Entrevistas El día que entrevisté a Superman

El día que entrevisté a Superman

Es poco común que Superman conceda entrevistas, siendo una persona dedicada al mundo, a las personas y al bien en general. Su vida está llena de labores inalcanzables para la humanidad, llena de amor y justicia. Siempre he sido un defensor a ultranza de su labor, tan altruista, plena de bondad, sin esperar recibir algo a cambio.

 

Casualidades del azar, mientras corría hacia el autobús que todos los días me desplaza hasta mi centro de trabajo, tropecé con fuerza hacia un lado, al pisar mis propios pies. Caí hacia la calzada, y vi que mi tiempo en la Tierra llegaba a su fin, dado que, ironías del destino, el transporte al que subo cada día estaba a punto de atropellarme, sesgando mi vida. Me iba a quedar hecho un churro.

 

 

Y sin saber cómo, de repente comencé a elevarme con suavidad, esquivando al vehículo, para acabar sobrevolando por encima de los sorprendidos y habituales compañeros de trayecto, que presenciaban algo inaudito.

 

Él me había salvado. El hombre al que llevaba años idolatrando me acababa de rescatar de una muerte y horrible muerte segura: Superman. No paré de abrazarle agradecido (también por comprobar la dureza de su cuerpo, todo hay que decirlo) cuando me dejó con la mayor sutileza del mundo junto a la marquesina donde día a día comienzo mi camino rutinario.

 

Y claro, uno lo lleva en la sangre, por lo que no pude evitar preguntarle si aceptaría una entrevista para nuestra Revista Antrópika. Mientras apartaba a una ingente cantidad de fans, moscas y moscones, me miró con cierto escepticismo, arqueando esa ceja suya tan súper, aceptó. Me dio una tarjeta con su número de móvil, instándome a comunicarme con él para concertar una reunión. Se despidió, desapareciendo en el aire con la misma velocidad con la que había aparecido de la nada.

 

 

Y allí estaba yo, con el número telefónico de Superman. Lo primero que hice, claro, fue añadirlo y comprobar su perfil de whatsapp. Me defraudó un poco que tuviese la foto de un perrito de esos con los que algunas personas pueblan sus muros de Facebook, y un mensaje sinsentido pero que con dos palabras clave enternece a todos.

 

A pesar de eso, le escribí, proponiéndole vernos ese fin de semana que ya asomaba en el horizonte. Me extrañó que me respondiera al instante, con muchos “jajaja”, emoticonos, y cosas así. Aunque más me llamó la atención que no paró de escribirme en toda la noche. Claro, la supervelocidad se lo permite. Pero no debe de conocer a mucha gente, creo yo. Al fin y al cabo es un ser humano. Bueno, no lo es. Es un extraterrestre cachas, con poderes y un pelo increíble.

 

Nos citamos en mi casa, porque no quería descubrirme su hogar. Además, dijo que en la Fortaleza de la Soledad estaba sin luz ni calefacción porque por su labor mundial no había pagado dos recibos y le habían cortado todos los suministros. Nadie está libre, jolines.

 

Apareció con su impecable traje azul y rojo, imponente gracias a una capa roja espectacular, intentando entrar por el balcón. Pero acababa de hacer obra, cerrándolo, así que tuvo que entrar por el portal, como todos, tras llamar al telefonillo.

 

Nos sentamos en el sofá, le puse unas aceitunas y una tortilla de patatas que yo mismo cociné, y me pidió una cerveza sin alcohol. Como yo no bebo, no suelo tener ese tipo de productos en la nevera, claro. Iba a bajarme un momento al chino de enfrente cuando apareció sin enterarme con un pack de botellines, unos doritos, y una bolsa de quicos. Jolines con la supervelocidad.

 

Revista Antrópika: ¿Cómo te gusta que te llamen? ¿Súper? ¿Superman?

 

Superman: La verdad es que Carlos.

 

RA: ¿Carlos?

 

SM: Sí, viene de mi nombre kryptoniano: Kal-EL. Quería ser lo más humano posible, y me pareció un buen nombre.

 

 

RA: Llevas muchos años en la Tierra ¿tienes pensado ir a otro planeta a ofrecer lo mismo que estamos teniendo el privilegio de recibir nosotros?

 

SM: Me gustaría explorar otros mundos, pero tengo una hipoteca, y un préstamo que debo de pagar, y no me gustaría que algún recaudador me buscase por otras galaxias. Sería una vergüenza.

 

RA: ¿Y para qué necesitas una hipoteca?

 

SM: ¿Qué pasa? ¿Tú no comes, no bebes, no vas al cine? Pues yo también y eso no se paga solo. A los bancos les da igual lo fantástico que seas, porque si no pagas, eres su enemigo, y de estos tengo ya muchos (sonríe de medio lado).

 

RA: ¿Sigues enfadado con Batman?

 

SM: Es una pregunta personal. Los dos sabemos por qué nos fuimos distanciando cada vez más, pero básicamente no me relaciono con narcisistas que se acuestan con más gente que yo.

 

RA: Dicen algunos medios que te da envidia su inteligencia. Superior a ti para muchos. Además de que dice conocer su identidad secreta.

 

SM: No me gusta hablar de eso, pero Bruce es una persona muy egocéntrica que solo se pone el traje ese de murciélago para ligar y no dormir solo por la noche. Es un amargado, en realidad, y no me gusta su manera de pensar.

 

RA: ¿Has dicho Bruce?

 

SM: ¿Yo? (se pone colorado). Estaba estornudando, no digas tonterías.

 

 

RA: ¿Cómo te gustan las mujeres?

 

SM: Me gustan las personas.

 

RA: No me jodas, Carlos.

 

SM: Ya te gustaría, guapo.

