Casa Planas. Esplendor, decadencia, regeneración

20/03/2016

Casa Planas. Esplendor, decadencia, regeneración
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Casa Planas. Esplendor, decadencia, regeneración

A finales de los lejanos años 50, un emigrante catalán que había descubierto la isla de Mallorca haciendo el servicio militar, decidió fundar su empresa aquí, en Palma. Enamorado de la fotografía, no podía parar de retratar los paisajes de esta paradisiaca isla, que estaba evolucionando muy rápido social, económica y turísticamente. A muchos de los mallorquines, que estaban acostumbrados durante siglos a trabajar en el mundo rural, este cambio se les hizo nuevo. No entendían que tanta gente de fuera pudiera venir a su pequeña isla del Mediterráneo para estar, simplemente, tumbados en la playa. 

 

 

Pero en esos años, y cercanos todavía del hambre de la postguerra, cientos de emigrantes y turistas empezaron a veranear en sus costas. Aquí teníamos el sueño americano. Cualquiera podía aterrizar o desembarcar, y con trabajo duro podía hacer su emporio, era la tierra de las oportunidades. Y Josep Planas i Montanyà lo aprovecho, y bien.  

 

 

Fue el primero que tuvo un helicóptero para hacer fotografías aéreas, y de hecho, se lo alquilaba a la Guardia Civil durante los fines de semana para que vigilasen la costa. Inventó la postal y llevó a Mallorca y sus paisajes a todos los confines del planeta, poniendo a nuestra querida Roqueta en todos los mapas geográficos. 

 

 

Fue un visionario y nadie como él, en Mallorca, supo ver el futuro de la fotografía de paisajes e industrial; y aprovechando el crecimiento que estaba teniendo el barrio del Fortí en Palma, debido a la cercanía con el recién inaugurado estadio del Real Club Deportivo Mallorca “Lluis Sitjar” que acababa de subir a primera división por primera vez, construyó la sede de su “Casa Planas” Cine y Foto.  (Actualmente se llamaría Ca’n Planas, pero en tiempos de Franco…).

 

 

A los pocos años dejó de hacer cine para especializarse en fotografía, y fue abriendo diferentes centros de revelado y material fotográfico por la ciudad, así como en plaza Gomila, Paguera, S’Arenal, Magalluf, etc…  hasta 15 centros y más de 100 trabajadores.

 

 

Como iba diciendo, fueron más de 40 años de progreso en este barrio. Al estadio Lluis Sitjar y Casa Planas, se sumaron el Mercado de San Fernando y el Cine Lumiere, recordado como uno de los mejores de la isla. El mundo avanzaba muy rápido y los sótanos de este edificio, antiguamente todo laboratorios de fotografía analógica, imprenta y carpintería de marcos cerraron, salía más económico externalizar estos servicios y ya en el 2002 sin esperar al cambio digital apenas, y teniendo que realizar una gran inversión en reformas e infraestructuras, el descendiente de Josep Planas, Mariano, decidió que era mejor cerrar la empresa. Muchas otras casas de fotografía aguantaron, pero entre el cambio digital y la crisis del 2008 acabaron cerrando. Otro visionario.

 

 

El inicio del nuevo siglo no trajo más que decadencia de este barrio (Es Fortí, Son Dameto, Son Cotoner) que había visto tiempos gloriosos en su pasado. El cambio de campo del Real Mallorca del Lluis Sitjar a Son Moix, la compra del mercado de San Fernando por el Corte Inglés y su posterior cierre (les sale más económico manternerlo cerrado), más el cierre de Casa Planas y el Cine Lumiere, acabó con la cultura y muchos puestos de trabajo en la zona provocando a su vez la degradación de este popular barriada de Palma. La creación de un bingo (Actualmente un gimnasio) no hizo que mejorase la cosa.

 

El hiperactivo Josep Planas inauguró su exposición retrospectiva a finales del año 2005 en el Casal Sollerich con un grandísimo éxito de visitas, de hecho ha sido hasta el momento la exposición más visitada del centro. Pero ya estaba mayor, y debía retirarse progresivamente. Su amplio archivo fotográfico e increíble colección de cámaras de todos los tiempos se guardaron en la sede Casa Planas y su nieta Marina Planas, la única que ha mantenido ese amor por el arte y la cultura empezó a buscar gestores que pudieran gestionar ese gigantesco espacio (2500 m2 aprox), ordenar las colecciones y hacer algo útil con todo lo que había allí dentro, ya que en sus archivos y diferentes habitaciones se había acumulado todo cuanto se hubiera podido (entre cámaras, merchandising, documentos de contabilidad, boes del estado desde 1950, más cajas llenas de contratos, estadísticas, montañas de postales que nunca se vendieron, más basura, marcos de cuadros, recuerdos de la Casa Catalana de Mallorca que Josep Planas presidió…). Todo un Caos.

