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Introducción de 'Dejaré de quererte cuando paren las olas' de Dani G. García

Antrópika Antrópika Antrópika - 11/07/2018

Introducción de 'Dejaré de quererte cuando paren las olas' de Dani G. García

'Dejaré de quererte cuando paren las olas' es la primera novela del "proyecto de escritor" Dani G. García, como él mismo se autodefine. La historia de varias generaciones de una familia americana de raíces polacas, que termina encontrando su lugar en Madrid, España, tras distintas etapas por Europa y Estados Unidos. Una historia de secretos, verdades duras de admitir y asumir, esperanza, abandono y amor. A pesar de lo explícito del título, el autor avisa: es una historia de amor, pero no romántica.

 

Revista Antrópika comparte en exclusiva con sus lectores la introducción de este libro, disponible únicamente a través de Amazon o contactando con el propio Dani G. García. Esperamos que lo disfrutéis y que se aviven vuestras ganas de descubrir qué se esconde tras estas iniciales palabras:

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

Los paseos nocturnos por las calles de Madrid son como viajes astrales hacia el interior de uno mismo. Es una ciudad que va a lo suyo, y así lo tienen interiorizado sus habitantes. Y digo “habitantes” de manera explícita, en lugar de “nativos”, porque incluso tras un mes allí, una persona es capaz de caminar por el centro sin notar la presencia de otros seres vivos, y viceversa.

 

Existen otros lugares parecidos, pero ni en Nueva York, ni en Barcelona, Roma, o Helsinki, he visto una capacidad de abstracción tan grande como la existente en Madrid.

 

Hasta que no comencé a través de la noche madrileña a buscar dentro de mí mismo, a analizar mi vida, la de mis seres queridos, y todo aquello que alteraba mis emociones, no me he visto capacitado para contar esta historia. Que no es mía, sino de otros, aunque unas veces he sido testigo en la sombra, otras con demasiada luz, y en algunas simplemente me ha bastado un café o un té de por medio para conocer detalles concretos.

 

Para mí no ha sido fácil arrancar con la escritura de estas palabras; primero porque nunca he sido más que un aficionado en este terreno, y segundo, no estaba seguro de si el mundo querría en realidad conocer la vida de una familia, en apariencia, corriente. Aunque, a mi entender, la existencia de los Arnold no ha sido algo nimio. En realidad nadie en este planeta merece ser ignorado. Todo ha pasado, pasa y pasará por la línea del tiempo por alguna razón, sea esta justa, injusta, buena o mala. Su calificativo diferirá muy probablemente en función de quien tenga la oportunidad de definirlo. Quizás por eso se suele decir que “cada persona es un mundo”.

 

En realidad lo más complicado a la hora de decidirme a plasmar cada línea de este libro, ha sido recordarlo. O mejor dicho, volverlo a vivir, haya sido o no partícipe de los acontecimientos. Todos, de una manera u otra, han afectado a mis emociones, y han influenciado en mi psique hasta un punto tan exclusivo que ahora soy incapaz de reconocerme si no es como soy a día de hoy. Las cosas que voy a relatar traen a mi memoria algunos de los días más felices de mi vida, pero también los más tristes, los más duros y algunos que, simplemente, querría no haber vivido.

 

Nunca he entendido a la gente que dice ser feliz en soledad, o es capaz de aislarse del universo en cuevas, casas, habitaciones o dentro de sí mismos. Formando parte de los Arnold he comprobado lo necesarias que son las relaciones entre personas. O mejor dicho, entre los seres vivos en general, porque conozco a perros y gatos que dicen más con un roce o un lametón que algunas personas con largas charlas, o excesivas emociones al aire.

 

Desde que abandoné mi casa, todo fueron saltos y caídas durante años, los cuales me sirvieron para encontrar pozos anegados de agua contaminada, personas tóxicas nadando en ellos, y alguien a quien no reconocía al mirarme en cualquier espejo. Supongo que cada cual necesita encontrar su lugar y sus porqués y, en mi caso, sucedió al entrar en la vida de los Arnold. Ellos me dieron una nueva perspectiva donde encontrar grises en mis negros, y azules en mis blancos. No todo se debió a cosas espléndidas, incluso las horrendas han podido predominar, pero lo bueno fue tan bueno que nunca me ha merecido la pena gastar ni un segundo en analizar lo malo.

