Desmontando al Bar Bosch

Desmontando al Bar Bosch

En el centro de la ciudad, oculto entre un maremagnum de franquicias que proveen de comida y bebida a las legiones bárbaras, queda en pie un establecimiento considerado en su día lo más inn de la capital Balear. Inaugurado en 1936 por un cocinero llamado Jaume Bosch y tan solo un mes antes del estallido de la Guerra civil, fue en sus principios un local modesto y familiar con una pequeña terraza que con la eficacia de un tensiómetro marcaba el pulso de la sociedad palmesana de aquellos días. Allí, y como en todo bar, se cerraban negocios, se inauguraban amistades, se rompían relaciones, también se hablaba de fútbol o de política y el que tenía diarrea subía al cuarto de baño para aliviarse sin pagar recargo alguno.

 

Este bar, en sus primeros años, fue lo que se viene llamando un bar normal, pero al traspasarlo a finales de los años 70 se empezaron a hacer algunas reformas y a medida que el local iba creciendo en popularidad, iba menguando en personalidad.

 

El Bar Bosch abría pronto, y una vez colocadas las mesas de la terraza, se servía el primer café al abogado antes de ir a su boufette, chocolate y cruasán a la pija otoñal que esperaba la apertura de Galerías Preciados para hacer sus primeras compras, Cocacola a la parejita de turistas daneses, y pelotazo de sol y sombra al vendedor de cupones. A medida que avanzaba la mañana un limpiabotas buscaba clientes por la terraza al tiempo que un hombre escapado del hospital psiquiátrico se plantaba en la parada que había frente al bar invitando a clientes y paseantes a subirse a su autobús imaginario.

 

Al contrario que hoy, el alma del local no eran sus dueños si no sus camareros, concretamente uno muy querido por nosotros llamado Toni, al que cruelmente a algún cretino se le ocurrió apodarlo “el vueltas” o también “el Avioneta” ya que en requerimiento de alguna consumición se auto-propulsaba en un viraje dramático en dirección al botellero. Había mas camareros, pero él era nuestro favorito. Despachaba a la clientela con la precisión de un reloj suizo, con una sonrisa sincera que dedicaba a todo cliente que pasara por allí, sin importarle si era un chorizo de medio pelo o el director de una sucursal bancaria, quizás porque tantos años de oficio le habían enseñado que entre ambos no existía ninguna diferencia

 

 

El B.B. EN LOS OCHENTAS

 

Los primeros 80's fueron días muy marcianos para este local. Llegando el mediodía empezaban a aparecer los primeros representantes del golferío palmesano, en su mayoría Enfant terribles de sección de oportunidades, que salvo alguna excepción, eran drogatas mojigatos sin nada que ver con el toxicómano de chándal de táctel de poblado marginal que ustedes imaginan. Estos eran Yonkis de primera regional; hijos de influyentes empresarios, garbanzos negros de familias mallorquinas de casta y abolengo, parientes de pintores multimillonarios o jóvenes beneficiarios de rentas familiares. También allí se reunían buscavidas mas cercanos al lumpen, que por su condición social (y por una pequeña comisión) se jugaban el pellejo en el barrio chino para proveer a la clientela de sus sustancias tóxicas favoritas. Hoy, tristemente mas de la mitad de ellos ya han pasado a mejor vida, otros siguen vivos, salieron airosos, aunque algo baqueteados de los excesos de aquellos días de vino y rosas.

 

Para serles francos, este establecimiento nunca nos llegó a gustar, lo recordamos como un bar clasista en el que imperaba el postureo y donde sentado en su terraza, cualquiera podía ser blanco de los mas bajos chismorreos de magulla de portera, un establecimiento provinciano donde soplaba un aire cosmopolita tan barato como una oferta de 3x1 en bragas de mercadillo.

