‘Justice League’: descafeinado con sacarina, y bombón para la digestión

‘Justice League’: descafeinado con sacarina, y bombón para la digestión

Una película del Universo Extendido de DC es sinónimo de expectativas, polémica, críticas duras, e incertidumbre. Pero, aunque suene a tópico, no deja indiferente a ningún espectador. En el fondo, sus productos ofrecen lo que pide el fan, pero el nostálgico, ese que entra en la sala sin ideas preconcebidas. Los amantes de la corrección política y la exactitud a la hora de plasmar cómics en la gran pantalla salen con sabor amargo al concluir el metraje, aunque con cierta satisfacción.

 

 

¿Pero de qué va esto del cine? “It’s entertainment”, que dicen por Norteamérica. Es decir, su función es entretener. Y de eso saben mucho los responsables de DC. Las tramas pueden gustar más o menos, sus guiones pueden tener lagunas o ser tan complejos (véase ‘Batman v Superman) que cueste calificarlos como buenos o malos, pero entretienen de sobra.

 

Justice League’ ('Liga de la Justicia'), la cuarta película de este complejo ciclo cinematográfico, cumple con su objetivo, pero baja unos cuantos peldaños respecto a la magnificencia que supuso ‘Wonder Woman’, la apuesta arriesgada pero maestra de ‘Batman v Superman, o la sencillez pero acertada alternativa de ‘El Hombre de Acero’.

 

 

Es desconcertante la precipitación con la cual se presentan los nuevos personajes, y más teniendo en cuenta su importancia dentro de este mundo de superhéroes, quizás merecían algo más épico. De acuerdo, Aquaman no es Superman, pero sí el dios de los océanos, y Flash ha alterado tantas líneas temporales dentro de las historias de DC Comics, que es tan digno de una historia propia inminente como el álter ego de Clark Kent. El público habría aceptado sin problemas, como se pudo comprobar con Wonder Woman, descubrir al hombre más rápido del mundo y a Arthur Curry con su tridente con sus películas en solitario. Eso habría generado una historia de la Liga de la Justicia mucho más elaborada.

 

 

Alguien ha decidido autoimponerse presión a raíz de los productos Marvel y su constante éxito en taquilla, aunque no siempre con buenas críticas (como si eso les importase a los productores). Desde Warner no parecen ser conscientes de que la Casa de las Ideas estrenó proyectos en solitario de Iron Man, Capitán América, Thor y Hulk mucho antes de embarcarse en su franquicia estrella: Los Vengadores.

 

 

Los responsables y productores han querido correr en exceso sacando a luz la primera película coral de estos superhéroes, y es ahí donde llegan los despropósitos, las prisas, y los desconcertantes saltos temporales, a modo de “flashbacks”, que rezuman precipitación. Demasiadas piezas a encajar, y poco espacio para construir este inmenso puzle. A pesar de todo esto, lo cierto es que el magnetismo de todos los personajes y su complicidad funcionan a las mil maravillas:

 

 

  • Gal Gadot es Wonder Woman, más que nunca. Llena la pantalla con su presencia, su conocimiento del personaje y encandilando tanto cuando es Diana Prince como al interpretar a la Mujer Maravilla. Sin lugar a dudas, el futuro de DC depende de la evolución del personaje, aunque viendo cómo funciona quizás no sea necesario tocar nada. Como suele decirse: si así está bien ¿para qué cambiarlo?

 

  • Jason Momoa nació para ser Aquaman, y se siente, nunca mejor dicho, aunque se acceda al chiste fácil, como pez en el agua con el personaje. Aunque es triste el poco espacio que se concede a su presentación y a su reino (reservado probablemente a su propia cinta en el 2018).

 

 

  • Ray Fisher sorprende con su Cyborg. Este fue quizás el héroe más controvertido y menos deseado para la franquicia, pero la personalidad del actor y una estructura creativa del personaje muy acertada, le sitúan como uno de los puntos fuertes de la historia.

 

 

  • Ezra Miller consigue la difícil tarea de hacer olvidar al brillante Flash/Barry Allen interpretado por Grant Gustin de la pequeña pantalla. Algunas de sus escenas son muy espectaculares, encajando a la perfección con sus momentos de diversión, inocencia, inexperiencia, pero con enorme humildad.

 

 

 

  • Ben Affleck sigue convenciendo como Batman/Bruce Wayne, pero la escritura de su personaje falla clamorosamente. No se reconoce a Batman, básicamente. Se muestra a un señor triste, pero no enfadado, como acostumbra a estar este capeado justiciero. Melancólico, y en ocasiones mostrando una alegría un tanto vergonzante (de vergüenza ajena, más bien), especialmente en uno de los momentos cumbres del desenlace de la trama. Se ha hablado mucho sobre si esta puede acabar siendo la penúltima película de Batffleck, y quizás estos y otros detalles hayan sido desarrollados así adrede para forzar su salida.

