En la carretera (Arroç Brut XXX)

En la carretera (Arroç Brut XXX)

Nos conocimos el primer día de clase y la segunda semana ya éramos íntimos. Los dos veníamos de fuera y disfrutamos de Barcelona con la mirada de un extranjero.

 

En una de las clases de fotografía decidimos comprarnos la misma cámara y, para estrenarlas, nos fuimos a Francia. El Renault Kangoo era de él y estaba muy adaptado para reemplazar sucios moteles de carretera. El día anterior a la salida compramos carretes caducados, embutidos para el camino y luego pasé la noche leyendo algunas páginas de los libros de Jack para recibir un poco de inspiración.

 

Emprendimos aquel viaje buscando lo mismo que muchos buscaron en el pasado. Cargamos a nuestras espaldas miles de imágenes y textos de aquellos que se habían lanzado a la carretera y habían encontrado lo necesario para crear.

 

El día era nítido y la saturación de colores nos acompañó todo el camino hasta llegar a la frontera. Yo iba de copiloto mirando por el visor de mi cámara y disparando a todo aquello que me llamaba la atención. Probaba efectos, desenfoques e incluso mediciones de luz quemadas <para ver si  salía algo>.

 

Ya pasando la frontera la tarde se oscureció con una barrera de nubes negras. Pocos kilómetros tardaron en descargar una de las tormentas más fuertes que había visto en mi vida. El tráfico se ralentizó y empezamos a sentirnos “empaquetados como sardinas en una lata abollada”.

 

En el momento que nos quedamos totalmente parados abrimos un frasco de hierba que llevábamos y dos cervezas. No veíamos los coches que teníamos alrededor. Se había formado una especie de cápsula y combatimos la claustrofobia con una larga conversación. La densidad del humo hizo de aquel habitáculo un espacio más pequeño aún. Ya no nos veíamos entre nosotros y la charla se había convertido en algo excesivamente existencial.

 

Pasamos horas en las que apenas recorrimos algunos kilómetros, parecía que éramos las dos únicas personas en el mundo, habitando un limbo terrenal sin escapatoria. Pero era algo que no nos preocupada. Viajamos sin destino y volvimos con poco material que valiese la pena pero forjamos una amistad que duraría el resto de nuestra vida.

 

a Sergio




Los relatos de Pato Conde

Foto de portada: Marina Cánovas