Escuadrón Suicida, los antihéroes reprimidos

Escuadrón Suicida, los antihéroes reprimidos

Crítica de ‘Escuadrón Suicida’ (David Ayer, 2016). Estrenada el 5 de agosto de 2016.

Hay dos cosas claras a la hora de analizar las películas basadas en cómics de DC Comics. Una es que nunca llueve a gusto de todos, y la segunda es que esta editorial no ha entendido todavía cómo funciona el mundo de los superhéroes en el cine.

Cuando se estrenó en 2013 ‘El hombre de acero’, reiniciando la historia de Superman, las críticas fueron dispares, pero en línea general la gente no quedó del todo descontenta, salvo por las decisiones de un recién nacido superhéroe cuando tiene que decidir lo que es mejor para el mundo, sin pararse a pensar qué es lo correcto. En 2015 llegó la esperada lucha entre los dos mayores iconos de la empresa, y con ella la polémica estaba servida en bandeja de plata. ‘Batman v Superman: el amanecer de la Justicia’ fue un partido de tenis, donde las bolas van a un lado o a otro, pero rara vez se quedan a mitad de camino, y se convirtió en una de esas películas que o adoras a muerte u odias con toda tu alma. Lo cierto es que ni tanto ni tan calvo, y la verdad es que fue un carpetazo encima de la mesa, y una nueva manera de hacer cine, en general, que pocos han entendido, y una suma de innovaciones que en el futuro darán todavía más valor a una gran obra.

 

 

Hay un concepto que muchos fans de los personajes de cómic olvidan cuando acuden a las salas de cine a ver una película de este género: son adaptaciones. Al igual que sucede con las cintas que provienen de novelas, es imposible trasladar a la pantalla todo aquello que un escritor o un dibujante expresan en una historia original, y por eso hay que saber leer entre líneas y, sobre todo, la letra pequeña de los títulos de crédito que dicen “basado en los personajes creados por…”, “publicados por Marvel Comics/DC Comics” (generalmente)”. Esto quiere decir que se utilizan los individuos, y algunas de sus aventuras, pero sin ser un calco de lo que muchos conocen. No es una excusa, aunque lo parezca, sino una explicación clara, ya que un espectador de cine puede ser el mayor fan de Batman, pero no haber leído parte de sus cómics, o ninguno, porque no es de su agrado. Por lo que el cómic debe tener en cuenta lo escrito u dibujado, y el cine lo que se ha estrenado. Es injusto que se espere evocar a miles de detalles y anécdotas llevadas al papel en una película solo por satisfacer al coleccionista de cómics, porque eso sería no respetar al que se gasta el dinero de su sueldo en una entrada de cine. Si quiero leer un cómic me voy a una tienda que los venda, y si quiero ver una película de dos horas me voy al cine, así de simple.

Por ese motivo, los pequeños conocedores de las historias de DC quedaron medianamente satisfechos con ‘Batman v Superman’, pero no así los fieles, en su mayoría, porque querían ver todo lo leído en imagen real. Y los que no conocen más que lo visto en la gran pantalla pasaron un buen rato, se entretuvieron, comieron sus palomitas a gusto, y al terminar se comieron una ración de bravas con una cocacola en un bar comentando lo bueno o malo de su día.

 

 

Lo que diferencia a Marvel de DC en el cine es que los primeros han sabido desde el principio introducir un casi perfecto equilibrio entre lo que el fan del cómic y cinéfilo quieren, mientras que en DC han impulsado un mundo exclusivo para el cine, soltando pequeños aperitivos mostrados en el papel, pero que la mayoría de las veces es un poco superfluo. Por eso el cine de Marvel gusta a casi todo el mundo, y para el de DC hay que llevar la concentración afinada porque se corre el riesgo de no entender nada o de acabar tomando demasiado en serio a sus personajes.

‘Escuadrón Suicida’ ha querido acercarse al cine de Marvel, pero manteniendo intacta la esencia del cine de DC, y no lo ha hecho mal, pero se ha quedado todavía algo lejos de la orilla del éxito que tan bien manejan en la Casa de las Ideas.

