Opinión [CRÍTICA] ‘Cincuenta Sombras Más Oscuras’, un erótico cuento de hadas demasiado lejano

[CRÍTICA] ‘Cincuenta Sombras Más Oscuras’, un erótico cuento de hadas demasiado lejano

La gran ventaja de no leer todo lo que gustaría, o se debería, es que cuando entran en la cartelera películas basadas en libros, se puede ser objetivo desde un único punto de vista: el cinematográfico. Uno no se deja llevar por la pasión que otorga la lectura de un libro, con todos sus detalles, descripciones, sentimientos internos, diálogos o demás recursos que en su momento la persona que escribió el manuscrito decidió crear para dar vida a su historia. La única referencia es la que genera el propio largometraje en sí mismo.

 

Por eso, desde el punto de vista del cinéfilo se puede decir que ‘Cincuenta sombras más oscuras’, secuela de ‘Cincuenta sombras de Grey’ (2015, Sam Taylor-Johnson), es una película que entretiene, con poca sustancia, pero disfrutable. Aunque poco más, porque poco tiempo después de verla casi nada quedará de ella en nuestras mentes, salvo alguna que otra fantasía sexual a anotar en la lista de “cosas que hacer en la cama con mi pareja antes de morir” (ay, ese momento ascensor, y esa barra fija extensible).

 

La trama continúa con la excéntrica relación entre el multimillonario Christian Grey (Jamie Dohan) y la inocente periodista/editora becaria Anastasia Steele (Dakota Johnson). Tras pasar un tiempo separados, deciden darse una nueva oportunidad en la que llueven las promesas, los secretos, las revelaciones del pasado, todo bañado con sexo de diferentes vertientes. Con amor, pasión, sucio, salvaje, divertido, atrevido…

 

En conversaciones mantenidas con algunas lectoras de las novelas protagonizadas por Grey y Steele, escritas por la autora E.L. James, prácticamente todas coinciden en señalar que los libros parecen haber sido redactados por una niña de quince años. Pero una mala escritora de esa edad. Coinciden la mayoría en que son malos libros, que utilizan mucho el recurso del “copia-pega”, pero que despertaron en ellas enormes fantasías sexuales. Sueños eróticos que siempre han imaginado, aunque rara vez se han aproximado si quiera a experimentar. Por cierto, aclarar que ha sido imposible encontrar lectores [masculinos] de estos libros con los que hablar sobre ellos… aunque los hay, garantizado.

 

 

Ciertamente, la historia es válida para soñar despierto, hombre o mujer, porque ellas han deseado muchas veces ser poseídas por un guapo y apuesto multimillonario, mientras que ellos han querido ser incontables veces ese personaje que lo tiene todo, aspirante a llevarse a la cama a cualquier mujer. Ambos para dar rienda suelta a sus más lascivos y sexuales pensamientos.

 

Pero Grey da la impresión de ser demasiado rico, demasiado guapo, demasiado fornido, demasiado… irreal. Y Anastasia tiene demasiada suerte, con una vida demasiado perfecta para ser real. La historia de ambos puede gustar, pero es muy complicado sentirse identificado con ellos. Quizás un poco con él, debido a su horrible, además de tortuoso, pasado lleno de malos tratos, abusos, violaciones, junto a muchos nuevos oscuros secretos que, es de suponer, acabarán saliendo a la luz en futuras películas. Esto es lo único terrenal que puede acabar haciendo que se empatice con al menos uno de los dos principales personajes.

 

El resto es un compendio de actividades, lujos, con situaciones desarrolladas en lugares al alcance de muy pocas personas en este planeta. Casas, helicópteros, aviones, yates, apartamentos, restaurantes, áticos, coches de gama dios, ropa y joyas solo accesibles a través de imágenes tras una búsqueda por Google. Queda tan lejano ese mundo, que es complicado pensar que algún día se podrá cumplir un sueño así. Afortunadamente siempre quedará el sexo, el cual, salvo algunas caras excepciones, cualquiera podría experimentar con muchas ideas de las que aporta la película. Siempre y cuando se quiera hacer algo más que poses misioneras, aquí te pillo, aquí te mato.

