Opinión Esos saberes superfluos II: contra la idiotez moral

Esos saberes superfluos II: contra la idiotez moral

En el post anterior reflexionaba sobre la inversión de valores de la sociedad actual y su tendencia al primitivismo. Centrándonos ahora en la capacidad de filosofar del hombre como núcleo del problema, Hanna Arendt diferenció de manera muy acertada dos tipos de pensamiento. En uno, el pensamiento se atiene a la inmediatez del presente, tendiendo a una mayor especialización de sus funciones (pensamiento práctico); en el otro, el sujeto pensante se tiene presente a sí mismo (pensamiento reflexivo): “El pensamiento hace presente lo que está ausente para los sentidos” con lo que “el pensar se convierte en una actividad reflexiva (...) sin ninguna función de conocimiento estricto” (1)

 

The red umbrella, Peder Mork Monsted, 1888. Pongo este cuadro como símbolo de las dos vías del pensamiento y de la dualidad que se presenta al elegir.

 

"Cuando el hombre se retira del mundo de los sentidos y se concentra en su pensamiento llega a la consciencia, en su solitud"  de su existencia dual, de que es "uno en apariencia, pero en trato consigo mismo, doble en su existencia" (2). Un aspecto muy interesante de nuestra identidad, que "es todo lo contrario del ser único y estático"  y cuya duplicidad entroncaría con el inconsciente jungiano, de donde nacerían las intuiciones, premoniciones y la creatividad. En este diálogo, el acuerdo o desacuerdo con uno mismo es nuestra guía moral, sintiendo un reproche interior cuando se ha elegido mal o tranquilidad cuando se ha obrado bien. "Conocer la contradicción en el propio discurso y reprochárselo uno mismo son dos experiencias que van de la mano, afirmaba Sócrates. De igual manera, defender la injusticia y dejar de ser amigo de uno mismo, serán  indisolubles también", escribe Platón. (3)

 

 

Pero el idiota moral, aún teniendo la facultad de pensar, no sabe ponerla en práctica, incapaz de establecer ese "diálogo silencioso de yo conmigo mismo", (4) no siente ni se cuestiona a sí mismo porque "su voluntad no ha sido preparada para apartarse de la inmediatez de los sentidos" (5). La ausencia de reflexión lleva a la quiebra moral, siendo paradigmático el caso del nazismo, del que Eichman fue un botón de muestra (6). Junto a otros ejemplos del siglo XX fueron autores del llamado exterminio metódico (7), el cual fue perpetrado con la siniestra frialdad y meticulosidad con que se despachan los trámites administrativos. Hubiese sido quizá más comprensible, por más "humano", que una de las mayores barbaries de la historia haya sido fruto del apasionamiento, -mal pasional-, del mal deliberado -mal demoníaco- o del deseo de obtener un bien mayor -mal mesiánico-, (8) pero más escalofriante ha sido comprobar que no fue sino hija de la más renuente pasividad. De ahí que este nuevo género de maldad fuera bautizado con el término de mal banal.

 

"El exterminio metódico practicado en el siglo XX ha destruido la leyenda de la grandeza del mal. (...) Sabíamos que nadie que se lo propusiera podía ser infinitamente perverso. Pero lo trágico de nuestro tiempo es que se ha llegado a ello sin habérselo propuesto: simplemente dejando de hacer uso del pensamiento." (9)

 



Fifth avenue, Frantisek Simon, 1927

 

Tres cuartos de siglo más tarde, con el pretendido optimismo del positivismo histórico, se ha dado por superada aquella grandísima aberración a la que sólo se alude de cuando en cuando en novelas o proyecciones cinematográficas apelando a los deseos lacrimógenos de un público ávido de emociones intensas. Y sin haber resuelto aquél problema, como si de otros felices años veinte se tratara, sin solución de continuidad se ha pasado del drama de la inhumanidad al drama del desamor, al que ponen voz tantas canciones sentimentales. Llevados por la inercia del día a día, con visión de canuto, lo superfluo cobra dimensiones desmesuradas robando protagonismo a lo esencial y es fácil caer entonces en la sensiblería blandengue que poco tiene que ver con el amor y menos todavía con los grandes problemas de la humanidad.