 

Como decía diferentes gestores culturales fueron visitando el espacio y todos se enamoraron de él, es verdad, que ofrece una energía especial, rebosa arte y magia por todos los costados, se siente desde el primer momento que entras. Pero a su vez, es un gran dinosaurio que te devora, y rápido. Con la misma velocidad con la que se enamoraban del espacio… abandonaban. Ni siquiera sabían por donde empezar.

 

 

Reconozco que siempre fui fan de la obra de Josep Planas, cada día lo recuerdo como lo mejor o único bueno que encontraba en el periódico Ultima Hora, y cuando visité su exposición en el Casal Sollerich me fascinó el hecho de que allí estuviera él, saludando personalmente a cada uno de los visitantes. Yo no dejaba de ser un diplomado en turismo de 25 años, que venía de pasar un año en Berlín, donde había ido a estudiar alemán y había regresado enamorado de la fotografía, el diseño, arquitectura y el arte, y apenas sabía en esa época que hacer con mi vida.

 

Y ahí empecé a estudiar fotografía. Me compré mi primera cámara de verdad y comencé a jugar con la luz, contar historias, etc. El destino me llevó a Madrid, ya que aquí me sentía limitado, y allí acabé de nutrirme, bueno, realmente empecé con ello. Llegué a la capital para estudiar fotografía de interior y exteriores y fotoperiodismo y acabé organizando exposiciones de pintura, ilustración, diseño y fotografía en diferentes locales del centro de la capital. Al año inauguraba mi galería de arte (Galería EM7) y mi centro cultural (Neuroarte) donde disponíamos de 9 talleres de trabajo para artistas en un total de 500m2. Un año y medio de duro trabajo en el que sin apenas ingresos económicos no cesamos de organizar más de 200 eventos culturales, con diferente afluencia de público, pero eso sí, disfrutando con mucha pasión de todo lo que estábamos haciendo, de hecho, formábamos parte de toda esa explosión de jóvenes preparados sin una salida laboral, que necesitábamos imperiosamente expresarnos y no estar parados.

 

 

En esas épocas nació a su vez, y pegado a mi casa del conocido barrio de Lavapies.. la Tabakalera de Lavapies, el mayor centro autogestionado que viera en mi vida. Mucho mayor que el desaparecido Tacheles de Berlín en el que tantas cervezas Hefeweissen tomara. En Tabakalera estaba lo mejor y lo peor de la sociedad. No era, en absoluto fácil gestionar ese espacio y la ayuda altruista de cientos de personas que se habían quedado en el paro en aquella época hizo creernos que otro mundo era posible. Espacios para circo, escultura, arte urbano, música… Todo el mundo tenía cabida allí. Pero el comportamiento de diferentes personajes, con actos de egoísmo, codicia e hipocresía, la transformación de las personas bajo el dominio del alcohol, hizo que muchas de las cosas maravillosas que hubo en esos inicios fuera para sólo unos pocos. Muchos de los espacios para talleres del centro ya no estaban abiertos, sino cerrados y exclusivos para unos pocos. No os ofendáis porque hable así de este centro. Es amor y odio a partes iguales. Si vais, sin referencias de sus inicios, disfrutareis de lo lindo. ¡Qué complicado es gestionar grupos grandes de trabajo!.

 

En definitiva, al final seguía rulando por el mundo, entre estancias más largas o más cortas en ciudades como Estambul o Glasgow, y a inicios del 2014 regresé a Mallorca con el objetivo de asentarme como gestor cultural en la isla. No era fácil, una isla tan cultural como Mallorca formada por gethos muy endogámicos donde requieres tener padrino para estar dentro. Un pastel de 10 trozos en el que es difícil que coman 11. Hacía 6 años que no vivía aquí, pero las fabulosas chicas del desaparecido Centro de Creación CREARTE que estaban en Sa Possessió y los chicos de Velvetine Colectivo confiaron en mí y me dieron oportunidades, empezaron a presentarme gente de la cultura mallorquina, músicos, artistas, etc… y empecé a ser uno más. Gracias. Por fin podía quedarme en Mallorca y aplicar lo que había aprendido fuera.

 

Empecé a pinchar visuales con Velvetine Colectivo y organizar sesiones de cineclub en Sa Possessió dentro de las actividades de Crearte, sesiones de cine alternativo, cortometrajes, videoartes, videos musicales y sobre todo mucha animación stopmotion (a la que me había profesionalizado en los últimos años).

 

En una de esas sesiones apareció Marina Planas, sólo la conocía por los diferentes perfiles de posibles futuros amigos en el lateral derecho del Facebook, y estuvimos charlando de cine y arte, y fue sólo al cabo de un rato cuando me enteré que era la nieta del Sr Josep Planas, y me invitó a visitar San Ferran (como solía llamarlo). En aquellas épocas el inmenso espacio estaba gestionado por el fotógrafo Pablo M. Attfield , Bruno y Álvaro del Fablab, los cuales estuvieron tan sólo unos cuantos meses para formar y dirigir su propio espacio “Artik Center”.

