Donde se danza sobre adoquines y cemento para la Tata del Gran Poder

Donde se danza sobre adoquines y cemento para la Tata del Gran Poder

Bolivia… ¿les suena? Pues sí, es ese país lejano que se encuentra justo en el centro de América del Sur. ¿Han escuchado algo sobre él?. ¿Un poco?. ¿Mucho?. ¿Casi nada?. Bueno, les cuento, es un lugar muy pluri, y muy multi. ¿A qué me refiero?. Ustedes añadan delante de cualquier palabra que se les venga a la mente estos dos prefijos y habrán formado algún adjetivo que se le adjudica a Bolivia. Por ejemplo, Pluri – Cultural, Multi-Lingüe, Pluri-Nacional, Multi-Étnico, y así sucesivamente, si es “Pluri” o “Multi”, existe gran probabilidad que sea una característica de Bolivia.

 

Ante tanta “PluriMulticidad”, podrán imaginarse que Bolivia es un espacio territorial en el que siempre existe espacio para el Arte. Lo interesante es que si uno observa con atención y analiza un poco el entorno, se hace evidente que el arte en sus diferentes expresiones y formas suele escapar de los espacios convencionales como museos, centros de exposición, teatros, salas de ballet, entre otros. El arte en Bolivia es un tanto fugitivo de los espacios privados, y sabe que no solo es de disfrute de los académicos. El arte en Bolivia es del pueblo, es ese arte popular que no cobra entradas para ser apreciado, ni se expone por temporadas, ni celebra su apertura con un coctel muy chic, es en realidad todo lo contrario.

 

En la ciudad de La Paz, la movida “artística popular” se apodera de las calles de la zona aledaña al Templo del Señor Jesús del Gran Poder cada fin de semana, especialmente los domingos, y en un recorrido de más o menos tres horas, da un espectáculo increíble, lleno de música, canto, danza, y teatralización. Me explico mejor al respecto. El Señor Jesús del Gran Poder, es un santo sumamente milagroso, según dice la gente. Se trata de una imagen de Cristo pintada hace muchos años cuando aún los indígenas trataban de comprender el Catolicismo, esa nueva religión importada en la época colonial desde Europa. Cambiar el adorar al Sol y la naturaleza por rendir culto a la Santísima Trinidad, era complejo en ese entonces, lo cual causó ciertas confusiones en la interpretación de la ideología de Padre, Hijo, y Espíritu Santo en una sola unidad. Es así, que surgió como parte del arte indígena de esa época un cristo con tres rostros y un solo cuerpo, la representación “India” de la divinidad Católica. Cuenta la historia que las malas reacciones no se dejaron esperar, por lo que después de tildar de hereje a ese lienzo se cubrieron los tres rostros y se lo rediseñó con uno solo. Bueno, hoy en día esta pintura (que sigue intacta), es el santo patrono de un sin número de personas que sienten devoción por Él y le entregan toda su fe transformada en fiesta. ¿Curioso no? Mientras en otros lugares se le reza al santo, en La Paz se le baila en celebraciones de lujo sin igual.

 

 

¿Qué quiere decir esto? Cada año, a finales de mayo o principios de junio, un día sábado tiene lugar la denominada “Fiesta Mayor de Los Andes”, la festividad del Señor Jesús del Gran Poder. Este evento congrega a un gran número de bailarines organizados en fraternidades (grupos de baile), que realizan un recorrido de más o menos 8 kilómetros a lo largo de la ciudad de La Paz, atravesando sus calles más céntricas, las cuales son cerradas al tránsito de vehículos para que los devotos puedan rendirle tributo a su Santo en una demostración de arte sumamente peculiar con tintes mestizos, modernos, y religiosos. Detengámonos aquí un momento, si bien este sábado de mayo o junio es cuando se suscita la gran celebración con todos los grupos participantes, un año antes, desde el mes de noviembre, cada fraternidad empieza con los preparativos para que nada falle el día oficial de celebración. Esto significa que los ensayos de los pasos que se ejecutarán ese día, el vestuario que se utilizará, los accesorios que lo acompañarán (principalmente joyas de oro), y las canciones que se interpretarán en vivo, se empiezan a planificar, ensayar, y diseñar con muchísima anticipación.

 