Es una buena película, en líneas generales, pero deja un tanto indiferente, porque no deja de ser una historia que presenta a algunos personajes interesantes, que ofrecen a sus seguidores lo que esperan de ellos, como individuos, pero que flaquean como grupo debido a un guion flojo, llano y un tanto decepcionante.

 

 

Hay una clara discriminación desde el principio, ya que queda claro que es una película hecha para Will Smith, como actor, y para Harley Quinn, como personaje, aunque eso sí, dando por hecho que Margot Robbie iba a dar lo mejor de sí misma para convertir en real a un personaje que no hay que olvidar que nació en las películas animadas de DC y no en el cómic. Una apuesta arriesgada, pero que les ha salido bien, para gloria de Robbie y toma de aire de DC. Aun así, se ha vendido la película como una historia coral pero no lo es ni por asomo, ya que están muy marcadas las preferencias del director y los productores, y muy probablemente sus claros protagonistas sean en un futuro cercano los únicos de esta película que sobrevivan como villanos en el universo cinematográfico de DC.

Con lo que no contaba nadie es con encontrarse a un personaje importante de los cómics siéndolo también en esta película, ofreciendo una interpretación magistral, creíble y que asusta, como es el caso de la Amanda Waller de Viola Davis. Este personaje que vive entre el bien y el mal en el papel es una grata sorpresa y con toda seguridad acabe siendo el Nick Furia de DC que sirva como eje de unión de las distintas películas de la firma comiquera. De hecho, la obligada escena postcréditos de la película así lo confirma.

 

 

Will Smith hace un papel estupendo, a pesar de ser tratado como lo que es, una megaestrella, pero es admirable lo en serio que siempre se toma sus papeles, cómo les dota de su personalidad, pero diferenciando siempre lo que son cada uno de ellos, y el entorno en el que se mueven. Smith se sabe protagonista y no defrauda a nadie, e incluso se supera siendo canalla cuando debe, y un personaje adorable cuando la cosa se pone emotiva. Esta película es una final deportiva y, como un líder, se ha echado a la espalda al equipo para conseguir la victoria, aunque sea ganando por la mínima y con dudas. Pero lo hace, que es lo que vale.

Margot Robbie ha demostrado desde que se vieron sus primeras imágenes adelantadas, en los tráileres o clips que se han ido ofreciendo, que ha preparado el personaje a conciencia, lo ha hecho suyo, y ahora se hace imposible imaginar a otra actriz para el papel, porque ha sabido captar perfectamente la esencia del personaje. Cuesta saber dónde empieza Margot y dónde Harley, porque han acabado siendo una sola persona que, además de encandilar a todos por su enorme belleza, ha llevado al límite al personaje llevándose el gato al agua y convenciendo por completo.

 

 

En el equipo “B” destacan notablemente Joel Kinnaman como Rick Flag con uno de los pocos papeles secundarios mal escritos pero brillantemente interpretados que hacen olvidar en parte lo primero, y Jay Hernandez como Diablo, gracias a un perfecto entendimiento por parte del actor de la parte humana y la metahumana del personaje, yendo de menos a más en la película para acabar siendo uno de los más relevantes para dotar de efectividad al resultado final.

 

 

Y sobre el villano al que tienen que enfrentarse los protagonistas mejor no hablar. Por no descubrir un “secreto” relativo de la película, y porque es un chasco tremendo. Será que DC no tiene supervillanos de los que tirar y con los que subir el listón en este ámbito. Hasta Elmer Gruñón, el cazador obsesionado con Bugs Bunny, tiene más mala leche, las ideas claras e infunde más miedo que “eso” que han querido colarnos aquí.

