El desayuno está incluído, la cena se paga aparte (Arroç Brut XXVI)

El desayuno está incluído, la cena se paga aparte (Arroç Brut XXVI)

La semana que viene voy a cumplir ciento cincuenta años. He convivido con tres generaciones desde el día que me construyeron.

 

Mis cimientos están reforzados por tradiciones familiares y en las paredes se ha quedado impregnado el olor de miles de comidas caseras. Arroces, carnes y pescados; casi puedo oír el eco de las risas en todas esas reuniones alrededor de la mesa.

 

He visto nacer, crecer y morir a unos cuantos, siempre he sido fuerte, me han hecho para resistir el paso del tiempo. Soportaba las pérdidas sabiendo que los que se quedaban cuidarían de mí.

 

Pero todo eso se ha acabado para mí. Hace tiempo que no siento el calor seco de la encina quemando en mis entrañas. El frío y la humedad se han apoderado de mis habitaciones, incluso en época estival.

 

Llevo algunos años en soledad sin saber nada de nadie. No conozco muy bien a los que me han heredado. Crecieron fuera de mí, en la ciudad y solo venían de visita muy de vez en cuando.

 

Estuvieron aquí hace unos meses y hablaron de convertirme en un hotel rural o algo por el estilo. Tendrán que tirar varias paredes para renovar la instalación eléctrica, cambiar el material del tejado y volver a embaldosar los suelos.

 

Supongo que se acabaron las historias de familia, seré un sitio sólo para turistas y no entenderé nada de lo que digan.

 

Cumplo ciento cincuenta años y ya soy consciente de la gran reforma. Ya he asimilado que dentro de muy poco tiempo dejaré de ser yo.



Los relatos de Pato Conde

Foto de portada: Marina Cánovas