 

 

  • ¿Y el Superman/Clark Kent de Henry Cavill? Sin descubrir sorpresas o tramas (¿o más bien trampas?), la gran verdad es que a este actor le viene el personaje como anillo al dedo, como le sucedió en su día a Christopher Reeve, salvando las distancias, las épocas y las películas, por supuesto. Por desgracia, como ocurre con Batman, un par de momentos “made in Snyder” provocan sonrisas forzadas de sonrojo debido a lo absurdo e innecesario de esas situaciones. Y hasta aquí se puede hablar…

 

 

Respecto al villano, Steppenwolf, hay que reconocer el acierto que supone incluirle antes de dar paso a su maestro Darkseid. Algo similar a lo que ha hecho Marvel y Thanos, pero en otra medida. Este malvado personaje, creado íntegramente por ordenador, es un ser bastante imponente y peculiar, en ocasiones imponente, pero claramente ha sido escrito como aperitivo de lo que llegará en un futuro cercano. Aunque, eso sí, tras la ligera decepción que supuso Doomsday en BvS, mejorar al malo no era muy complicado.

 

 

Con algunos secundarios, este megaproyecto sigue teniendo un lunar del tamaño de Kansas con la Lois Lane de Amy Adams. No es por la actriz, por supuesto, ella hace lo que puede con las líneas que le han escrito. Su personaje podría llamarse Mary Houston y nadie notaría la diferencia, porque esta Lois no es la conocida por todos sobre el papel ni tampoco en la gran y pequeña pantalla. No es una periodista con un Pulitzer, ni implacable, arriesgada y temeraria. Es una mujer enamorada de Superman, triste, y que podría echarse a llorar en cualquier momento. Pero de esas, en el mundo del hijo de Krypton, hay millones. DC debería replantearse al personaje, quizá matándolo de manera épica, o bien forzando que Clark le pida el divorcio por insípida. De Martha Kent (tampoco culpa de Diane Lane), mejor no hablar...

 

 

Por otra parte, y como contrapunto a la pobre Lois Lane, se tiene al magnífico Jeremy Irons interpretando a Alfred Pennyworth. Ya maravilló en BvS, pero ahora parece que el propio Irons haya escrito sus líneas de diálogo e intervenciones, porque su personaje roba protagonismo a cualquiera, interactúe o no con él en pantalla. Porque este exquisito señor inglés ensombrece hasta a Bruce Wayne mientras habla con él por el comunicador.

 

Mención aparte merece el asunto “dirección”. Zack Snyder, director de las dos primeras cintas de esta etapa de DC en el cine, inició el rodaje, pero en mitad de la producción se vio obligado a renunciar debido a graves problemas familiares, más prioritarios que algo tan nimio como una película.

 

 

En su lugar se contrató a Joss Whedon, director de las dos primeras producciones de Los Vengadores de Marvel. En algunos lugares a eso se le llama ser un esquirol, pero en el mundo del séptimo arte no se entiende de lealtades, máxime cuando a fin de cuentas se trata de un trabajo (muy bien) pagado. Muchos críticos puristas de las adaptaciones al cine de los cómics deberían recordar saltos de Marvel a DC, o viceversa, de dibujantes importantes como Greg Capullo u Olivier Coipel, antes de juzgar a Whedon. Este director, sin ir más lejos, fue uno de los primeros candidatos para dirigir ‘Wonder Woman’, antes de que se hiciera cargo con brillantez Patty Jenkins.

 

En los créditos se ha obviado a Whedon, pero son evidentes los momentos recreados por cada director. Quizás demasiado. No por su calidad, dado que ambos son autores excepcionales, pero al fusionar sus trabajos el desconcierto al que se hacía mención al inicio de este texto se hace mucho más patente.

 

 

Hay momentos “marvelizados”, como el sarcasmo, chistes o los instantes menos tensos de la historia, que por descontado llevan el sello de Joss Whedon. Y los de Zack son más que evidentes. No escasean los planos asombrosos y las cámaras lentas precisas, pero algunas secuencias u objetivos de la cámara resultan también incomprensibles y fuera de lugar. ¿Es necesario crear una perspectiva maravillosa al abrir el candado de una puerta, en lugar de hacerlo con algún otro instante mucho más importante que haría de esa escena algo memorable?

 

 

La música corre a cargo de Danny Elfman, habitual de Tim Burton, que sustituyó al retirado Hans Zimmer y al despedido Junkie XL. Y lo cierto es que, sin haber creado algo inolvidable, el hecho de haber accedido a partituras reconocibles por todos, recurriendo a la nostalgia, se agradece notablemente. No solo es emocionante escuchar melodías que el mundo de la cultura recuerda en general, sino también ver su perfecto hermanamiento con otras más recientes, como la introductoria de Wonder Woman. En muchos círculos blogueros se habla de una próxima versión íntegra del director de la película que podría incluir la música original creada por XL antes de ser invitado a marcharse. De ser cierto, habrá que ver cuál de las dos músicas son más adecuadas.

 

Es de esperar que, cuando se hayan estrenado todas las películas grupales e individuales del Universo Extendido de DC, todo este popurrí de películas a lo loco, en apariencia creado a demanda por alguien retorcido, podrá ser visto (y disfrutado) con un orden más lógico al establecido.

 

PD: Imprescindibles y esperanzadores los dos instantes post-créditos de la película (uno al inicio de los mismos, y otro al final del todo).

 

CALIFICACIÓN R.A.: 6.8 / 10