 

 

Por otro lado, Christian es un ser bastante desagradable, posesivo, dominante, controlador, en ocasiones bastante machista, además de celoso, con un deseo irrefrenable de dejar claro al resto de los mortales lo que es suyo, material o no, especialmente cuando se trata de su pareja, Anastasia. Ella, sin embargo, muestra falsas entereza y fuerte personalidad, queriendo siempre dejar claro que ella decide lo que anhela, y no así su novio. Claro, que, casualmente, rara es la vez en que no coinciden las “infructuosas” (¡ja!) imposiciones de Grey, con las sabias elecciones, por completo independientes, de la señorita Steele. Que no es algo malo, pero no cuela esa coincidencia, por desgracia para los responsables y protagonistas de la cinta, que intenten mostrar la imagen de igualdad que no existe, porque al final se hacen las cosas como el niño rico quiere, sin más.

 

Sería imposible mantener una trilogía literaria o fílmica solo con un romance de idas y venidas, además de sexo duro, por lo que para esta segunda parte de la franquicia se han introducido dos sub-tramas para entretener, más que para atraer. Al menos una de ellas queda en poco, salvo para mostrar más de lo que ya se podía imaginar del señor Grey, como por ejemplo, su pasado como dominante sexual sadomasoquista, que podría haber enriquecido más el metraje, para luego quedar en poco o nada. La segunda parece haber mostrado una punta de lo que puede llegar a ser un buen iceberg en la próxima película, pero quien sabe si al final es otra jugada al despiste para aderezar un poco la perfecta historia de amor y sexo de la pareja protagonista.

 

 

Respecto a las interpretaciones, cabe decir que Jamie Dornan borda su papel, consiguiendo hacer suyo a Grey, con una mayor amplitud de registros faciales que los que parece ser capaz de ofrecer su compañera Dakota Johnson. Quizás sea una idea de la creadora de la novela, o una misiva del director, James Foley (conocido por trabajar con Madonna en vídeos de su álbum ‘True Blue’, y en su película ‘Who’s that girl?’): Dakota/Anastasia, cuanta menos alegría, satisfacción, tristeza, decepción o enfado muestres, mejor. O puede que, simplemente, la actriz no se crea el personaje que le ha dado fama, dándole solo lo justo para seguir engrosando las taquillas mundiales. Es lo malo de saberse imprescindible, que a veces puede llevar a apoltronarse o relajarse demasiado.

 

Kim Basinger interpreta a Elena Lincoln, la mujer, amiga de la familia Grey, que abrió al bueno de Christian las puertas del placer y el sexo con cuero, cuando este era muy joven. Las abuelas siempre han dicho “hay que ver cómo se estropean los cuerpos”, y es lo único que se puede pensar al ver a la otrora sex-symbol mundial en este papel. Lo peor de todo es que no solo tiene un aspecto horrible, fruto de un exceso de operaciones estéticas, con toda probabilidad, sino que su trabajo es decepcionante. No solo con muestras de aburrimiento, sino con total falta de ese carisma que seguramente sería el motivo por el cual fue elegida durante el casting de la película para este personaje. Muchas veces un pobre guion se puede compensar con una gran actuación, lo que no es el caso.

 

Por el contrario, Eric Johnson, a pesar de su breve papel como jefe de Anastasia en la empresa editora de libros, ofrece una bastante pista de lo que será su personaje en el desenlace de la trilogía. Ciertamente consigue que se le adore, se le deteste, e incluso se sienta algo de pena por él. Todo en un breve espacio de tiempo, lo que otorga mucho más valor a su talento… Veremos si en la tercera parte consigue el tiempo en pantalla que merece.

 

 

Respecto a la anterior película, se puede decir que las escenas con sexo tienen mayor interés y novedades que su predecesora. Es muy curiosa, o alarmante, la enorme química entre los dos actores principales durante sus momentos de pasión, máxime cuando no contrasta para nada con su nula complicidad en situaciones cotidianas. Lo cierto es que el erotismo funciona muy bien, ha perdido vergüenza con respecto a la primera historia, y realmente es excitante. De acuerdo, no es cine “X”, ni siquiera “S”, pero no es lo que se pretende vender, porque para eso existen otras formas de exhibición cinematográfica. Puede que las novelas aporten más carne y detalles para jugar con la mente de los lectores, pero una película que quiera ser vista en todas las salas del mundo no puede cruzar determinados límites, salvo que pretenda perder su gallina de los huevos de oro. Y en Universal Pictures no son tontos, dado que han encontrado con esta serie de películas una fuente de ingresos muy considerable.  

 

En vistas a la tercera película de la franquicia (quizás no la última), sería de agradecer el ritmo de narración de la primera, las escenas de sexo de la segunda, y, por favor, que alguien plante cara a Christian Grey, antes de que acabe convirtiéndose en el próximo Iron Man, cuando Tony Stark se jubile.

 

CALIFICACIÓN: 6 / 10