Diario de un suicida frustrado (Parte II): los Daños (incurables) Colaterales

Diario de un suicida frustrado (Parte II): los Daños (incurables) Colaterales

Cuando escribí el artículo ‘Diario de un suicida frustrado: la valentía del cobarde’ jamás pensé que llegaría a tanta gente como lo hizo, ni que encontraría a personas identificadas con él, ya no solo por su mensaje, sino por su contenido. Pero mucho menos creí que tendría que dedicar mi tiempo a una segunda parte y, por descontado, en tan poco espacio entre un texto y otro: dos meses.

 

Tampoco se identifica con mi estado actual de ánimo, porque la vida, poco a poco, me va dando pequeñas recompensas que, eso sí, me he trabajado por mí mismo, con mi esfuerzo y constancia. De hecho, un importante trabajo novelístico personal me tiene inmerso tras el mismo teclado desde el que ahora escribo esto, y no debería interrumpirlo, todo sea dicho. Pero las circunstancias externas y ciertas noticias le revuelven a uno las tripas o, mejor dicho, el corazón. Son como esas mariposas imaginarias de las que toda persona enamorada habla cuando encuentra un amor verdadero, pero en este caso más que mariposas son arañas venenosas que remueven dolores pasados.

 

El día 20 de julio de 2017 se anunció la muerte por suicidio de un nuevo icono de la música, del universo rock: Chester Bennington, vocalista de Linkin Park. Dos meses después del también suicidio de Chris Cornell de Soundgarden, y el mismo día en que este habría cumplido 53 años, por caprichos del destino.

 

 

No puedo dedicar mucho espacio a este grandísimo cantante porque he de reconocer que no soy muy devoto de su música, a excepción de la obra maestra que es ‘Hybrid Theory’ (2000), el álbum de debut de la banda. Curiosamente, les conocí por un tema que me envolvió enormemente en un momento duro de mi vida, ‘In the End’. Esta canción contiene una letra impactante, que habla sobre las consecuencias de nuestros actos, tanto en nosotros mismos como en los demás:

 

“[…] guardé todo dentro y aunque lo intenté,
todo se derrumbó,
lo que significó para mí,
será finalmente un recuerdo del tiempo en el que...

 

Lo intenté con fuerza,
y llegué tan lejos,
pero al final,
ni siquiera importa.
Tenía que caer,
para perderlo todo,
pero al final,
ni siquiera importa. […]”.

 

 

Este artículo no ha nacido para dedicarle unas palabras al señor Bennington, quien me parece tan cobarde o, si cabe, más aun que lo fue Chris Cornell. No. Estas palabras se han visto motivadas por la carta que su mujer, Talinda, le ha dedicado, algo más de una semana después de perder a su hombre; a su amor, como ella misma le llama.

 

Sus palabras denotan tanto cariño, tanta ternura, amor y, especialmente, tristeza, que uno no puede reprimir una senda de lágrimas al leerlas. A pesar del vacío que ha dejado en su vida, y en la de los tres hijos en común que tienen (y otros tres de dos relaciones previas), no deja ni una gota de rencor en sus frases, ni un reproche. Solo amor incondicional:

 

https://twitter.com/TalindaB/status/890952466795069440

 

“Hace una semana, perdí a mi alma gemela y mis hijos, a su héroe, su padre. Tuvimos una vida de cuento de hadas y ahora se ha convertido en una enfermiza tragedia de Shakespeare. ¿Cómo paso página? ¿Cómo me recupero de esta alma hecha pedazos? La única respuesta que sé es criar a mis bebés con cada pedazo de amor que todavía tengo. Quiero hacer saber a mi comunidad y a los fans de todo el mundo que siento vuestro amor. También sentimos vuestra pérdida. Mis bebés son demasiado jóvenes para haber perdido a su padre. Y sé que todos vosotros me ayudaréis a conservar su memoria viva. Era un alma brillante y afectuosa con una voz angelical. Y ahora está cantando sus canciones, sin dolor, en todos nuestros corazones. Que Dios os bendiga a todos y nos ayude a apoyarnos cuando estemos sufriendo. Chester habría querido que lo hiciéramos. Descansa en paz, mi amor. Siempre, Mrs. Talinda Bennington”.

 

¿Y cómo se queda alguien tras leer estas palabras? Destrozado. Sin más.

