Extranjeros y su huella dispar

17/03/2018

Extranjeros y su huella dispar
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Extranjeros y su huella dispar

William Waldren (Nueva York 1924-2003), llegó a Mallorca en 1956. Reconocido arqueólogo, pintor y escultor, fue él quien descubrió en 1962 y excavó, entre otros (Son Matge, Son Ferrandell…), los yacimientos en la cueva de Muleta (Sóller) descubriendo, además de antiguos restos humanos, fragmentos óseos de más de 1500 Myotragus, una especie de cabra que se extinguió entre los años 6000 y 3000 a. de J.

 

 

Movido por la importancia de los hallazgos y junto a otros artistas de países varios y también residentes en la zona, restauró un antiguo molino en las afueras del pueblo de Deià donde residía; un sótano iluminado con velas por mejor remedar las oquedades objeto de sus desvelos. Así nació, en ese año de 1962, el Museo Arqueológico (calle Teix nº 4) que dirigió desde entonces y en días pasados tuve ocasión de visitar guiado por su viuda, Jacqueline. Los recoletos habitáculos que albergan aquellos restos de vidas prehistóricas me dejaron, merced a las amables explicaciones de su mujer, una impronta que conservaré con mimo.

 

 

El turismo masivo es hoy en las Baleares motivo de preocupación por el grave deterioro que ocasiona semejante afluencia, al extremo de que los extranjeros son incluso repudiados, como colectivo, en manifestaciones y pintadas callejeras. Sin embargo, como sucede también en otros órdenes, la generalización es siempre un error y no todos de entre quienes nos visitan debieran meterse en un mismo saco; algunos habrán con parecido talante que aquel Waldren que nos devolvió en su día parte del pasado y, sin duda, otros muchos estarían encantados de saber cómo llegar a ese sugestivo museo abierto de abril a octubre o, en otros meses, previa cita. No se lo pierdan.

 

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Gustavo Catalán

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