 

 

 

“DELICANTESSES”

 

No hace falta haber hecho un doctorado en la universidad de Stanford para saber que recientemente establecimientos con mas solera y bouquet que el Bar Bosch han tenido que echar el cierre. A finales del año pasado, a locales como el El Café Lírico, fundado en 1896 (hoy una empresa austro/catalana de comida rápida, zumos vegetales y sandwichs) se le sumaron el Bar Cristal que abierto desde 1916, pronto pasará a ser explotado por una franquicia alemana de cafés-delicatessen (Es Rebost) donde incluirán en su carta, comida autóctona de autor donde servirán platos como “Nachos caseros de harina de algarroba mallorquina gratinados con queso Mahonés” o “Hamburguesitas de camaiot plancha al cutney de albaricoque de Porreras”...esta horterada pretenciosa ya nos parece el acabóse del oportunismo culinario y demuestra lo barato que nos estamos vendiendo. Hemos llegado a un punto en donde ya no se respetan ni los platos mas tradicionales de nuestra sacrosanta gastronomía, al ver esto nos invade en un intenso sentimiento de vergüenza ajena.

 

 

#BOSQUIMANÍA 2.0

 

Volviendo al Bar Bosch que gracias a su ubicación y cercanía a los monumentos o calles mas emblemáticas de la ciudad, ha podido soportar el azote de la Spanish Recésion o las fariseas proposiciones de los franquiciadores sin vender su local. Según comenta su propietario:- “ofertas no me han faltado” suponemos que será porque el negocio ya es una franquicia en si mismo, donde en un Totum Revolutum cuentan con bar, heladería, restaurante, hotel con sauna y Jacuzzi, y donde en breve se está proyectando la apertura de una boutique. Todo prácticamente sin salir de un edificio que su propietario ha ido comprando sin prisa, pero sin pausa, suponemos que aplicando su particular “Ecotasa de la cagalera” o el ORA de sanitario donde desde hace años, se viene cobrando tanto a clientes como a viandantes, 1 euro de recargo por utilizar sus míticos lavabos, tal cual como si ir a hacer de vientre fuera ir a una visita al museo MOMA de Nueva York. Desde aquí les recomendamos que no se les ocurra ir allí si sufren una gastroenteritis, la broma les puede salir muy cara.

 

Un bar donde hasta el báter es leyenda, necesita adaptarse a los nuevos tiempos pero sin olvidar sus raíces, claro está. Como en la teoría de Einstein, el Bar Bosch se expande al compás del universo. Su terraza no deja de aumentar y sus mesas prácticamente invaden los asientos de la parada del autobús, donde probablemente en un futuro próximo usted podrá tomarse un combinado esperando el 42 dirección a Plaza de España mientras el camarero le trae la cuenta a la vez que le tica su abono transporte. Nosotros les invitamos a visitarla, sentarse en un mesa soleada y encargar al camarero su plato estrella un “bocadillo/rompemuelas” llamado “Llagosta” (lo que se viene llamando un bocata caliente de toda la vida) donde la solidez de su pan de Llonget está recomendada por el 99% de los dentistas del centro de la ciudad.

 

 

 

GALA PREMIOS NOSTALGIA 2018

 

¿Se debería pagar recargo por ser usuario de un bar emblemático? y si es así, ¿a cuánto está la tasa?, ¿a precio de residente? o ¿a precio de visitante?... Nosotros respetamos que a la gente le guste un bar con tanta solera como el Bosch que avanza y crece, puesto que así han empezado muchos grandes negocios, pero nos entristece ver como pasa lo mismo en todo el centro de la ciudad plagado de franquicias y bares a precios prohibitivos como de parque temático enfocado al turista. Desde la Plaza de España para abajo, pasando por el Borne hasta la Plaza Atarazanas, han ido aumentando los precios, donde zonas como el Mercado de Sta Catalina, antes lleno de bares de barriada, está invadido ahora por sofisticados locales de autor regentados básicamente por ciudadanos de la U.E. Nosotros que somos más mallorquines que un Robiol de boniato aún nos acordamos cuando los domingos después de una farra sin querer volver a casa, paseábamos por el centro de la ciudad en un ambiente casi post nuclear donde no se veía ni un alma por las calles, o cuando íbamos a tomar algo al Bar Bosch siendo pequeños y nos sentábamos en su pequeña terraza con algún familiar a tomar una cocacola donde incluso podíamos subir al lavabo completamente gratis.