Ficciones F.E.

F.E.

Sentado frente a la barra del bar, Ramón observa de soslayo al joven que tiene a dos taburetes de distancia. Mientras Ramón luce un aspecto impoluto, como recién salido de la ducha, vestido con un elegante y sobrio traje; Pablo muestra una apariencia de desánimo, con la cabeza encogida sobre los hombros y las manos agarradas al cubata como si éste le diese la vida. De manera inconsciente se acaricia la muñeca donde descansa un viejo reloj plateado. Ramón examina durante un rato y en silencio el semblante abatido de Pablo. Al sentirse observado, Pablo desvía su apocada mirada hacia él. Sin embargo es Ramón quien entabla conversación, esbozando una amigable sonrisa.

 

-Disculpe, ¿qué podría invitarle a esa copa a cambio de cinco minutos de su tiempo?

 

Pablo endereza el gesto y le mira con sorpresa, desconfiado a pesar de la espléndida presencia de su compañero de barra. Ramón le mantiene una mirada apacible en espera de una respuesta.

 

La mirada de Pablo se detiene en el vasto maletín que descansa sobre los pies de Ramón.

 

-Sea lo que sea lo que vende, no lo quiero.

 

Ramón no muestra ofensa por el comentario.

 

-Cuando le exponga de qué se trata, me rogará que lo haga.

 

Sin dejar de mirarle ni de sonreír, Ramón se levanta y le invita con la mano a que se siente con él en la mesa que descansa en mitad de la estancia, como si le ofreciera a entrar en su despacho. Su seguridad y determinación impresionan a Pablo.

 

-Y si no le compro nada, ¿me pagará la consumición igualmente?

 

-Cinco minutos, todo lo que beba en ese tiempo corre a cuenta mía.

 

Pablo observa el semblante decidido de Ramón y su cautivadora sonrisa. Con una mano agarra el vaso y vacía su contenido en el buche. Con la otra mano sujeta la botella y se levanta con ella.

 

-Le saldrá caro.

 

 

Pablo se sienta frente a la mesa. Acomoda el vaso y lo llena de nuevo. Ramón se inclina y recoge su maletín. Se sienta frente a Pablo y deja  el maletín encima y a un lado de la mesa para que no le impida tener un contacto visual claro con Pablo.

 

-La verdad es que no necesito ningún seguro, internet se lo robo al capullo de mi vecino y no tiene pinta de ser tan idiota como para vender enciclopedias.

 

Mientras Pablo toma otro largo sorbo de alcohol, Ramón va a lo suyo; abre el maletín y saca de uno de los cierres un pequeño folleto. Lo coloca sobre la mesa y lo empuja con suavidad hacia Pablo de modo que pueda leer bien la portada.

 

-F.E. –lee Pablo.

 

Levanta la vista y la clava con curiosidad y extrañeza en Ramón.

 

-Las siglas significan Felicidad Eterna –le aclara Ramón.

 

Pablo no puede más que sonreír ante una proposición tan absurda como surrealista y comienza a ojear el folleto. Asombrado por lo que lee, niega con la cabeza.

 

-Esto es ciencia ficción.

 

-Ya no. Para nosotros y nuestros más de un millón de clientes es una realidad como un templo. No le engaño, le ofrecemos la posibilidad de vivir la vida que quiera.

 

-Dentro de un programa de ordenador.

 

-¿Cómo se llama, puedo tutearle?

 

-Pablo.

 

-Bien Pablo, ¿qué quieres de la vida?

 

-¡Buff, pues no sé!... Lo que quieren todos, supongo.

 

-Déjame ayudarte Pablo. Quieres amor, pero también tener buen sexo, que te abracen y te susurren al oído que te quieren, pero también follar en los lavabos del Corte Inglés, hacerlo a veinte mil pies de altura o dentro de una limusina camino de Las Vegas. ¿Me equivoco Pablo?

 

-Bueno, lo he hecho en los baños del Carrefour, eso cuenta.

 

-¿Cuánto hace de eso?

 

Pablo no contesta y agacha la vista con cierta vergüenza.

 

-Con F.E. tendrás todo eso y mucho más. Tendrás dinero, el trabajo que siempre has soñado, una salud de hierro, la familia que decidas y no la que te ha tocado sufrir, que tú equipo gane la Champions...

 

-¿Aunque ese equipo sea el Mallorca?

 

-Incluso si ese equipo es el Mallorca. Es más podrías ser tú quien marcara el gol del triunfo. ¿Te lo imaginas?

 

-Pero no es real.

 

-Si tu mente te dice que lo es, puedes apostar el culo a que lo será. Tu reloj por ejemplo...