Lo lógico es pensar que cuando un grupo de bailarines desea ensayar hasta lograr una sincronía precisa, alquila una sala de ensayo, un coreógrafo se encarga de estructurar una pieza, y las prácticas se realizan al son de un conteo de cuatro u ocho tiempos, considerando el ritmo y golpes en la música que acompaña la presentación desde un equipo de sonido. Esta lógica convencional no se aplica en este caso. Dado que las fraternidades que participan del Gran Poder superan las 150 personas, sus ensayos siguen una dinámica diferente. Ellos forman bloques, grupos organizados en filas y columnas, se concentran en el Templo del Santo Milagroso y después de auspiciar una misa en su honor inician la práctica en las calles, y así recorriendo caminos de cemento, empedrado y adoquines la danza se perfecciona. No existe un coreógrafo oficial, los “guías de bloque”, que danzan en la primera fila de la escuadra, aportan en conjunto la creatividad necesaria para crear nuevos pasos. Estos líderes, que suelen ser los bailarines más antiguos o más guapos de la fraternidad, no utilizan el conteo típico de la danza para conducir a su grupo, ellos lo hacen según señas que realizan con las manos (motivo por el cual muchos guías usan guantes de colores que hacen más llamativos los signos que emplean), cada paso tiene una seña particular y el cambio de paso es anunciado con el sonido de un silbato. En este tipo de ensayos la música no proviene de un CD, la música se toca en vivo. Cada fraternidad contrata una banda de música especialmente para que los acompañe durante todo el recorrido, estas bandas folclóricas fácilmente pueden superar los ochenta integrantes (el día de la festividad este número se supera con creses). Otra peculiaridad que puede destacarse en este aspecto, es el atuendo de los músicos, ellos lucen sus mejores trajes para acompañar a las fraternidades, el utilizar traje formal, saco, camisa, corbata y pantalón de vestir, es prácticamente una norma dentro de este gremio, y la elegancia es el sello obligatorio. La ejecución de sus instrumentos no resulta nada fácil, pues estando los músicos vestidos como para asistir a una boda, deben tocar trompetas, cornetas, tubas, clarinetes, trompones, bombos, tambores, platillos, entre otros. Como si esto no fuera poco, los músicos también bailan. Mientras los danzarines ensayan su coreografía, quienes los acompañan crean curiosas demostraciones, destacando en este ámbito aquellos que tocan los platillos, que muestran gran agilidad al realizar impresionantes saltos en los que por segundos realmente vuelan y lanzando sus instrumentos al aire mientras ellos giran en tierra. Por otro lado, se ha vuelto común que los percusionistas eleven sobre el bombo a alguno de los miembros de la banda para que desde allí arriba deleite al público mientras todos avanzan al unísono.  

 

¿Qué música se baila? El Gran Poder es engalanado por música tradicional folclórica, pero innegablemente la “Morenada” se roba el protagonismo de la fiesta. Esta es una danza de cadencia pesada, con un compás muy marcado y cuyo ritmo es enriquecido por matracas que tocan los mismos bailarines. Todo esto tiene un significado. Esta danza está asociada a la representación de los trabajos forzados que los esclavos negros desempeñaban en las minas en la época de la colonia, por lo tanto, su ritmo lento marca el paso cansino de los esclavos y el sonido de las matracas imita el sonar de sus cadenas. ¿Interesante no? Si bien existe este trasfondo “teatral” en la Morenada,  que se visualiza en cada paso de baile ejecutado, las composiciones musicales en torno a ella se han asociado fuertemente al desamor y al desengaño, aunque el ritmo es bastante alegre y hace que todo el mundo, fraternos y espectadores, coreen las letras con mucho sentimiento.

 

 

¿Cuánto duran los ensayos? Entre tres y cuatro horas, ¿suena cansador verdad?. Pero nuevamente los danzarines nos sorprenden. Cuando la práctica culmina podríamos pensar que cada quien parte a casa, pero esto no sucede. El ensayo concluye cuando la fraternidad arriba a su local de recepciones sociales, es decir a un local de fiestas. Lo curioso de esto es que las fiestas del Gran Poder son tan peculiares que se ha desarrollado en La Paz un nuevo estilo arquitectónico específicamente para construir salones para este tipo de festejos. Esta nueva tendencia se denomina “Arquitectura Neo Andina”. Cuando se ingresa a estas recepciones el sentimiento de viajar a un mundo surrealista es inminente. Espejos por todo lado, un escenario enorme en el que se presentan grupos internacionales que llegan a Bolivia sólo para estas fiestas, luces de colores, diseños llamativos hechos con cerámica en el piso, paredes decoradas desde el suelo hasta el techo con colores brillantes, y obviamente motivos aymaras, y tiwanacotas que revisten cada uno de los muros y pilares del salón. Es aquí, en este contexto, donde los cierres de ensayo se prolongan hasta la madrugada del día lunes, entre cerveza, comida, baile, canto, y romances.

 

¿Qué les parece?. ¿En Bolivia las cosas suelen ser siempre muy particulares no creen?. En este país no nos cerramos a mostrar el arte en espacios de cuatro paredes, en este Estado Plurinacional el arte se muestra en cada calle, en cada fiesta. Me atrevo a decir que no existe una sola persona en La Paz que no haya participado del Gran Poder como espectador aunque sea por casualidad cuando caminaba por el centro de la ciudad, y haya sido cautivado por el arte de la danza folclórica boliviana, de su música, de su ritmo contagioso. Desde mi punto de vista, esta es una clara manifestación tangible de que si necesitamos un espacio cerrado para seguir expresando nuestra cultura, lo creamos a nuestro gusto, con un ese “mestizostyle” que nos hace únicos. Quizás esperaban que les hable sobre alguna muestra de fotográfica montada en un parque, o un museo peculiar, o cualquier otro espacio cultural, pero preferí contarles aunque sea un poco de cómo expresamos arte aquí y sobre todo de cómo el arte toma nuestro territorio en su totalidad para mostrar danza, música, diseño, y teatralización a lo largo de toda una urbe cada fin de semana.