La gasolinera

La gasolinera

Km 47 de la autovía de Extremadura, voy con mi padre buscando una gasolinera, es un viaje francamente aburrido, la radio está rota, el viejo padece demencia senil y apenas habla. A lo largo de una hora solo ha dicho una frase: -”Quiero mear”- y aunque me lo está poniendo fácil, no consigo concentrarme en la carretera. Les puedo asegurar que ando metido en un buen lío... me acabo de divorciar, estoy en bancarrota y tengo que pagar la pensión alimenticia de unos hijos a los que un juez no me permite visitar.

 

Mientras conduzco voy echando un vistazo al viejo que no deja de mirar por la ventanilla, a saber lo que estará pensando su cerebro senil. Posiblemente recuerde cuando tuvo que marchar de su pueblo en Asturias junto a mi madre para colocarse de fregaplatos en un mesón de la capital a los diecisiete años.

 

No hay que quitarle mérito al hombre, tras vida de trabajo duro enfocada al máximo ahorro consiguió comprar el local donde trabajaba y montar su propio restaurante. A mi viejo le llamaban en Madrid  “El rey del cachopo” pues gracias a su habilidad en la preparación de este plato y otras especialidades de la gastronomía asturiana de tan fácil digestión, se convirtió en un respetado cocinero.

 

El viejo siempre tuvo un natural don de gentes y su local estuvo durante décadas de bote en bote. Gracias a su pericia en los fogones consiguió ganar dos estrellas Michelín, lo que contribuyó a que se decidiera a montar otro restaurante más. Mi anciano copiloto era un hombre como los de antes, leal con sus amistades y un incansable trabajador que partiendo de la nada consiguió suficiente dinero para que a mi y a mi madre, que en paz descanse, nunca nos faltase de nada. Lo que es la vida... a día de a hoy, a causa de su enfermedad, el hombre ya no sabe ni freír un huevo.

 

 

WC DE CABALLEROS

 

Estamos llegando al desvío de la gasolinera, doy un volantazo y aparco cerca de los servicios, allí dejo a mi padre para que haga sus necesidades de señor mayor. Después muevo mi coche hasta el surtidor y lleno el depósito apresuradamente mientras voy pagando al empleado. Antes de partir hago un barrido ocular por el perímetro de la gasolinera para comprobar que mi plan está funcionando según lo previsto. Súbitamente me meto en el coche, lo arranco, y piso el acelerador a fondo para distanciarme lo mas rápido posible de aquella gasolinera.

 

Un último vistazo al retrovisor mientras me alejo,...y ahí veo al hombre, frente a la puerta del WC abrochándose los pantalones mientras gira la cabeza en distintas direcciones buscándome con la mirada. Acabo de dejar tirado a un hombre de sesenta y siete años abandonado a su suerte en una puta gasolinera de autovía. No puedo evitar darme asco a mi mismo... lo que acabo de hacer no tiene nombre.

 

Pero bueno, lo hecho, hecho está, ¿de qué me sirve mortificarme pensando en lo que va a ser de él a partir de ahora?.. ¿llamarán a la policia? y si es así, ¿lo van a poder identificar?... no creo, solo es un vejestorio indocumentado que no recuerda ni como se llama...  quién sabe,  puede que lo lleven a un asilo para indigentes, o tal vez tire carretera abajo buscándome.. ¿y si lo atropellan? soy mala gente, pero eso no forma parte de mi plan.

 

Lo he dejado todo bien atado. Antes de salir de su casa he guardado a buen recaudo su cartilla del banco, tengo memorizado su número secreto y he escondido su carnet de identidad. También he aprendido a falsificar su firma por si cae algún papelito comprometedor, lo he planeado todo tan meticulosamente que no puede quedar ningún fleco suelto. A partir de ahora, todos los meses voy a cobrar su pensión y ademas tiraré del dinero de su libreta de ahorros . Se acabaron los alquileres, y las hipotecas, viviré en su casa por el morro hasta que se me termine el chollo y luego ya veremos. No me juzguen mal, no queda otra, pónganse en mi lugar, mi ex- mujer, los abogados, la pensión de los niños, mi adicción a la cocaína

 

ESTA NOCHE ES FIESTA

 

Han pasado cuatro años desde aquel día, y lo cierto es que no puedo ser mas feliz. Cada principio de mes es primavera en mi cuenta bancaria, tengo coche nuevo y salgo a diario por ahí de juerga. Para que mentir, soy el alma de todas las fiestas, antes de salir de casa, en el bolsillo de mi americana gris de Emidio Tucci nunca olvido llevar una bolsita bien surtida de... bueno, ustedes ya me entienden.