 

Pablo instintivamente se acaricia su reloj plateado. No hay duda de que para él es algo más que un complemento.

 

- ... Si tu cerebro te dice que es de oro, tu vista te lo confirmará y por mucho que yo haga o diga, nada te convencerá de lo contrario.

 

-Aunque en realidad no sea de oro.

 

-No importa de qué color sea, sólo importa de qué color lo ves tú, porque eso al final es lo que cuenta. Te ofrezco la visión de la vida que quieras no la que te ha tocado vivir, no más errores ni malas decisiones... ¿Eres feliz Pablo?

 

 

 

Pablo no duda que no, pero se limita a servirse otra copa y a encogerse de hombros.

 

-¿Tienes muchos amigos?

 

Pablo levanta la copa a modo de celebración con cierta ironía.

 

-Bueno, entre Facebook y twitter más de quinientos.

 

-¿Y por qué bebes solo?

 

Pablo se detiene sosteniendo el vaso a la altura de los labios. El comentario de Ramón ha conseguido lo que jamás creería que pasaría; se le han quitado las ganas de beber. Baja el brazo y devuelve el vaso sobre la mesa.

 

-Corrígeme si me equivoco, pero no te gusta tu trabajo. A pesar de tus estudios te has tenido que conformar con un trabajo de mierda que está por debajo de tu talento y que no te atreves a dejar, seguramente por culpa del lastre de una hipoteca. Tus amigos se han ido casando, teniendo hijos, formando una familia mientras tu tenías la sensación de quedarte atrás cuando en realidad son ellos los que te dejaban en el camino…

 

Pablo observa a Ramón en silencio, y con gesto serio se revuelve incómodo sobre la silla. No le gusta lo que oye, aún a sabiendas de que no le falta razón.

 

-... tu ex pareja pensaba que era demasiado pronto para un compromiso, pero al año de dejarte descubres que se casa con otro. Te levantas cansado y mareado, pensando en algo que te ayude a afrontar un nuevo día, pero por mucho que busques ya no encuentras motivos, ni tu físico te responde como antes. Todo escapa a tu control. No cometas el error de mentirte a ti mismo, no tienes ni por asomo la vida que habías soñado.

 

Pablo endereza la espalda. Tenso como una vara, se encara con Ramón.

 

-¿Y cómo coño sabes tanto de mí?

 

-Tu vida no es tan distinta de la de muchos otros a los que he ayudado. La mayoría están asentados en el ostracismo y el aburrimiento, por eso acuden en masa a las redes sociales, necesitan aceptación, necesitan dejar una impronta, la palmadita en el hombro y pensar que su vida tiene algún sentido. Apilan contactos, coleccionan gente.

 

Pablo le mira enojado, sin duda se da por aludido.

 

-No me mires así Pablo, en realidad no es culpa tuya porque no puedes controlar tu entorno… pero con F.E. sí podrás. Por fin serás dueño de tu destino. ¿Me dejas que te haga una pequeña demostración? Creo que así entenderás mejor lo que te ofrezco.

 

Pablo duda al principio, pero le es imposible permanecer ajeno a la convicción que desprende Ramón, por lo que asiente tímidamente con la cabeza.

 

Ramón acude de nuevo a su maletín y extrae una pequeña consola que deja sobre la mesa. Vuelve sobre el maletín ante el interés creciente de Pablo y le descubre un casco totalmente negro que tiende hacia él.

 

-Póntelo y baja la visera, por favor.

 

Pablo obedece sin demasiada convicción, aunque no se atreve a bajar la visera para no perder de vista a Ramón, que teclea incesantemente sobre el teclado de la consola. Se detiene y levanta la vista hacia Pablo.

 

-¿Preparado?

 

Pablo asiente y al fin baja la visera dejando únicamente sus labios y la mandíbula al descubierto. Ramón esboza una sonrisa triunfante y presiona la tecla enter.

 

Pablo arquea la espalda con repentina tirantez y se sujeta a la mesa con ambas manos. Resopla y comienza a jadear. Con la respiración entrecortada baja la cabeza y empieza a acariciarse el pecho. Una de sus manos recorre su cuerpo y se aloja en su entrepierna mientras su respiración va en aumento, humedeciéndose los labios con la lengua. Ramón lo observa entretenido, convencido de que la demostración acabará con todas las dudas de Pablo. Decide entonces detener el programa.

 

Pablo suelta un largo jadeo y se quita el casco con pulso tembloroso.

 

-¡Dios! ¿Esa era Scarlett Johansson?

