Droga caníbal, sales de baño, incienso... ¿las conoces?

Droga caníbal, sales de baño, incienso... ¿las conoces?

Research Chemicals (RC's), Legal Highs (LH) y Nuevas Sustancias Psicoactivas (NSP) son los nombres que se les dan a una serie de sustancias de reciente aparición para el público consumidor de drogas en general. 

 

El hecho de que se denominen como nuevas sustancias, no siempre quiere decir que acaben de ser sintetizadas por la investigación de los equipos científicos de las universidades o de las empresas farmacéuticas o que hayan sido elaboradas por laboratorios que trabajan por encargo con fines comerciales sino que algunas de ellas ya fueron estudiadas por el químico y farmacéutico Alexander Shulguin(1925-2014) y que recogió 234 de ellas en sus grandes obras Pihkal (1991) y Tihkal (1997), así que nos encontramos no con un concepto nuevo sino con un fenómeno nuevo: la extensión de su consumo a nivel poblacional. 

 

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Observatorio Español sobre Drogas (OED) las definen, no sin dificultades, como nuevas sustancias psicotrópicas, nuevos estupefacientes, en forma pura o de preparado, que no se encuentran controlados por laConvención Única de las Naciones Unidas sobre Estupefacientes de 1961 y que pueden suponer una amenaza para la Salud Pública, de similar gravedad a la de las drogas ilegales. Dicho de otra forma, quedan agrupadas bajo esta categoría, todas aquellas sustancias que no se encuentran fiscalizadas y, una vez incluidas en las listas de fiscalización, como sucedió con la mefedrona en 2011, dejan de formar parte de esta categoría. La fiscalización de esta sustancia, rápidamente hizo que apareciesen en el mercado otras similares todavía sin fiscalizar, como la butilona y la metilona.

 

 

En lo que sí existe un total consenso es en que estas nuevas drogas han sido lanzadas al mercado para emular los efectos de las drogas ilegales que conocemos. Ya sabemos que hecha la ley, hecha la trampa...y es que estas sustancias consiguen evitar los controles que las dejarían fuera de circulación, siendo vendidas como productos no aptos para el consumo humano y, a veces, como productos de coleccionista para mayores de 18 años; a veces a través de canales legales y otras, de ilegales. Así, nos encontramos que como no han pasado por ningún tipo de filtro, no existen estudios sobre sus efectos y los potenciales daños a corto, medio ni largo plazo, ni pautas de consumo, ni de dosificación. 

 

Como canales legales, encontramos las Smart Shops, más bien en Europa, como tiendas especializadas en la venta de sustancias psicoactivas y, en España, los Grow Shops, que son establecimientos dedicados al asesoramiento y a la venta de productos, principalmente, para el cultivo de cannabis, así como un sinfín de páginas web dedicadas a la venta on-line de dichos productos (en 2013 eran 651 las encontradas).

 

Como canales ilegales, encontramos a los/as distribuidores/as comunes de drogas, los “camellos” o “camellas”, y la Deep Web (red oscura). Dicha red engloba un enorme mercado virtual al cual no se puede acceder a través de un buscador común, hecho que permite ocultar la identidad de las personas a través de métodos de encriptación muy complejos. Este canal ha permitido, entre otras cosas, la compra y venta de drogas ilegales y también de las que todavía no lo son, que son de momento legales o alegales, según la fuente que se consulte, utilizando el bitcoin como moneda virtual. 

 

Por un lado, los canales legales las venden como Legal Highs (subidones legales), acompañadas de un fuerte marketing, con envoltorios sofisticados y atractivos para el público, como los de las imágenes, como una alternativa al consumo de drogas ilegales. Algunas páginas web incluyen información sobre el negativo que resultan dar en los controles de drogas (drogotest) y otros análisis, esparciendo así la falsa seguridad a los/as consumidores/as de que están adquiriendo drogas legales, cuando, en verdad, no son todavía ilegales debido a que existe un gran desconocimiento sobre el consumo que se está dando a nivel general de estos productos. 

 

 

 

Lo más peligroso no sólo es la falsa seguridad que parecen tener los/as consumidores/as que las compran, sino que no se pueden definir los efectos, porque no se conocen, ya que se han saltado los procesos de estudios científicos, de los laboratorios al mercado directamente, siendo entonces los efectos imprevisibles, así que de seguridad...nada, por lo menos, las drogas ilegales, al ser anteriormente, en su mayoría, compuestos de fármacos, pasaron por el proceso de estudio. 

 

Por otro lado, los canales ilegales las venden como Research Chemicals (sustancias de investigación química), sin envoltorios atrevidos, donde suele aparecer el nombre y la formulación química de la sustancia en cuestión. 

