La Enana Roja y los 7 Planetas como La Tierra

La Enana Roja y los 7 Planetas como La Tierra

Érase esta vez que la NASA descubrió un sistema solar en miniatura, con una estrella muy fría y 7 planetas muy juntitos. Todos arrimaditos a los rescoldos de su enana roja, pero solo 3 con alta probabilidad de albergar alguna forma de vida, al estar en la zona habitable de aquel pequeño brasero y tener la posibilidad de ser rocosos y con núcleos de hierro.

 

En una constelación no muy lejana, en la de Acuario concretamente, se hallaba esta gélida "Blancanieves y sus 7 enanitos", casi terráqueos, embozados en una caperucita infrarroja y cubiertos por posibles océanos de agua bermellona.

 

Debido a que las enanas rojas irradian, mayormente, fotones en la franja del infrarrojo, sus potenciales helechos serían negros o coloraos, para poder realizar su actividad fotosintética. Quizá también sus ratones se las sabrían todas y serían de ese color tan inteligente, para camuflarse, si es que tuvieran una atmósfera lo suficientemente densa, y una poderosa magnetosfera para soportar los abundantes rayos X a los que estarían sometidas sus posibles plantas, bacterias y todo bicho viviente que evolucionase en aquellos parajes ardientes.

 

 

Incluso puede que esos "ratones coloraos" hicieran honor a su metafórico color y fueran tan inteligentes como nuestras gentes, o al menos capaces de enviar y recibir señales ingentemente. Caso de que así fuera, tardarían 80 años en ir y volver. Para saber que dicen podríamos tardar lo mismo 8 que 80 años, u 800 o 1000, quizá 800.000 juntando las dos, en entender su lenguaje.

 

Lo de la distancia es un tema relativo, como ya demostró Einstein con su Teoría de la Relatividad, Especial y General y se ha comprobado en múltiples ocasiones. Sin embargo, para este tema, es algo mucho más prosaico. Es respecto a escalas y tecnología.

 

Tardaríamos unos 400.000 años en llegar al planeta más próximo del tamaño de la Tierra detectado hasta la fecha, llamado Próxima b, a las velocidades actuales que somos capaces de alcanzar. Eso sí tuviéramos combustible suficiente y lo suficientemente potente como para llegar. Actualmente no tenemos ni lo uno ni lo otro.

 

 

Los planetas detectados en ese sistema, que están diez veces más lejos, serían todavía más imposibles de alcanzar, si cabe, en una nave espacial y en un tiempo vital para un humano, con la tecnología actual.

 

Pero, como hipótesis plausible, nos podríamos comunicar, quizá, si hubiera allí vida inteligente capaz de comunicarse con nosotros. Eso sí fuéramos capaces de captar nuestras respectivas señales y descifrar nuestros respectivos lenguajes, y así comunicarnos, al menos.

 

Lo de hacer turismo en un futuro cercano a esas "nuevas tierras" está más que complicado. Solo para ir a "Próxima b" la masa de propelente necesaria para hacer llegar una nave, por kilo, usando un típico motor de propulsión química y suponiendo solo un milenio de viaje, es muchos órdenes de magnitud superior a la masa que aglutina toda la materia contenida en el universo observable, es decir, la de todas sus galaxias con todas sus estrellas, planetas, agujeros negros y cualesquiera cuerpos y elementos contenidos en él, la masa de la materia oscura incluida. Y estamos hablando de "solo" viajar 4,2 años luz!

 

 

Mejoremos la tecnología. Consideremos que la propulsión fuera de tipo iónico, como los motores que ya se utilizan, con un empuje más poderoso que los llamados químicos, la masa necesaria de propelente sería de alrededor de 5,5 trillones de kilos (sí, han leído bien, un 55 seguido de 17 ceros); oséa, la masa de unas 13 billones (un 13 seguido de 12 ceros) de estaciones espaciales internacionales, equivalente a casi dos billones de cohetes Saturno V como los que llevaron seres humanos a la Luna. Cifras tan mareantes como inconcebibles para nuestra escala humana.