 

-No. Tú eras Scarlett Johansson, es lo que intento que comprendas. ¿No has querido saber nunca como sería el orgasmo de una mujer? Con F.E. podrás sentirlo en carne propia. Y esto es sólo una pequeña demostración de lo que podemos hacer por ti. Te ofrezco la red social definitiva, imposible de mejorar porque no sólo decides quién sino también qué forma parte de ella.

 

 

Ramón recoge en silencio el casco y la consola y los devuelve al interior del maletín, alejándolos del alcance de Pablo. Sin duda un gesto estudiado, ya que Pablo es incapaz de apartar la vista del maletín.

 

-Sólo por curiosidad, ¿esto cómo se paga?

 

-Casualmente tengo aquí mismo un contrato.

 

Ramón vuelve sobre el maletín y extrae un documento como lo haría un mago que extrae un conejo de la chistera. Se lo tiende a Pablo.

 

-Las tarifas vienen estipuladas en la página cinco.

 

Pablo va directo a la página cinco, esforzándose en controlar su notable curiosidad. Ramón saca con gesto confiado una estilográfica del bolsillo interior de su americana, consciente de que el trabajo está casi hecho.

 

Tras echarle un rápido vistazo a las tarifas, Pablo niega con la cabeza con cierto desánimo. Ramón no es ajeno al gesto e intenta que no decaiga su creciente interés.

 

-Como verás hay tres tarifas: el “Paquete Básico” que incluye el alquiler de una consola similar a la que has probado pero con horario restringido...

 

-¿Restringido?

 

-Su uso está limitado a dos horas diarias, pero yo no lo recomiendo, es como darle una piruleta a un chaval y quitársela después de dos lametazos.

 

-Y en el supuesto caso de que me interesara, qué me recomienda.

 

-Está el “Paquete Medium” que te garantiza una conexión ininterrumpida de cincuenta años, lo que llamamos “Felicidad Bodas de Oro”.

 

-¿Y una vez pasados esos cincuenta años?

 

-Bueno, no podemos evitar la muerte, sino seriamos dioses. El cerebro al igual que el cuerpo no es ajeno al deterioro. Pero después de vivir cincuenta años de felicidad continua te proporcionaríamos una muerte digna, incluso heroica dentro del programa. La tarifa incluye los gastos fúnebres.

 

-Aun así el precio es desorbitado.

 

-Piensa que una vez dentro de la red ya no necesitarás ningún bien material; la casa, el coche, las joyas, la pensión, todo se puede dejar como depósito hasta cubrir la deuda... Pero me da la sensación de que eres una persona ambiciosa, valiente diría yo. Tú no te conformarías con la mitad de un todo.

 

-¿Qué quiere decir?

 

-El “Paquete Business Class” está pensado para gente como tú. Cien años de felicidad donde todos tus sueños se harán realidad, podrás cambiar de trabajo, ser un rico emprendedor, reconquistar a la mujer amada o dormir con una mujer distinta cada noche, conducir los mejores coches, vivir en una opulenta mansión...  ¡Qué coño podrías tener una casa en cada ciudad del planeta! El límite está solo en tu imaginación, puedes ser hombre o mujer o simplemente ser tú mismo en un entorno que te garantizará el éxito con actualizaciones constantes que te permitirán disfrutar de los últimos avances en tecnología, automoción, moda, arte, incluso viajar al espacio si eso sucede en los próximos cien años.

 

A Pablo se le está haciendo la boca agua solo de pensarlo. Vuelve la vista sobre el contrato y mira el precio del “Paquete Business Class”, suspira de manera espontánea.

 

-Ni vendiendo todo lo que tengo podría pagarlo. ¿No tenéis un Black Friday, un día sin IVA o algo así?

 

Pablo busca con la mirada algo de ayuda en Ramón, que esboza una sonrisa tranquilizadora.

 

-Pablo, no te preocupes. Nuestro Fundador no pensó en F.E. como en un programa del que sólo pudieran beneficiarse los más adinerados. Tengo la solución.

 

Ahora quien esboza una tímida sonrisa es Pablo, animado por la respuesta de Ramón.

 

-Tenemos la beca “Body Money” en donde conectamos tu mente al programa y nosotros nos quedamos con tu cuerpo.

 

-¿Mi cuerpo?

 

-No te alarmes Pablo, piensa que allí donde vas no necesitas un cuerpo, serás joven eternamente. Mientras tú disfrutas de tus cien años de felicidad, tus órganos salvarán vidas.

 

-¿Donarán mis órganos?

 

-Bueno... donarlos no sería la palabra más acertada, la verdad. Pero eso es letra pequeña, un mero trámite. Lo importante lo tienes expuesto más abajo.