 

RA: Entonces, ¿los hombres?

 

SM: Pasapalabra.

 

RA: ¿Cómo manejas toda tu popularidad?

 

SM: Intento no pensar en ella. Me dedico a mi trabajo, tanto a este como al que me da de comer, y siempre intento hacer el bien.

 

RA: ¿No te estresa tener que estar en mil sitios a la vez?

 

SM: Estoy en menos sitios de los que me gustaría, porque aunque la velocidad me permite llegar con rapidez donde se me necesita, es cierto que no puedo estar en todas partes. Y eso es un poco desesperante a veces.

 

RA: Lo cierto es que se te ve un poco el plumero con los estadounidenses. Aquí en España tenemos a muchos Lex Luthor que nos gustaría que encerraras.

 

SM: Ese país me lo ha dado todo, así que no puedo evitar estar más ahí. Además de que es el lugar en el que vivo. Y no hablo español, por lo que a veces no entiendo lo que dicen. Ha habido días en los que me hablaban en Cuenca pidiéndome algo, les he rescatado, y después se han cabreado conmigo porque solo querían un selfie, pero yo les jorobé el coche. Es complicado. Por no hablar de que tenéis aquí problemas en los que prefiero no intervenir, porque como lo haga me quedo solo (guiña el ojo, y no lo entiendo).

 

RA: ¿Cómo llevas que tus detractores lleven kryptonita a las manifestaciones de protesta hacia ti?

 

SM: Lo que me duele de eso es que todos los que protestan son aquellos que luego me llaman porque su gatito se ha quedado atrapado en un árbol o cuando se tuercen el tobillo al saltar mientras dicen eso de tan mal gusto: “un bote, dos botes, Superman el que no bote”. Tengo que reconocer que algunos días, usando mi identidad secreta, he meado en sus puertas.

 

RA: Un poco infantil ¿no? Poco maduro.

 

SM: Qué poco empatizáis los humanos con los demás. No sé ni por qué os ayudo, coño.

 

 

RA: Bueno, relájate, no pretendía molestarte. Pero me ha sorprendido lo que has contado.

 

SM: ¿No querías una entrevista sincera? Pues eso intento darte (me guiña un ojo, aunque más que confianza me da algo de miedo).

 

RA: ¿Sigues teniendo trato con Lois, la madre de tus dos superhijos?

 

SM: Sí, solo cuando no le pago la pensión antes del día cinco de cada mes. Esa mujer solo quería hacerse famosa a mi costa, y tener a dos esclavos súper el día que nacieron nuestros hijos.

 

RA: No esperaba que fueras tan machista, Superman.

 

SM: Carlos, coño.

 

RA: Perdón. No esperaba que fueras tan machista, Carlos.

 

SM: Me gustaría que vivieras tú lo que es ocuparse de tantas cosas. Para que luego, al final, al llegar a casa, solo tengas facturas, mensajes de voz de esa loca chillándome, y a Batman señalando con la Batseñal hacia la luz de mi salón… es duro, amigo.

 

De todos modos es algo que jamás podría funcionar. Me refiero a nuestra relación. Cuando llegaba a casa y le contaba, como cualquier otra pareja, mi día de trabajo, me sentía investigado y entrevistado. Es lo que tiene ser un sirviente de la ley y tener a una periodista implacable al lado.

 

RA: ¿Cómo fue tu infancia, siendo un niño con poderes excepcionales? Es decir ¿cómo conseguías controlar tus poderes?

 

SM: En realidad me costaba no partirle la cara a alguno, porque sufrí mucho bulling en mi época de estudiante. Los niños pueden ser muy cabrones, y como yo me hacía el débil, me llamaban “nenaza” o “flojeras”. Ahora hay vida en Neptuno gracias a Mark Rivers.

 

RA: ¡¿Dejaste allí a un chaval?!

 

SM: Le llevé de mayor, porque me levantó a una chica de la que estaba enamorado. Yo también tengo sentimientos, joder.

 

 

RA: Bueno, vamos a por las últimas preguntas. Te noto tenso.

 

SM: Mejor, ayer me parecías mejor persona, pero veo que eres superficial y alguien que se esconde detrás de las palabras. Además de un poco maleducado, que no responde a los “guasas”.

 

RA: Me mandaste 77 mensajes, Carlos. Y tenía que madrugar.

 

SM: Al menos mandar una carita sonriente no te habría costado nada.

 

RA: ¿Has visto las películas que se han hecho basándote en ti?

 

SM: Sí, y la verdad es que tengo sentimientos encontrados, porque en algunos casos me siento identificado, pero en otros se me humilla. Para empezar, yo no me pondría esas botas rojas tan horteras que le pusieron al pobre Christopher Reeve. Pero se han hecho cosas interesantes, la verdad. Me gusta mucho Henry Cavill con mi traje; me parece buen chico. Ben affleck es tan capullo como Bruce… (hace como que estornuda), ejem, Batman.

 

RA: ¿Qué ves en televisión o cine? ¿Qué recomendarías?

 

SM: No veo mucho la televisión, pero cuando lo hago me gusta desconectar con programas de teletienda, de cocina o esos de subastas y tiendas de segunda mano. Parecen realistas. Aunque cuando quiero recordar lo que sois y en que realmente necesitáis ayuda, veo Intereconomía y Telecinco porque son una buena forma de volver a poner los pies en el suelo.

De cine, disfruté mucho ‘Zootrópolis’ y ‘Baywatch’. Y soy un gran fan de las películas de ‘Sharknado’. Algún día os he salvado de alguna de esas o peores…

 

RA: Muchas gracias, Superman... Carlos. Ha sido un placer.

 

SM: De nada. ¿Pides una pizza? Por cierto, ¿me sellas tú el tícket del parking?