El Niño en el Pozo en Can Monroig

El Niño en el Pozo en Can Monroig

Seguido de un latido de piedra que no se oscurece con el odio racial o religioso, que se evade en un llanto sin miedo, sin melancolía hasta que lo rescatan unos salvadores de colores que absorben toda aquella barbarie en un proyecto artístico y piadoso. Piedad para el que cae en el pozo y para quien lo tira: perdón, redención y culpa. Ataviados de sus dones se embarcan en un lugar histórico y medieval que guarda los mismos secretos que ahora descubren de algún episodio perdido en la memoria colectiva. En esa que no cesa de alabar la podredumbre de la rosada pantalla y olvida sus orígenes.

 

El día 11 de noviembre se alumbra “El niño en el pozo”. Proyecto llevado a cabo en Can Monroig, Inca, a partir de las 19:00 horas Cinco artistas multidisciplinares toman como referencia unos hechos acaecidos en el año 1391 cuando varios niños judíos fueron arrojados a unos pozos que podrían coincidir con el que se encuentra en el patio de Can Monroig. Lugar exótico o escenario del crimen que Abraham Calero, Katharina Pfeil, Manuel Santiago, Marie-Nöelle Ginard Féron, Robert Lopez Hinton y Vito Mardaras hacen exclusivo para esclarecer la violencia de aquel día. Katharina propuso trabajar sobre el dicho alemán Wenn das kind (schon) in den brunnen gefallen ist… was gibt es dann zu tun?”, que puede traducirse como “El niño ha caído al pozo y ahora.. ¿qué hacemos?”. Nuestra sociedad no está preparada para afrontar el hecho heroico y provechoso de dar las herramientas a los niños para solucionar la situación una vez que han caído.

 

 

Hablamos con los protagonistas sensoriales del proyecto que tras 6 meses de trabajo, cada jueves se reúnen para eternizar las dudas y las respuestas. Noëlle nos cuenta como surgen los eventos que hacen de Can Monroig un centro de vanguardia artística, además de ser su cuartel general junto a Robert de arquitectura y diseño. “Fue en el año 2009 con la casa casi sin terminar cuando una amiga francesa que era directora de teatro nos dijo que el espacio era ideal, que parecía un anfiteatro. Vino un grupo de teatro que interpretó “La casa de Bernarda Alba” en francés. Asistieron unas 40 personas. A partir de ahí empezamos a hacer diferentes eventos, conciertos, teatro, exposiciones.  A veces hacemos parones porque no tenemos tanto tiempo y nos hemos de ocupar de nuestro negocio.

 

La casa es demasiado grande para los dos y nos lo pide el espacio. Creemos que fue un lugar de reunión de la comunidad judía. Nos proyecta esa vibración de reunión…

  

Hacemos bastante programación últimamente. Sobretodo con el colectivo de pintura. Nos reunimos desde hace años los jueves y pintamos juntos al son de la música electrónica en directo. En navidad haremos un mercado del arte y antes de Pascua una exposición del fotógrafo Gabriel Ramón

 

 

Sobre el trabajo que va a realizar en esta exposición se ha puesto manos a la obra junto a su pareja Robert a través de la  fotografía y la pintura. La búsqueda y el rescate de los niños. “Son mis niños, mis frustraciones”. Todos trabajan sobre lo que les trasmitía la idea del pozo, para unos algo malo, una manera de lucha, el lugar en donde vives. “Nos hemos ido intercambiando ideas y se han modificado en estos 6 meses”.

 

En una de las investigaciones que realizaron para aclarar el verdadero origen de Can Monroig y sus pozos se dieron de bruces con varios textos que hacían referencia a unos niños judíos que habían sido lanzados a los pozos que supuestamente podrían ser aquellos que se encuentran ahí. En un escrito de la Mallorca Medieval se menciona este hecho. Ayudados por el Doctor en Historia del Arte Guiem Reus Planells documentaron la casa a partir de esos escritos.

 

 

Antes era una casa barroca y tras la restauración empezaron a aparecer restos medievales. Sabiendo que era del s. XIV, los elementos encontrados cuadraban con la época. La hipótesis principal es que es la casa más grande del barrio judío, un centro importante de la comunidad judía, Quizás una Sinagoga o un Miqbé (baños judíos). La casa tiene una conexión muy fuerte con el agua. En el año 1391 como en la mayoría de juderías de España hubo altercados muy fuertes con incendios y asesinatos. La sorpresa fue mayor cuando descubrimos que el nombre del niño era Isaac y tenía 13 años. Este niño sin ser el mismo o a lo mejor sí, el niño del pozo ha adoptado ese nombre”.

 

 

Katharina nos cuenta que el dicho alemán significa que ya ha pasado lo malo y ya nadie pude hacer nada. Aunque ella le dio una vuelta de tuerca y sugirió “¿Por qué no?” Katharina trabajará sobre un monólogo, objetos de cerámica y pintura. “Son un montón de frases a mí misma y al otro de forma condicional”. Los elementos principales serán el pozo, el niño y los salvadores.

 

Para Manuel ha sido centrarse en la caída de otro o de uno mismo que ocurre cuando uno se cae, se tira o le tiran y en esa búsqueda formal comenzó 2 diarios que ha deshojado, que son como pesadillas y lo que supone la desaparición y la ausencia. El vacío.

 

Abraham llegó invitado a Can Monroig para participar en un jueves de pintura. Reconoce que es fotógrafo y el reto de la pintura le vino condicionado por la magnitud de las sensaciones que le soslayaron. La forma de pintar de forma visceral acompañados con la música de Vito le emocionó de tal forma que quedó enredado en la infinita caída.

 

 

Empezó a trabajar e intento acercarse a través de fotografía, se metió dentro del pozo incluso hubo un incidente en el que la escalera resbaló y dio de bruces en el agua. “Mi pincelada es muy bruta, y por ese toque tan básico me empiezo a encontrar con lenguajes muy simbólicos, muy sencillos y encuentro el mío. La música ayuda, la casa ayuda, el ambiente ayuda.

 

La expo termina transformándose en un intento de Abraham por utilizar un lenguaje en el que no está cómodo y lo ha ido haciendo suyo con el tiempo, a través de la experimentación con las manos, trozos de tela, cuchillos que me han ayudado expresarse de una forma más visceral”.

 

La propuesta de Vito es crear los sonidos de una mente capaz de asesinar a un niño y tirarle al pozo. Poco a poco ha ido descubriendo esa locura, ese laberinto mental. Son ruidos que simbolizan esa locura. El espacio que ocupa es como si estuviera en la mente del asesino. “Busco las ideas que te pueden llevar a lugares a los que tú mismo no irías. Mi trabajo es crear esa música y destruir las estructuras mentales”.

 

 

 

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