 

Pablo baja la vista hacia el contrato y lee en voz alta.

 

-“Reconociéndose mutuamente la capacidad legal necesaria para la firma del presente contrato el donante...

 

-Ese eres tú.

 

-…acuerda la concesión sin límite de ninguna clase de todos sus órganos a excepción de su cerebro, incluido el córtex cerebral, al “International Bank” como modo de pago por el servicio “Business Class”... ¿International Bank?

 

-Nuestro principal accionista es un banco. Es un detalle que debería tranquilizarte, los bancos nunca pierden, piensa que los Gobiernos los respaldan.

 

Ramón extiende el brazo y coloca con sutileza la estilográfica sobre el contrato.

 

-¿Qué me dices Pablo?... ¿Te quedas con la vida que tienes o la que siempre has soñado?

 

Pablo observa la mirada decidida de Ramón. Incapaz de igualar su confianza, baja la cabeza y su vista se centra en el contrato.

 

Tras una breve pausa, recoge la estilográfica y busca una vez más la confianza de Ramón, que esboza de nuevo una sonrisa y asiente con la cabeza, animándole a firmar. Pablo toma una bocanada de aire y sujeta con mayor determinación la pluma. Ramón se lo pone fácil y gira las páginas por él hasta llegar a la última. Con el dedo índice le marca donde debe firmar.

 

-Estampa tu firma ahí y recupera el control de tu vida.

 

 

Pablo acerca la punta de la estilográfica hasta donde le indica Ramón, que le observa con semblante satisfecho. Pero entonces la atención de Pablo se detiene en su reloj una vez más. Pasa los dedos con suavidad sobre el cristal agrietado, endereza la espalda y se incorpora levemente.

 

-Tengo una duda.

 

-Tú dirás.

 

-Puedo desear cualquier cosa.

 

-Por supuesto, sólo tienes que pensarlo y F.E te lo dará.

 

-¿Y si dentro de... pongamos diez años quiero salir del programa?

 

La pregunta coge algo desprevenido a Ramón, que intenta reaccionar con presteza.

 

-No sé por qué querrías salir. Nadie en su sano juicio abandonaría la felicidad eterna, sería como renunciar al paraíso.

 

-Bueno discrepo sobre eso. Echando la vista atrás, hace poco más de un año era feliz, tenía una vida plena sólo que no lo sabía, siempre quería más y esa ansía me llevó a quedarme solo y casi sin nada y me preguntaba que si F.E. fuese igual viviría cien años de desasosiego y más si todo resulta tan fácil de conseguir.

 

-Podemos hacer que te cueste esfuerzo conseguir tus deseos, si es lo que quieres.

 

-Sí, pero la realidad es que por muchas trabas que me pongas, siempre sabré que conseguiré lo que quiero. Me convertiría en un niño mimado sin cuerpo ni alma. Estaría viviendo dentro de una mentira permanente.

 

-La mentira ya la vives ahora en internet, llena de falsos amigos.

 

-Cierto, pero puedo apagar el ordenador cuando quiera, esa es la diferencia.

 

Pablo guarda silencio y medita unos segundos como si hubiese llegado a algún tipo de conclusión.

 

-Sabe, este reloj me lo regaló ella. Nunca me lo he quitado, en la base pone “siempre juntos”, aunque a día de hoy esa frase carece de sentido, es una utopía se podría decir. De hecho el reloj ya ni funciona.

 

-Con F.E. podrás hacer que ella vuelva y que tu reloj funcione otra vez.

 

-No, no lo entiende. Está roto, ya nada ni nadie puede arreglarlo... Y no hablo sólo del reloj.

 

Pablo deja la estilográfica sobre el contrato y lo empuja sobre la mesa, devolviéndoselo a su dueño que no sale de su asombro.

 

- Con F.E. puedes ser lo que quieras, Pablo. Este mundo es realmente una mierda, ¿por qué quieres seguir en él?

 

Pablo no se precipita, se sirve otra copa y se la bebe de un largo trago, saboreando el licor.

 

Por primera vez, el semblante sereno de Pablo contrasta con el de Ramón.

 

-Creo que soñar debería seguir siendo gratis. Ya me rendiré cuando esté muerto.

 

Pablo se quita con cierto pesar el reloj, pero con la calma que da dejar atrás una puerta del pasado cerrada. Lo deja con celo sobre la mesa y se levanta.

 

-No se olvide de pagar la cuenta, aquí no fían.

 

Pablo le da la espalda y se aleja hacia la puerta, dejando a Ramón a solas con su maletín abierto y su contrato haciendo compañía al reloj plateado.

 

FIN.