Contigo

Contigo

Enamorarse es fácil, pero si ya hablamos de permanecer en ese estado, suele ser bastante más complicado. Por supuesto depende del camino que cada uno decida seguir, pero sea de la forma que sea, aquello que implica llevar el amor al siguiente nivel son palabras mayores. Muchas veces nos preguntamos qué es más difícil, ¿el principio o el final? Creo sinceramente que ninguna de ellas.

 

Al decidir empezar una relación, todo es tan perfecto y maravilloso que hasta el mayor de los defectos mágicamente se convierte en una virtud. El no haber disfrutado de nuestras “mariposas” el mayor tiempo posible es una de las cosas que más se suelen lamentar, y que con el tiempo más en falta se echan.

 

¿Y el final? Poco podemos decir de él, una vez que llega, toda munición ya ha sido más que agotada. Mejor ir enterrando los pocos recuerdos que manteníamos vivos tiempo atrás, mejor recordar la historia en un tono gris, que el negro siempre duele más. -¿Y cómo no va a ser esta la parte más difícil?- Creedme, no lo es.

 

Lo más complicado está en medio, protegido por la ilusión y resguardado por el fracaso, y así es, ambos fracasáis, no toda culpa es suya, no podría haber ido mejor si tú… ya es tarde para pensar en eso. En el día a día, no hay diferencia entre trabajar para igualar y superar el principio, o en intentar mantenerse lo más lejos posible del final. Solo puede considerarse luchador aquel que lo hace a diario, quien intenta mantener lo mismo del principio, las miradas cómplices, los besos inesperados y los ojos brillantes. Aquellos que al mismo tiempo avanzan, crecen y maduran juntos, los que día a día colocan su baldosa correspondiente.

 

Pero todos estamos demasiado ocupados para dedicarnos a ello de manera habitual, y así pasa, que se nos olvida. Olvidamos que bien él o bien ella, es una de las partes más importantes de nosotros, olvidamos que somos nosotros gracias a esa persona. Al principio hacemos todo lo posible, incluso lo imposible por estar (pero sobre todo por permanecer) en la cima, pero según avanza el tiempo somos más cómodos, más vagos y se va dando todo por hecho -si ya sabe que le quiero, ¿de verdad tengo que decírselo todos los días?- Sí, deberíamos hacerlo. No se puede ser cómodo en el amor, no se puede justificar con tener poco tiempo, mucho trabajo, niños hiperactivos o infinitas cosas por hacer, todo ello lo va consumiendo poco a poco; y todos sabemos que siempre, por escaso que sea, hay tiempo. Manteneros en esta parte, quedaros “en medio”, porque aunque sea la más difícil, también es la más placentera y reforzante.

 

Hagamos que eso no pase, evitemos tener que cargar con la culpa y la aflicción. Vamos a librarnos de los “podría haber hecho más” o “me he equivocado”. Si la vida nos ofreciese un botón para retroceder es probable que volvieses a quedarte en los extremos, que cometieses el mismo fallo; porque no es una cuestión de acierto-error, sino de actitud, incluso más aún, de interés. De interés en tener esa actitud, de interés en tenernos siempre y que las palabras bonitas no acaben siendo besos caducados. Ahora tenemos que diferenciar los momentos de “el momento”. Y el momento es ahora. Momento de no anteponer lo insignificante de la vida, momento de dejar de aferrarnos a las excusas y falsas justificaciones. Lucha tu batalla en el medio, allí es imposible que te asfixien las preguntas y las dudas te dejen sin aire.

 

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