 

En declaraciones posteriores la muerte del cantante, sus amigos y compañeros de Linkin Park manifestaban que solo Chester conocía los motivos que le llevaron a ahorcarse, y eso es muy doloroso. Provoca una impotencia tremenda.

 

Como ya comenté en el anterior texto relacionado con el suicidio, el suicida no es consciente del impacto emocional que provoca cuando decide situar la cuerda alrededor de su cuello y saltar posteriormente. Su pérdida casi es lo de menos, porque el daño que ha provocado y provocará en su mujer e hijos, principalmente, es algo para lo que ni siquiera el tiempo tiene cura. No es solo la ausencia del ser querido, sino también la pena que produce no haberse visto capacitado para ayudar a esa persona ante su supuesto calvario. Quizás ni siquiera podría ser calificado así, a ojos objetivos de alguien ajeno a él mismo, pero su cobardía y egoísmo impidieron que alguien le quitara o le diera la razón.

 

Al leer la nota de Talinda, vinieron a mi cabeza algunos de los flashes que me hicieron en su momento salir del pozo, escalar lo más alto posible en busca de luz, y labrarme un camino en el que solo cabría lo positivo, el amor y la felicidad. Especialmente la mía. Y por extensión llegaría la de mis seres queridos. Si yo no soy feliz, nadie de mi entorno lo será, al menos no conmigo.

 

 

Vinieron a mí esos pensamientos en los que me imaginaba a mis hijos mirando mi tumba, donde la presencia de su padre se veía reducida a una lápida con un nombre y unas fechas talladas y, quizás, un mensaje de condolencia, totalmente inmerecido. En eso debería haber pensado Chester cuando decidió ahorcarse: en su mujer y sus hijos. En el legado que les iba a donar, y en la frustración que será a partir de ahora para ellos vivir sin un amado esposo y padre.

 

Talinda veía en su amor por su marido un cuento de hadas, y eso es todavía más triste visto lo sucedido. ¿Cómo es posible que ese hombre torne una bonita historia en, como bien ella dice, “una tragedia de Shakespeare”? ¿Quién la ha dado la potestad de dirimir lo que debe acontecer en las mentes de sus hijos de ahora en adelante, y en el corazón destrozado de su maravillosa mujer? ¿Chester, dónde quedan ahora todos esos bellos poemas y palabras que dedicabas en las redes sociales a tu maravillosa compañera? Te lo digo yo, en la basura. Porque has alimentado amor, para luego convertirlo en pérdida y dolor, gratuitamente. 

 

 

Leyendo a esta mujer solo se puede sentir una pena inmensa, porque si uno empatiza con ella y sus hijos, y se pone por un momento en sus lugares, cambiando a Chester por alguien a quien queramos de la misma manera, como una pareja, amigos, o hijos, uno realmente desea lo mismo que él: morir. Porque todo pierde sentido. Pero no podemos ponernos al mismo nivel, y por eso afrontamos las consecuencias, a nuestro pesar, y proseguimos ese camino tan tortuoso pero único como es la vida.

 

De nuevo, como sucedió con Chris Cornell, nos encontramos con un saco de egoísmo profundo en el que solo se apuesta por la salida más fácil de todas, como lo es quitarse la vida. ¿Unos valientes por ser capaces de hacerlo? Mentira. Cobardes. Cobardes. Cobardes. Como lo fui yo en su momento.

 

Pero hay que pensar que al igual que el vuelo de una mariposa puede tener repercusión en algún hecho ajeno a ello en el mundo, en el llamado “efecto mariposa”, quitarse la vida es arrasar con un gas contaminante a miles de mariposas volando por el campo, destrozando a su paso toda la vegetación que las rodea, y con ello, a todos los seres vivos que se alimentan allí. 

 

No caben más palabras en este artículo, porque me sangran las manos, me falta el aliento y me ciegan las lágrimas. Solo espero que este haya sido el último episodio de un diario sobre el que nadie debería escribir jamás. Porque los valientes somos los que aprendemos de nuestros errores, los que nos levantamos mil veces tras caer otras tantas veces, y los que ponemos nuestra vida, así como las de los que nos aman, por encima de cualquier dolor interior, depresión, o problema. Nosotros estamos por encima de las eventualidades, no ellas por encima de nosotros.

 

“Si tienes problemas, soluciónalos; si no los tienes, no los crees”.