 

Sé que todo esto es difícil de entender hablando con suposiciones, sin hechos concretos, al menos a priori, y no pretendo que nadie piense de otra forma aquí, al inicio de mis párrafos. Solo puedo asegurar que al terminar cada afirmación tendrá sentido. Incluso es probable que alguien llegue a empatizar con mi sentir. Aunque ciertamente, no aspiro a ello. Mi única intención al aventurarme con esta biografía familiar es compartir cómo he percibido yo cada nota de amor, de cariño, de odio a veces, de compasión, de tristeza e incluso indiferencia.

 

Al tomar la decisión de escribir este compendio de narraciones, tuve que pasar muchas horas mirando al suelo, al cielo, a las estrellas, las luces artificiales y, de vez en cuando, los rostros desconocidos de quienes se cruzaron a mi paso. Siempre por las calles de Madrid. Visité otros lugares del mundo hasta que visualicé cada palabra o cada hecho a contar, pero ninguno consiguió sacar de mí frases o eventos tan claros y precisos como los que logró esa ciudad.

 

Como ya he dicho antes, es un lugar diferente, casi abstracto me atrevería a calificar. O al menos ha sido el único punto del planeta en el que he sentido que estaba en casa. Ha sido para mí un hogar, una escuela, un cine, un teatro, un sueño, un ser vivo conformado por millones de otros más.

 

Estoy convencido de que ni mi vida habría sido la misma en un distinto sitio del mapa, ni mi visión de aquello que da sentido al latir del corazón habría sido tan periférica. Las personas son las que son, lo sé, pero desde la aparición en el planeta del primer ser vivo, este siempre se ha adaptado a su entorno y basado sus días en aquello que sucedía alrededor. Por ese motivo, la certeza de que en otro lugar no habría conocido a los Arnold, o en el caso de haberlo hecho, esta historia no habría sido contada. O al menos no por mí, y por lo tanto muchos de los acontecimientos pasados no se habrían sucedido.

 

Llegó el momento, por tanto, de vaciarme por dentro, deshojando la gran flor que es la genealogía de esta familia que lo ha sido todo para mí. He recuperado la mayoría de los recuerdos que poseo. Incluso los más profundos, gracias a mis pasos por la ciudad. Se podría decir que comencé siendo un féretro cubierto por el tiempo y el fango, que en su deseo por trascender, a través de un lento caminar, ha ido despojándose de toda la arena mojada que le cubría, hasta volver a ser algo de relativa importancia. Al menos para mí mismo, y para las personas de las cuales voy a hablar, espero serlo.

 

También sabréis de mí, por supuesto, pero al igual que fui un peón más de esta partida en la realidad, mi sitio aquí no será distinto. No fui protagonista, y no voy a concederme ese honor porque estaría siendo infiel a mí mismo y a quienes voy a mencionar a lo largo de sucesivas páginas.

 

Antes de plasmar la primera letra de este breve pero intenso texto, voy a permitirme el lujo de perderme en un último paseo. Aunque ya todo está escrito en mi cabeza, quiero pensarles a todos, volverles a escuchar, ver cómo se mueven, caminan, sonríen y lloran. Deseo tenerles junto a mí, y sentir su calor y su fuerza de manera espiritual, antes de inmortalizarles a través de hojas en blanco surtidas de palabras en negro. Voy pensar en el primer día que anduve por las aceras de esta antigua villa tan llena de un pasado histórico casi inabarcable ni contando con cientos de escritores y su disposición de contarlo. Cómo surgió en mí la obligación, vestida de agradecimiento, de adentrarme en unas vidas que no son las mías, pero sin las cuales la mía habría sido breve como el tiempo de una mosca en el planeta. Ese día en el que todo nació, ahora se fusiona con el que pone punto y final a los momentos más relevantes de alguien tan insignificante, pero afortunado por haber tenido la oportunidad y el privilegio de ser parte de algo tan maravilloso.

 

Pero todo a su debido tiempo. Es el momento de comenzar, y creo que, aunque suene redundante, siempre lo más acertado es hacerlo desde el principio…

 

 

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Pintura de portada: Olga Artigas Ballesta

 

Fotografía de contraportada: Isabel Rodríguez (Bel R.)

 

Dani G. García en Facebook.

 

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