[CRÍTICA] ‘Blade Runner 2049’: futuro independiente sin renegar del pasado

[CRÍTICA] ‘Blade Runner 2049’: futuro independiente sin renegar del pasado

Dennis Villeneuve asumió la difícil tarea de dirigir la secuela de ‘Blade Runner’ (1982, Ridley Scott), un clásico convertido en película de culto (no olvidar que en la taquilla del año 1982 fue un pequeño fracaso), consciente de la responsabilidad que ello suponía. No en vano treinta y cinco años separan a un estreno del otro, algo arriesgado que podría destrozar un legado muy importante para el mundo del cine.

 

La primera apuesta segura fue contar una nueva historia creada por Hampton Fancher, co-guionista de la cinta original y, por lo tanto, un gran conocedor del universo de los replicantes en un futuro incierto. Él mismo asumió también la tarea de escribir el guion junto a Michael Green, productor y guionista que ha ganado importancia gracias a su espléndido trabajo en ‘Logan’ (2017, James Mangold).

 

 

Pero rodearse de buenos profesionales no garantiza realizar un buen trabajo, por lo que había que dar un paso al frente a la hora de presentar al público los motivos por los cuales se ha creado este proyecto, más allá del implícito económico. Lo que se plasmara en la gran pantalla debía de tener un buen porqué, y una razón de ser.

 

Y la buena noticia es que se ha conseguido todo esto y mucho más.

 

 

‘Blade Runner 2049’ no es una secuela en realidad, sino una prolongación de la historia original. En esta, todo terminó en 2019 con el blade runner Rick Deckard (Harrison Ford) huyendo de su propio destino hacia una vida ajena al caos reinante del momento. No se dejaron los suficientes cabos sueltos como para dar vida a una necesaria segunda parte, y mucho menos que situar esta treinta años más tarde.

 

En esta nueva producción se cuenta cómo ha evolucionado el mundo desde entonces, los desastres acaecidos, sus consecuencias, y se sitúa en un momento trascendental de la humanidad. Ahora la empresa más poderosa del mundo no es Tyrrel Corporation, sino otra con gran impacto medioambiental y social presidida por el excéntrico millonario Niander Wallace (Jared Leto). Los replicantes siguen existiendo, pero están dotados de menor humanidad para evitar los problemas pasados con los modelos denominados “Nexus”. El personaje protagonizado por Ryan Gosling es uno de los modernos blade runners que todavía buscan “retirar” (“matar” a replicantes. Esa manía de los humanos por quitar hierro a determinadas cosas) a aquellos números de serie potencialmente peligrosos, según el criterio de una sociedad cada vez más deshumanizada.

 

 

El gran éxito de esta película es que podría exponerse de manera independiente, sin que existiera la película de 1982, y todo se entendería a la perfección, sin demasiadas explicaciones previas. Se ha creado una historia muy inteligente que bebe de la original, pero no supone un antídoto para que funcione la moderna. Los ingredientes incluidos son los justos para satisfacer a los nostálgicos, y enriquecer el guion, pero es solo un pequeño hilo de la madeja que se presenta con esta maravilla moderna.

 

Uno de los grandes aciertos ha sido contarlo todo como si se estuviera leyendo una novela. Se presenta una sociedad moderna, con nueva arquitectura, nuevos avances tecnológicos, leyes más estrictas, y unos personajes desconocidos que, poco a poco, van evolucionando según avanza la narración y los hechos que acontecen. Tras las presentaciones, llega el quid por el cual se ha convocado al espectador, el cual atrapa sin remisión. Y todo concluye sorprendiendo y dejando un gusto a gloria pocas veces disfrutado en los últimos tiempos con proyectos cinematográficos de esta índole.

 

 

Y esto es mérito de un guion casi perfecto, pero que gana exponencialmente gracias a la desbordante e inspirada dirección de Villeneuve. El realizador ha confirmado lo que ya se pudo atisbar con su anterior proyecto, ‘La llegada’, pero lo ha hecho casi obra maestra. De hecho, se puede decir que esta continuación supera con mucho a su antecesora, aunque suene a blasfemia cinéfila.

