La delirante historia del futbolín

La delirante historia del futbolín

El futbolín es un juego que no fomenta el autismo como los videojuegos, sino la amistad y el compañerismo, además de la coordinación entre la mano derecha y la izquierda

                                                                                                        (Alejandro Finisterre)

 

Les rogamos que se  arremanguen, elijan equipo y se nos preparen para una partida sin opción a revancha, porque que hoy venimos a hablarles de uno de nuestros más relevantes inventos después de la fregona, el Chupa Chups o la jeringuilla desechable, nos referimos a  El Futbolín, también llamado en Argentina  “metegol”; en Bolivia “canchitas” o en Chile el “taca-taca”... y es que ¿quién no se ha batido el cobre con el chulo de la cantina cuando estaba haciendo la mili en el cuerpo de zapadores en Albacete? ...por ejemplo, nosotros. Deben saber que el futbolín fue el rien ne va plus de los juegos antes de que salieran las consolas y todas esas mierdas matazombies que usa la chavalada palominera de hoy en día .

 

La historia que les vamos a contar a continuación hubiera podido ser un caramelo para  los mejores guionistas de Hollywood, contiene acción, romance, traición, intriga, robos y hasta secuestros aéreos. Les proponemos asomarse a la vida del gallego Alexandre Campos Ramírez (1919-2007) que con el seudónimo de Alejandro Finisterre, se convirtió en poeta, editor, bailarín de claqué, articulista, y entre otras cosas, el inventor del futbolín.

 

FUTBOLIN'S JISTORY

Todo transcurre en Madrid poco antes del estallido de la guerra civil española.  Proveniente de Finisterre (la Coruña) acaba de llegar a la ciudad Alejandro Finisterre, el hijo de un  zapatero gallego. El joven estudiante tiene un fuerte carácter creativo y se dedica a inventar artefactos mientras se busca la vida de albañil. Es inteligente y talentoso además cuenta con grandes dotes artísticas, escribe poesía y es un excelente bailarín de claqué (llegó a formar parte de la compañía de Celia Gámez). Alejandro vive los tiempos de la preguerra mezclado con la bohemia Madrileña. El día que estalla el asedio en la capital, una bomba nazi cae sobre el edificio donde nuestro protagonista se encuentra visitando a un pariente. El joven pasa muchas horas herido bajo los escombros y cuando lo rescatan debido a la gravedad de sus heridas es trasladado primero a Valencia y más tarde  hasta la Colonia Puig de Monserrat (Cataluña) y lo alojan en un hospital de guerra improvisado llamado Hospital Sangre. uUn sanatorio sucio y lleno de piojos, el lugar parece el set de rodaje de una mala pelicula de Vicente Aranda.

 

 

En este hospital catalán de corte anarquista, Alejandro tiene tiempo para pensar, y a la vista de tanto niño lisiado incapaz de moverse, se deja llevar por su carácter creativo e inspirándose en uno de sus juegos favoritos, El Tenis de Mesa, no tarda demasiado en encajar las piezas y encontrar una salida para todos aquellos compañeros, que como él, deseaban jugar al fútbol. Como él mismo relata en una entrevista;-  “Los niños estaban mutilados, veían con pena a los que jugaban fútbol. Y yo como estaba cojo, y tenía mucha afición por el tenis de mesa, pensé por qué no hacer un fútbol de mesa”. En ese momento Alejandro comienza a rumiar la idea del fútbol de mesa, que más tarde se conocería como Futbolín. La tortuosa senda para popularizar este juego y convertirlo en negocio no acaba más que comenzar.

 

En el hospital de guerra, Alejandro ultima los detalles de su nuevo invento confiando su elaboración a Francisco Javier Altuna, un colega vasco que trabaja como carpintero en el hospital. Tras darle precisas instrucciones del diseño de su invento, lo deja todo en sus manos, pero como ya viene siendo habitual entre los vascos, el carpintero de Euskal Herria  hace lo que le sale de los cojones y cambia el diseño poniéndole a los jugadores dos patas, idea que aún perdura en la actualidad, puesto que en el diseño inicial los jugadores no tenían piernas.

 

MONDO ARCADE

Ya terminado el prototipo, nace en el año 1937 el primer Futbolín y con él, el primer problema. Cuando consigue patentarlo, Alejandro ve que no tiene cómo comercializarlo debido a que en esos años todas las jugueterías están destinadas a  la fabricación de armas para la contienda, por lo que su descubrimiento se queda como mero entretenimiento para los enfermos del hospital. Entre ellos se encuentra un paciente y compañero de Alejandro, el catalán Magín Muntaner que por su condición de bolchevique no tiene más remedio que emigrar a Francia huyendo del régimen franquista.  Nada más poner el pie en el país Galo, el catalán le copia la idea del invento y se junta con unos empresarios franceses para empezar a fabricar futbolines por cuenta propia.

 

Como el carnicero del Ferrol (Franco) ha ganado la guerra Alejandro también está en peligro, por lo que decide exiliarse a Francia llevando consigo además de la patente de su futbolín otras de sus invenciones. Un ejemplo es el primer Pasa-hojas mecánico de partituras accionado con el pie, que había inventado para seducir a una joven enfermera del hospital que daba recitales de piano en las reuniones sabatinas del sanatorio y de la que   estaba perdidamente enamorado.

