al día sobre su vida actual, su familia, todas las cochinadas que diría un adolescente, pero que introducidas por él suenan a chiste nuevo o sino, a chiste viejo pero tratado con mucho, mucho estilo. Los primeros cuarenta y cinco minutos son un cúmulo de anécdotas sublimes en las que es imposible permanecer tranquilas/os en las butacas. Las cuales, por cierto, merecían ser mucho mejores visto el nivel del espectáculo, en lugar de las incómodas, indomables así como inabordables del Teatro de la Luz Philips Gran Vía de Madrid. Un nombre actual demasiado largo como para recordar, pero no así el dolor de trasero y espalda que han sufrido todos los espectadores que han llenado cada sesión del artista durante este mes de marzo.

 

 

Se deja acompañar Romero por Miquel Company, su socio de siempre en la compañía El Cansancio, aportando una estupenda guitarra, así como un complemento perfecto para demostrar al público y al propio Berto que no es más que un señor de Barcelona, con tres hijos, una nariz de la que se ríe siempre, utilizándola como gadget humorístico en caso de bajón, aunque no lo necesita. Lo mejor de todo el espectáculo es la capacidad del autor para hacer creer al humilde público que no todo está ensayado, gracias a la interacción con parte del público, riéndose con él y, con sumo respeto cruel, también de él. Que se lo digan sino al pobre bastardo que decidió fotografiar al amo y señor del escenario al inicio del show, a pesar de la prohibición manifiesta previa tanto por megafonía como por escrito. Ahí supimos que él maneja como quiere todo porque ese es su terreno, así como su trabajo.

 

¿Mejorable? Los números musicales podrían tener unos cuantos peros, aunque se les puede dar el aprobado al ser acompañados por unas letras absurdas, divertidas, horriblemente cantadas, además de unos vídeos de fondo que fuerzan la lágrima, tanto por la pena del ridículo al que es ajeno Berto, como por la risa que todo ello provoca.

 

 

También se echa en falta algún personaje invitado real (no por vídeo), que aporte elementos a la historia (ir)real de Berto, quizás con un enfoque de “flashback”, aunque claro, con este hombre las posibilidades podrían llegar a ser infinitas.

 

Lo demás, que lo descubra por sí mismo quien abone los 20-30 euros que cuesta la obra, muy bien pagada, así como disfrutada. Las agujetas del día siguiente en la zona abdominal corren a cargo del espectador. Que conste.

 

CALIFICACIÓN: 8.7 / 10

 

 

 

Berto Romero continuará su espectáculo en Barcelona, desde el 14 de mayo al 16 de junio de 2017, en BARTS (antiguo Teatro Arteria Paral-lel).

 

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