 

Sigue lloviendo, mucho, pero ahora se descubre la inmensidad de lugares hasta ahora desconocidos en ese lugar imaginario del hombre. Nieva, pero también brilla el sol al mismo tiempo, y se consigue matar la claustrofobia producida por la ciudad de Los Angeles en 2019. Y es en este terreno donde el director mejor se maneja, al dar una profundidad futurista y bella de los entornos, con encuadres maravillosos que parecen postales de arte post-surrealismo.

 

 

Todo esto no sería nada sin su reparto, por supuesto. Y de nuevo en este ámbito se ha acertado de pleno. Ryan Gosling hace con mucha probabilidad el mejor trabajo que ha ejecutado nunca, a pesar de tener en su registro algunos soberbios. Es un actor que domina como nadie su cuerpo y los tempos de expresión. No necesita excesivas líneas de diálogo, porque su cara y su figura aportan testamentos enteros solo con gestos, movimientos y articulaciones de su rostro. Pero cuando hay que expresarse con la voz, la escena es suya. Esta película no sería lo que es sin él, no cabe duda.

 

 

Lo mismo sucede con la actriz Sylvia Hoeks gracias al trazado de su personaje, mano derecha del magnate Wallace; la siempre perfecta Robin Wright; la confirmación de una actriz portentosa como Ana de Armas; seguridad y profesionalidad por los cuatro costados por parte de una convincente Mackenzie Davis; además de Dave Bautista, un actor al alza, y cada vez a tener más en cuenta. Jared Leto, como suele ser habitual en él, adopta el papel de personaje extraño, a medio camino entre la locura extrema y el genio incomprendido y, como no podía ser otra manera, lo interpreta con genialidad. Aunque lo cierto es que se trata del individuo menos llamativo de la cinta, el que menos engancha, y quizás prescindible para lo que es el nudo y desenlace final.

 

 

 

Por otra parte, Harrison Ford retoma su papel de Deckard con la profesionalidad que le caracteriza. Podría haber caído en el error fatal de mostrarse de nuevo como Han Solo o Indiana Jones –debido a la edad con la que ha retomado sus papeles más conocidos-, en lugar de a este particular hombre. Pero lo cierto es que asume a la perfección uno de los personajes más relevantes de su carrera. Aunque en esta ocasión no es fundamental, de hecho podría incluso haberse obviado sin quedar la historia coja, pero incluirle da coherencia y enriquece un producto espectacular en su conjunto global.

 

 

Al igual que sucedía con la música creada por Vangelis en la primera película, aquí es una parte fundamental de la trama. Martillea los tímpanos en ocasiones adrede, atrapa con su sonido envolvente en otras, calma cuando el espectador necesita un respiro, e infarta en sus momentos más cruciales. Hans Zimmer es un maestro en estos terrenos, algo que demuestra con brutal desparpajo, sobrado de talento, junto al brillante y joven compositor Benjamin Wallfisch (‘It’, ‘Batman v Superman’ (música adicional)). Se han decantado ambos por una partitura nueva, ajena a la original, aunque de vez en cuando acuden a ella, pero solo para embellecer algunos momentos.

 

Achacable solo es un exceso de metraje en general, dado que se alargan determinadas escenas quizás en exceso, sin llegar a aportar mucho al conjunto. E incluso, como se comentaba antes, podría haberse “retirado” (¡guiño!) alguna escena del personaje de Leto o, incluso, de Harrison Ford. Pero viendo el resultado final, es muy probable que la lógica utilizada por Vileneuve a la hora de introducirlo todo así, sea mucho más que correcta y lógica.

 

 

Una perfección abrumadora, junto al preciosismo de sus imágenes e interpretaciones convierten a ‘Blade Runner 2049’ en una de las mejores películas de ciencia ficción de los últimos veinte años, que dará una nueva dimensión a este tipo de cine y de narrar visualmente.

 

CALIFICACIÓN R.A.: 9.3 / 10