 

Dentro de este canal también encontramos al “camello/a”, que puede estar vendiendo nuevas drogas porque las haya adquirido como tales y las venda como tales (incluso sin conocer sus efectos, siempre hay a quien le gusta correr riesgos innecesarios) o porque las haya adquirido sin saberlo y esté vendiéndolas como si fuesen drogas ilegales comunes, como la cocaína, el éxtasis, la ketamina o el speed. Aquí, en esta última cuestión, es donde existe el mayor riesgo. Si una persona consume una droga conociendo el principio activo que contiene, puede informarse sobre los efectos que produce y ajustar el consumo al nivel de sus intereses pero si consume una droga sin saber el componente principal, el efecto no se ajustará con sus expectativas y puede resultarle una experiencia desagradable y dañina para su salud; además, como no se conocen las pautas de dosificación para el consumo de la mayoría de ellas, lo más probable es que la cantidad que se consuma, porque se piensa que es otra sustancia, será mayor de la necesaria en la dosis activa, ya que estamos viendo que gran parte de estas nuevas drogas producen efectos más potentes que sus análogas ilegales, a la vez que la dosis activa y la dosis letal se separan por líneas muy finas, ya que hablamos de miligramos como la unidad más recomendada de medida de peso. 

 

 

En 2013, el número de nuevas sustancias identificadas a nivel mundial fue de 348 en el mes de diciembre, dato que superó el de las 234 que sí estaban fiscalizadas en ese momento. En ese mismo año, China era la principal exportadora de nuevas drogas, seguida de India pero en 2014 aumentó la preocupación por la persecución y desarticulación de laboratorios clandestinos dedicados a la síntesis de estas sustancias en Europa, concretamente en países como Hungría, Colonia y Eslovaquia y es que últimamente es en Europa donde se detecta un mayor número de sustancias de este tipo, siendo el Reino Unido el país pionero. ¿Tendrá algo que ver con las políticas públicas de drogas que tenemos?.

 

En España el consumo de nuevas drogas ha aumentado, de hecho, en 2014 fuimos el país europeo donde más se incrementó el consumo en jóvenes de 15 a 24 años, pasando del 5% en 2011 al 13% en 2014, aunque este tipo de datos siempre deben analizarse con cautela ya que los métodos de recogida de datos no resultan ser todo lo válidos ni fiables que deberían ser. La realidad es que no disponemos de información farmacológica sobre la mayoría de estas sustancias ni tampoco conocemos el alcance real de dichos consumos, ya que no disponemos de datos objetivos que nos guíen para obtener estas informaciones, a pesar de que el Sistema Español de Alerta Temprana (SEAT) ha incorporado en sus encuestas esta cuestión.

 

Hoy en día las prevalencias de consumo, en comparación con las de las drogas ilegales, son bajas en nuestro país pero en el servicio de análisis de Energy Control, el 10-12% del total de los análisis realizados son de nuevas drogas y cada vez más aparecen como adulterantes de las drogas ilegales. Pueden pasar dos cosas: que alguien compre, por ejemplo, ketamina y le vendan metoxetamina o que alguien compre ketamina y le vendan ketamina y descloroketamina juntas o, con otro ejemplo, que alguien compre una pastilla deMDMA y resulte ser PMMA, como los muchos casos que se encontraron el pasado verano en toda Europa y que provocó algunas muertes e intoxicaciones. En los dos casos, si no se tiene información sobre la sustancia obtenida y se consume siguiendo las pautas recomendadas para el consumo de ketamina o de MDMA, los efectos que aparecerán resultarán ser diferentes a los esperados, tanto en intensidad como en duración, ya que el principio activo es diferente y lo que  resulta más arriesgado, desconocido por la ciencia. 

 

Nos encontramos ante un tema muy complejo, sobre el que hay grandes vacíos informativos, y que lleva a ciertas confusiones, sobre todo a la difusión de información poco rigurosa y amplificada, muy a menudo, por los medios de comunicación. En 2012, la policía de Miami se atrevió a señalar a una nueva droga, la MDPV, como la culpable de un “ataque caníbal” de un hombre a otro, ataque que cesó al disparar al agresor y dejarle sin vida. Esta información fue difundida por numerosos medios de comunicación antes de recogerse los resultados de las pruebas forenses, que finalmente confirmaron que el agresor había consumido cannabis y no la supuesta droga caníbal de la que se había hablado, sin pararse a analizar otras tantas variables que podrían haber estado relacionadas en  el incidente. Éste es sólo uno de los tantos ejemplos en los que la información se difunde sin tener datos comprobados, hecho que repercute de forma más bien negativa sobre la población que recibe este tipo de información mediática, ya que activa, de forma casi instantánea, la curiosidad de la gente hacia drogas prácticamente desconocidas hasta el momento y aumenta la extensa lista de mitos relacionados con las drogas. 

 

En los 19 años de trayectoria con la que cuenta Energy Control, siendo pioneros en la detección de necesidades en el ámbito en el que trabajamos, no nos habíamos encontrado con un fenómeno, a la vez que problemática, como los que están desatando las nuevas sustancias psicoactivas, hecho que está suponiendo un gran reto para nosotros/as y también para las políticas de drogas y en el terreno de la Salud Pública. 

 

 

ENERGY CONTROL 

 

 

 

 

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