[CRÍTICA] 'Happy!', una feliz y sangrienta locura de Netflix

[CRÍTICA] 'Happy!', una feliz y sangrienta locura de Netflix

Un ex-policía borrachuzo, ahora asesino a sueldo, cree estar loco cuando un unicornio azul que nadie más ve le pide que rescate a una niña secuestrada por Papá Noel.

 

Basada en la novela gráfica del mismo nombre creada por el escritor Grant Morrisson y el artista Darick Roberstson, la serie nos traslada a una época navideña muy alejada de la armonía y la felicidad. Interpretada por Chris Meloni (si alguien no ha visto la serie carcelaria Oz se la recomiendo encarecidamente) Meloni interpreta a Nick Sax, un ex-policía que vive, más bien malvive, con encargos de sicario y alimentándose con alcohol y drogas. Después de que uno de sus encargos no salga como él esperaba y tras un infarto de corazón, revive bajo el cuidado de los paramédicos con la notable diferencia de que ahora puede ver y oír a un unicornio azul que recuerda a una visión más colorida y amable del asno de 'Shrek'.

 

 

Happy es el amigo imaginario de una niña llamada Hailey que ha sido secuestrada por un psicópata mugriento vestido de Santa Claus. Happy requiere la ayuda Sax para salvarla.

 

El primer capítulo recuerda a la película del 2006 ‘Crank, veneno en la sangre’, no en vano ambas comparten la dirección de Brian Taylor y el personaje principal tiene cierta similitud al de Chez Chelios, interpretado por Jason Statham.

 

 

Esta serie de Netflix deambula con acierto entre el cinismo del personaje principal, su caída y resurgimiento como héroe, la violencia, el humor negro y al cine de acción de los 80 y 90. Hemos visto muchas películas y series llamadas “Buddy Movies” (películas de amigos), pero pocas tan peculiares como ‘Happy!’ . Una irreverente y divertida mezcla de subgéneros; rara, pero refrescante y perturbadora a la vez con un Meloni todoterreno bien secundado por su excompañera en el cuerpo interpretada por Lili Mirojnick. De los villanos, si tuviera que quedarme con uno, destacaría a Smoothie al que da vida el actor Patrick Fischler, habitual de las películas de Lynch.

 

 

Ocho episodios cargados de una violencia a veces cómica y exagerada, otras que raya lo insoportable (ojo al motivo por el que Sax fue apartado de la policía), con diálogos cortantes y descarados. Un acertado pasatiempo, nostálgico, disparatado y, como no, bien surtido de sangre.