 

En un  acto de fé y medio desahuciado, Alejandro huye a Francia cruzando los Pirineos a pie sin más equipaje que las patentes de sus inventos, una lata de sardinas y dos obras de teatro. Pero cuando ya está a la mitad del camino, una tormenta  arruina todos sus planes; a causa del  aguacero comprueba con asombro que todos sus papeles se han mojado en el macuto  convirtiéndose en una inservible masa de papel mojado.

 

Continúan las malas noticias nada mas poner el pie en Francia. Al poco tiempo de llegar a la ciudad observa estupefacto que su futbolín ya está comercializado y goza de una increíble popularidad entre los franceses. Está fabricándose por todas partes, pues su antiguo compañero (el catalán con la cara de cemento) se la ha pegado y ha patentado el invento, y como Alejandro no puede demostrar su autoría no tiene derecho a reclamarle nada.

 

Decepcionado se centra en su Pasa-hojas mecánico que parece tener bastante buena acogida entre los círculos musicales.  Ninguneado en Francia y vetado en España (donde no puede volver  por su condición de republicano) decide probar suerte en las americas y con la sustanciosa suma que saca con  la patente de su Pasa-hojas, se embarca dirección a Quito (Ecuador) donde funda una revista de poesía. Pero pronto marcha hacia Guatemala donde vuelve a poner en marcha su futbolín  asociándose con una empresa de juguetes, donde los empiezan a fabricar casi instantaneamente. Guatemala resulta ser el enclave idóneo para hacer prosperar su invento, por su cercanía al Atlántico y el Pacífico así como al canal de Panamá, todo son facilidades para la exportación del futbolín. En diversos países  el juego se hace áltamente popular, y hasta tiene la oportunidad de  echar varias partidas de futbolín con el mismísimo Che Guevara.

 

A LA CAZA DEL ROJO

Son días de vino y rosas para Alejandro, instalado en un país democrático (como es en aquel momento Guatemala) pero en 1954 el presidente  Eisenhower, el Pentágono y la CIA  están apoyando un golpe de estado en ese país y mandan coronel Castillo Armas y su tropa de mercenarios a tomar Guatemala por la fuerza. Castillo sube a la presidencia y se alía con Franco para echar a los izquierdistas españoles del país. Tras el golpe de estado la vida de Alejandro corre grave peligro, ha escuchado que la embajada española en Guatemala esta planeando su secuestro para quitarle sus posesiones y devolverlo a España para juzgarlo por sus ideales políticos. Una noche, varios agentes especiales irrumpen en casa de Finisterre y lo detienen para embarcarlo en un avión con dirección a España. Una vez en el avión, Alejandro protagoniza uno de los primeros secuestros de la aviación de la historia cuando pide para ir al lavabo y allí construye una bomba improvisada envolviendo una pastilla de jabón con papel de aluminio. Con esa falsa bomba amenaza a la tripulación consiguiendo que el avión se desvíe a Panamá para posteriormente volver a Guatemala. Indiana Jones no lo hubiera hecho mejor.

 

Tras otro intento  de secuestro por parte de la embajada española Alejandro huye a México  donde se instala para comenzar una prolífica carrera de editor de libros, fundando la Editorial Finisterre Impresora, que apoya a todos los poetas españoles exiliados en América como León Felipe o a escritores vanguardistas como Max Aub también condenado al exilio por el régimen franquista. Artistas como el maestro Pablo  Picasso colaboran con él ilustrando muchos de sus libros. Y así continua varios años con su editorial publicando  libros a todos los escritores que en España no pudieron tener su oportunidad.

 

 

HUNDIR LA FLOTA

Tras unos años en México y un mes después de que falleciera Franco, al gallego le entra la legendaria morriña y decide volver a España, donde comprueba estupefacto que el futbolín es poco menos que un deporte nacional. No hay bar que no cuente con uno, aunque todos los beneficios del juego van a parar a diferentes fabricantes valencianos que con toda su cara asumen el artefacto como propio al no tener noticias de su inventor. Lo mismo le ocurre con otra de sus patentes el juego Hundir la Flota que también ha inventado nuestro protagonista que al no poder volver a España para renovar la patente, la ha perdido. Los dos juegos se encuentran en un mercado libre y ninguno de los fabricantes que los explotan están obligados a darle ningún tipo de crédito. A lo largo de su vida Alejandro contaba con unos 50 inventos de su propiedad, desde diferentes modelos de cajas de música a juegos de mesa.

 

Años después ya cansado de trotar por el mundo, Finisterre se traslada a Aranda del Duero (Burgos) donde continúa escribiendo, mientras es nombrado miembro de la Real Academia  Gallega. Un tiempo después decide instalarse en Zamora  donde gestiona la herencia del poeta León Felipe como albacea. En esta ciudad pasa el resto de su vida hasta que una tarde del mes de Febrero a la edad de 87 años, Alejandro pone su fin a sus días en la tierra, tal cual el apellido que eligió como seudónimo... Finisterre.

 

 

Alejandro Finisterre y su Futbolín 

 

Bueno pues aqui termina la trepidante vida de Alejandro Finisterre, espero que les haya interesado, nosotros tenemos que reconocer que nos da cierta envidia una existencia tan dinámica y tan bien empleada, porque nosotros somos de otros tiempos y estamos acostumbrados a vivir la vida de los demás por unas horas planchando el cojín del sofá cuando vemos alguna película en nuestra cadena amiga. La próxima vez que bajemos al bar a echar una partidita con los amigos, nos acordaremos de Alejandro y de su futbolín, ese entretenimiento bronco que se juega a trompicones nacido de la compasión y de la sensibilidad de la que solo puede hacer gala un poeta... y bueno, a ver si se nos pega algo.

 

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