Ficciones Eterno aspirante a la felicidad

Eterno aspirante a la felicidad

Conozco a una persona que hace años tenía amigos, pero desaparecieron. Le dejaron solo. Por supuesto, se sintió culpable de su soledad, y tardó mucho tiempo en recuperar la confianza.

 

Unos otoños más tarde, conoció a alguien y se enamoró. Se enamoraron. Pero su pareja acabó desapareciendo; volvió a quedarse solo. De nuevo, se sintió culpable de su soledad, y a punto estuvo de no recuperar la confianza.

 

Sus padres y hermanos no  demostraron un cariño ni apoyo reales, aunque en ocasiones le hacían sentirse acompañado. Hasta que, poco a poco, le abandonaron. Solo, otra vez. ¡Qué culpable se sintió de su soledad! Y nunca recuperó la confianza en ellos.

 

Su único hijo nació en un momento de transición. Siempre estuvieron juntos, contando el uno con el otro. Con él dejó de sentirse culpable y dejó marchar a la soledad. Aunque en las noches largas, ella regresaba para que no olvidara, haciendo que se tambaleara su confianza.

 

Hace poco nos volvimos a encontrar. Caminaba mirando al suelo, pero con decisión. Me dijo que su hijo le seguía adorando. Y aunque tenían sus propias vidas, a cada instante se sentían unidos.

 

Sus ojos contaron que su corazón se había cansado de estar solo. No podía continuar esperando ni buscando, aunque necesitaba amar. Pero aseguró que el amor ya no le aceptaba: “algo debo de haberle hecho, para que me niegue un beso de buenos días, o una caricia con un tequiero antes de dormir”. No recordaba qué se siente acariciando la mano de alguien al pasear, cómo era ser sorprendido por un beso, o los olores de un abrazo. Había olvidado los rostros de a quienes adoró, y ni siquiera podía traerlos de vuelta a su cabeza con imágenes, porque las perdió en alguna mudanza. Seguía sintiéndose culpable de su soledad, al haber muerto su confianza.

 

Nos abrazamos. Y me garantizó que al menos había aprendido a quererse, porque era la única persona que nunca le fallaría. Siempre sería con quien despertaría y dormiría cada día de su vida. E incluso durante el último aliento, permanecería a su lado. A pesar de todo, dijo, jamás renunciaría a ser feliz.

 

 

Imagen de portada por Jon Cospito, inspirada en una obra de Duy Huynh.