 

 

¿Y el Joker de Jared Leto? Sinceramente esta no es su película, y por eso es mejor no calificar ni al personaje ni al actor, porque sería muy injusto, aunque desde luego eso es un punto negativo para la película, para David Ayer y para todo DC, porque ofertar a un personaje durante toda la promoción para que luego acabe caminando por una senda alejada del resto de la historia demuestra que en DC han querido engañar y tomar el pelo a todo el mundo. Pero sabían que la mayoría de los espectadores lo perdonarían por la satisfacción general con la película, y eso es hacer trampa con marrullería y chantajeando al espectador. Honestamente el Joker debe cambiar y evolucionar en el futuro, porque no da la sensación de respeto y terror que dieron Heath Ledger, especialmente, y Jack Nicholson en el pasado. Se ha querido de nuevo acercar el personaje al del cómic, pero adaptándole a los tiempos que corren con excesos que producen cierta vergüenza ajena. Prueben a ver la película en versión original para apreciar que cada diálogo de Leto suena confuso, y en ocasiones incomprensible, por esa dentadura metálica con la que le han dotado. Cuesta saber si se escucha a un adolescente con unos brackets recién puestos, o bien a uno de los peores enemigos de Batman, la Liga de la Justicia, y del mundo del cómic en general, debido a lo difícil que es a veces de entender. Muchas sonrisas, pero poca intimidación y terror. Eso es lo que debería trabajar más el señor Leto, o más bien el próximo guionista. Puede que no sea así, pero da la impresión de que se ha redactado un guion para la historia de la película, y otro para el Joker y todo lo que le rodea. Solo se puede aceptar notablemente cómo se cuenta el romance entre Joker y Harley Quinn; su pasado, presente y lo que llegará en el futuro, pero como todo con el loco villano de pelo verde en la película, algo grande se acaba quedando en la superficie.

 

 

Claramente algo huele mal en todo esto, denotando mucha incoherencia y sinsentido, que ha quedado algo al descubierto con unas recientes declaraciones de Jared Leto, tras el estreno, donde se muestra muy descontento con la cantidad desproporcionada de escenas eliminadas del metraje final, en las que, según palabras suyas, se mostraba mayor esencia del Joker y cosas importantes para entenderle y aceptarle. Si es cierto todo esto, DC debe empezar a plantearse que es muy peligroso caminar por la senda de la tijera, para luego ofrecer versiones ampliadas o alternativas llegado el momento de las ediciones domésticas. Mal lo llevan si quieren tener un público de cómic, otro de cine, otro de Blu-Ray/DVD, y otro de televisión, porque pueden acabar perdiéndolos a todos. Las escenas eliminadas y posteriormente añadidas en ediciones para ver la televisión de casa deben servir para incluir cosas que aportan pero que son prescindibles, como muy bien entendió Peter Jackson y sus ediciones especiales de ‘El Señor de los Anillos’. Eso solo demuestra una inseguridad impropia de una empresa de estas desbordantes dimensiones y con unos personajes tan ricos y profundos, y que el nuevo presidente Geoff Johns debería plantear en la próxima reunión creativa, porque algo no se está haciendo bien si un personaje como Jarvis en Marvel (el programa informático que hace las veces de mano derecha de Tony Stark/Iron Man) tienes mucha más personalidad que, por ejemplo, Capitán Boomerang en esta película.

 

 

En resumidas cuentas, ‘Escuadrón Suicida’ es una película muy entretenida, a ratos divertida, a ratos canalla, pero mucho menos de lo esperado. Principalmente porque el espectador no llega a creerse de veras que los personajes sean malvados, y parece que hayan sido moldeados para que se acabe amándoles por sus buenas acciones y no por su crueldad, que es lo que debería haberse planteado. Eso sí, un acierto maravilloso es el acercamiento y conexión de la historia con las dos entregas anteriores del universo cinematográfico de DC y, sobre todo, a la próxima ‘Justice League’, que se estrenará en noviembre de 2017, con dos o tres detalles que encantarán a casi todos.

Pero, por favor, señores de Warner Bros. y DC Comics, dejen de jugar a ser Marvel con disfraces de DC, y dejen a sus personajes ser ellos mismos, con sus virtudes y defectos, dejando que por encima de todo esté la inteligencia del espectador, porque así muy probablemente acaben viendo que sus ingresos aumentan, así como las críticas positivas. Verán que el respeto acaba ganado a la decepción, porque ¡cuidado! jugar con fuego provoca cicatrices imborrables, y en cine eso se traduce en aburrimiento y cansancio, que derivan en fracaso y abandono. Es decir, que pueden acabar comprobando que sus películas las va a ir a ver su primo de Cuenca, y porque contaba con invitación.

 

 

CALIFICACIÓN: 7.1/10