 

Ni siquiera podríamos desplazar esa tremenda cantidad de materia, necesaria para poder propulsar la hipotética nave. Ahora multipliquen por 10 todas esas inimaginables cifras para alcanzar ese sistema bautizado como Trappist-1. Elon Musk se puede ir olvidando de tratar de hacer negocio llevando turistas en su SpaceX y organizar safaris por las selvas rojinegras.

 

Para más inri todo esto sería para sobrevolar aquellos planetas sin frenar. Vamos, caso de conseguir llegar, sería un paseo espacial sin más. Si quisiéramos aterrizar habría que gastar aún más combustible en decelerar. ¡Más madera! que diría el bueno de Groucho Marx.

 

 

Pero como dicen que la esperanza es lo último que se pierde -mejor diría que "la última esperanza es la creencia patológica en los imposibles", algunos entusiastas, que andan al día en esto de los descubrimientos y otros que aspiran al Nobel, podrían pensar que el recientemente sintetizado "hidrogeno metálico", sería el santo grial de la cosmonáutica (aunque hay dudas razonables de que se haya logrado y podría ser una falsa alarma).

 

Algunos teóricos han propuesto que el "hidrógeno metálico sólido" podría ser estable a baja presión (una vez formado a enormes presiones); en su caso sería un material (aunque muy caro de fabricar) que podría tener enormes aplicaciones en la industria, desde la energía de fusión hasta el uso del hidrógeno como vector energético. Quizá sería el candidato idóneo para los sistemas de fusión de alto rendimiento, los cuales podrían ser el próximo paso tecnológico en la industria aeroespacial. Aún así seguiríamos estando muy muy lejos de poder llegar a un lugar tan cercano, relativamente.

 

 

Pero siempre hay quien no le falta creatividad, da una vuelta de tuerca o le falta un tornillo, directamente, y se lanza a diseñar cacharros que juegan con la deformación del espacio-tiempo, como el cacareado EMDrive por ejemplo. Un cachivache tan inservible como imposible, no ya en la práctica sino porque toma como real un ente de una teoría. Aprovecho para recordar que eso de la curvatura espacio-temporal es un constructo producto de nuestro conocimiento. Ese "tejido cósmico", que forma esa teórica "sabana continúa", llamado espacio-tiempo, es solo eso, algo "intelectofacturado" por Minkowski, utilizado por Einstein, y abducido por muchos científicos como algo físico, pero que no existe fuera de nuestras matemáticas. Lo mismo sucede con los agujeros de gusano y sus hipotéticos "agujeros blancos". Hasta la fecha todo son entelequias derivadas de la Relatividad General sin ninguna comprobación experimental y/u observacional.

 

Sin embargo soñar es gratis y además gratificante, aunque poco o nada edificante. Así que dejémonos caer en los brazos de Morfeo, engañémonos contando ovejas negras, perdámonos en un bosque onírico de caperucitas rojas y lobos vestidos de abuelas. Pero no se dejen comer por las apariencias, seguimos muy lejos de contactar con extraterrestres. Mucho menos que haya un "LLEGADA". Y todavía menos aún que nos entenderíamos, caso de encontrar una civilización desarrollada.

 

 

La capacidad de comunicación es más que un idioma, es una forma de pensar, es una forma de abordar eso que llamamos realidad. Eso, al menos, es lo que postula la hipótesis de Sapir-Worf, "leit motiv" de la película "ARRIVAL", que ensombrece nuestras ilusiones de comprender a otras especies inteligentes, ni siquiera matemáticamente. El Principio Antropomatemático también nos muestra que nuestras matemáticas no son universales. Por supuesto no lo son sintácticamente, pero tampoco lo son semánticamente.

 

La búsqueda de un significado universal está detrás de todo este revuelo que ha montado la NASA con este descubrimiento, el cuál solo era cuestión de tiempo. Las connotaciones éticas, religiosas, filosóficas, teológicas y teleológicas son lo importante en esta tramoya de planetas y enanas rojas. La ciencia hace tiempo que ya predecía que había por ahí muchas "Tierras". Son las creencias las que todavía no han despegado los pies de la tierra. Cada vez queda menos espacio para la mística y se acelera la casuística.

 

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