Y mientras lloramos por amores de hojalata que llenen nuestro vacío, la idiotez moral se extiende como una plaga silenciosa. Sus consecuencias son menos patentes que las comentadas y su radio de influencia mucho menor, pero se trata de la misma enfermedad que llevó al exterminio nazi. Otras manifestaciones son el ansia por llenar las horas de entretenimiento ruidoso. No hay tiempo libre ni silencio posible, pues la gente huye de ellos como de la mismísima peste. La utilidad se ha erigido en meta dejando de lado la reflexión, encaminándose a marchas forzadas hacia su muerte espiritual. Y así no es raro encontrar rostros pintados con sonrisas de plástico intentando disfrazar su constante inquietud.

 

Sala de estar con la hermana del artista, Adolph von Menzel, 1847. 
Refleja el desasosiego de la división interior

 

"El hombre civilizado adquirió cierta fuerza de voluntad que puede aplicar donde le plazca. Aprendió a realizar su trabajo eficazmente sin tener que recurrir a cánticos y tambores que le hipnotizaran dejándole en trance de actuar. Incluso puede prescindir de la oración diaria para pedir ayuda divina. (...)

 

No obstante, para mantener su creencia, el hombre contemporáneo paga el precio de una notable falta de introspección. Está ciego para el hecho de que, con todo su racionalismo y eficiencia, está poseído por "poderes" que están fuera de su dominio. No han desaparecido del todo sus dioses y demonios; solamente han adoptado nuevos nombres. Ellos mantienen (...) complicaciones psicológicas, insaciable sed de píldoras, alcohol, tabaco, comida y, sobre todo, un amplio despliegue de neurosis." (10)

 

Girl reading a letter in an interior, Peter Vilhelm Ilsted, 1908

 

Quizá no sea baladí afirmar que la clave contra el automatismo resida en la supuesta inutilidad del pensamiento reflexivo, que preserva los valores humanos del hombre. En la amistad con uno mismo, que brota como manantial del silencio, caminaremos hacia el renacer del hombre.

"No hay nada tan dulce como recordar con una sonrisa en los labios al cabo de muchos años, una escena feliz con el padre o la madre desaparecidos todavía con su imagen llena de luz y su voz tan familiar como si estuvieran presentes. Sabemos que mientras tengamos un momento de soledad y silencio para que broten recuerdos como éste no estaremos amenazados de muerte, que hay algo que empuja a la vida desde el fondo inmaterial de la vida que uno mismo procura." (11)

 

The secret, Truls Espedal

 

Notas

(1) BILBENY, Norbert, El idiota moral. Anagrama, Barcelona, 1993, pág. 79.
(2) BILBENY, Norbert, op. cit., pág. 75.
(3) BILBENY, Norbert, op. cit., pág. 81.
(4) BILBENY, Norbert, op. cit., pág. 76.
(5) BILBENY, Norbert, op. cit., pág. 78.
(6) En el Juicio de Jerusalén, donde se procesaba a Eichman tras la II Guerra Mundial, asistía Hanna Arendt asistió como corresponsal. Tras el análisis de este sujeto y su comportamiento en el juicio formuló su teoría del mal banal. La experiencia queda recogida en el libro de su autoría, Eichman en Jerusalén, Anagrama, Barcelona, 1963.
(7) Con el término exterminio metódico, Bilbeny se refiere a la matanza masiva de judíos llevada a cabo de forma sistemática y "limpia".
(8) Interesante clasificación del mal que hace Bilbeny, donde el mal demoníaco es el mal perseguido en sí mismo; el mesiánico, el que se realiza para obtener un bien mayor y el pasional, movido por la tentación y la bajeza.
(9) BILBENY, Norbert, op. cit., pág. 93.
(10) JUNG, Carl Gustav, El arquetipo en el simbolismo onírico. En JUNG, Carl Gustav, El hombre y sus símbolos, Biblioteca Universal Contemporánea, Barcelona, 1997, pp. 79 y 80.
(11) BILBENY, Norbert, op. cit., pág. 139.
 
 
Portada: Rózany ogród 1, Mira Scokzek-Wojnika, 2011
 
Artículo publicado en el Blog de Miriam "El Café Guerbois"