 

Recuerdo perfectamente la primera vez que entramos en el espacio. Montones y montones de cajas, libros de contabilidad, papeles, archivos, sillas y muebles distribuidos irregularmente. El espacio diáfano que ahora compone el centre cultural, estaba en ese momento separado por unas cuatro salas, de un inconfundible estilo vintage de los años 70, color madera, paredes de color amarillo del humo del tabaco que se debía fumar en esa época y ceniceros llenos a rebosar de colillas. Antiguas máquinas de escribir y ordenadores IBM de por lo menos, una generación atrás. Cientos de cámaras fotográficas distribuidas indiferentemente por los distintos espacios y restos de souvenirs para turistas provenientes de las diferentes tiendas de Casa Planas. Era tan grande y mágico que te enganchaba desde el principio. Me quedé prendado de su energía.

 

Tan sólo unas pocas semanas después me encamine en un viaje muy especial, recorrer durante cinco meses Latinoamérica. Llevaba mucho tiempo esperando ese viaje y ahí estaba. Paisajes y personas increíbles se cruzaron en mi camino pero en mi mente seguía estando ese espacio, ya que una vez que regresara a la isla, lo haría con el objetivo de asentarme de una vez por todas, como artista visual y gestor cultural.

 

Los cinco meses de viaje pasaron muy rápido, como suele suceder cuando lo estás pasando bien, y extrañas circunstancias de la vida hicieron que conociera a Marito Verdaguer y su hermano Matheo Roma. Estaban gestionando una radio independiente llamada Sputnik Radio, su frecuencia y alcance era corta y apenas tenían unos pocos programas. Sin darnos cuenta estábamos asociados para sacar la radio adelante. Como Matheo vió que el proyecto iba para largo, se separó del mismo para trabajar en otras cosas, ya que tenía una familia que alimentar.

 

Le comenté a Marito: “Hay un espacio increíble que podríamos gestionar como centro cultural, asentar allí mismo la radio, e intentar hacer lo que nadie hace en Mallorca…, una radio show participativa y que englobe toda la cultura de la isla, que no es poca. Un espacio que sea centro de reunión y sinergias entre los creativos que quieran unirse al proyecto y, a su vez, sea plataforma a la que darse a conocer e impulsar interesantes proyectos culturales y emprendedores.

 

Databa de Junio del 2015. Nueve meses después, y con la gran ayuda de Marina Planas y muchos, pero muchos, amigos y colaboradores que han creído en el proyecto nos encontramos con un espacio único en la escena cultural mallorquina; Un centro cultural que como mucha gente nos ha comentado, “era más que necesario en Palma”. Ahora mismo, se realizan talleres de fotografía, de diseño en cuero, encuadernación, presentaciones de cortometrajes, discos, libros, recitales de poesía, reuniones y asambleas de diferentes asociaciones y colectivos culturales, yoga, coaching, asesoría empresarial, fanzines, serigrafía, pintura, fotografía analógica, etc…

 

Aprovecho desde aquí a dar las gracias a todos estos artistas y colectivos que han creído en nosotros y se han sumado al proyecto siendo residentes del centro como la ONG Ingeniería sin Fronteras, Projecte Úter (Carles G.O’D, Arena y Tonina Matamalas), Isabel Forteza y su laboratorio analógico “Gris Mig”, la banda mallorquina de rock “The Wheels”, el artista plástico y performancer Alberto Ramajo, la artista plástica chilena Alfonsina Ramírez, el artista portugués Hugo Israel, el diseñador de calzado y cuero Toni A. Ferriol, el artista urbano palmesano Joan Aguiló, la ilustradora Helena Fernández y Pato Conde que le han dado vida pintando sus murales, y a los que en breves se unirán las fotógrafas Mónica Mir, Neus Fafá y Sandra Christiansen.

 

CASA PLANAS se reinventa y hace honor al fundador de la misma, D. Josep Planas i Montanyà, esta vez de mano de Xisco Fernández (yo mismo, el que escribe), Marito Verdaguer (sin la ayuda de este McGuiver que no descansa nunca no habría sido posible esta locura de visionarios que luchan por sus pasiones) y de la nieta Marina Planas.

 

El centre cultural Casa Planas ha crecido y seguirá creciendo cogidos de la mano con Sputnik Radio, ya con una antena lo suficiente potente para llegar a toda la isla, y que atrae con sus más de 15 programas a los diferentes artistas y colectivos de la isla que de este modo, conocen el centre y se suman a sus actividades.

 

Sin ser residentes, debo destacar además la colaboración en las actividades y cursos que realizamos a la productora audiovisual “La Naranja Biónica” que realiza diferentes proyecciones de cortometrajes en el centro, al Niño Alcalino con su “Mou School”, una actividad en la que padres e hijos bailan sin control, a “Peixos de la terra” por sus polisensoriales “experiencias cinemagastronómicas” y a Espora Records y POM producciones por su incesable esfuerzo de llevar buena música al pueblo. Me dejo a mucha gente más, muchos más planetas, que todavía están por llegar, ya que, tan sólo, nos encontramos en el preparto del proyecto, y aún queda mucho para hacer crecer al niño. ¿Te sumas a la iniciativa?

 

 

 

 

 

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Xisco Fernández

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