 

Para no llamar la atención y guardar las apariencias continúo en mi trabajo como representante de Thermomix en provincias, un trabajo de mierda que me lleva circular con frecuencia por la autovía de Extremadura. En realidad no es que necesite trabajar, lo hago para estar ocupado y controlar los gastos,.. me conozco el paño, me gusta tanto la juergas que como me descuide en dos años me cepillo todo el dinero y en un abrir y cerrar de ojos me quedo en dique seco.

 

Circulo habitualmente por la autovía de Extremadura, pero siempre hago lo posible por pasar de largo de aquella gasolinera, y aunque a veces me haga falta repostar, allí nunca paro, me da algo parecido a eso que la gente llama cargo de conciencia. Pero ese día un impulso me llevó a detenerme allí. Esto va a ser como aquella frasecita típica de las películas policíacas “El asesino siempre vuelve al lugar del crimen”, y así fue como después de cuatro años, llámenle curiosidad, falta de combustible o si quieren morbo, me vi empujado a volver al lugar donde aquel día deje tirado a mi padre.

 

Llegando al desvío de la entrada me impresionó ver como ha cambiado todo aquello. Donde antes había un antiguo surtidor junto a una caseta en un secarral en medio de la nada, ahora se alzaban unos cipreses coronando la entrada de una especie de discoteca con apariencia de puti-club. En una zona ajardinada a pocos metros, había un restaurante/cafetería con terraza incluida, donde jugaban unos niños en un área infantil con tobogán y columpios. No lejos de allí había un solar que a modo de parking albergaba un gran número de coches, camiones y autocaravanas. Aquel lugar se había convertido en una estación de servicio y zona de descanso, pero de las de reglamento.

 

 

EL GASOLINERO ASTURIANO

 

Una vez parado el coche, salí para estirar las piernas y contemplar el paisaje, era un día soleado, y después de horas al volante el cuerpo me estaba pidiendo con urgencia un carajillo de coñá, un cigarro y el consabido muñeco de barro...ustedes ya me entienden..

 

Mientras me encaminaba hacia el restaurante, pude ver a lo lejos la silueta de un hombre barriendo la terraza , hasta aquí todo bien, pero a medida que me acercaba y mi vista enfocaba con mas nitidez, pude distinguir que la figura de aquel hombre barriendo vuelto de espaldas no me podía resultar mas familiar.

 

Rígido y sin poder mover un músculo me quedé cuando el hombre de la escoba levantó la cabeza y cruzamos las miradas...no me equivocaba, era él, mi padre.

 

Unos segundos me bastaron para comprobar que el antes esmirriado anciano de enfermo no parecía tener nada. Se le veía más saludable y robusto, esa mirada de años atrás de pescado en proceso de descomposición había desaparecido para convertirse en unos ojos luminosos y serenos. En lo que respecta a mi careto, ya se lo pueden imaginar... todo un poema...con la expresión del que acaba de salir de visitar el taller de un taxidermista, digamos que la jeta que se le puede quedar a alguien que se encuentra de golpe y porrazo con un padre al que hacía años daba por muerto.

 

En un movimiento pausado, el hombre sonrió y dejando la escoba apoyada en una de las mesas colocó los brazos en jarras y me habló - “¡Hombre el primogénito desaparecido!...¿que haces en mi restaurante? espero que no hayas venido a buscarme” - afirmó mientras se le escapaba una carcajada“-Siéntate hombre, no tengas miedo, déjame que te invite a algo, ¿sigues siendo aficionado al carajillo?” - Y sin esperar mi respuesta desapareció tras la barra para volver a los pocos minutos con un carajillo y un cenicero para sentarse a mi lado y continuar con su parlamento-

 

-“Sabía que un día volverías, era cuestión de tiempo”- me dijo-”. Ni te imaginas lo que tuve que pasar todos aquellos años haciéndome pasar por demente para ver si espabilabas y arreglabas tu porquería de vida sin depender de mi ayuda”- Le cambió la expresión y con una mirada juiciosa prosiguió -” Ya estaba harto de los combates con tu mujer y las discusiones por los niños y esa  afición estúpida que tienes por las drogas, así que opté  hacerme pasar por idiota, y créeme, no lo intentes nunca, es agotador”- Dijo exhalando un bufido-
Debes saber que no me importó que me dejaras aquí tirado ni tan siquiera que te quedaras  con todo mi dinero,  lo mio siempre ha sido empezar de cero, y en honor a la verdad te diré que no me costó mucho hacerlo. Fue verte salir pitando, contarle lo sucedido al dueño de la gasolinera, y el buen hombre enseguida se ofreció a alojarme en su casa por unos días hasta que todo el asunto se solucionara” -Allí seguía yo sentado, absorto escuchando su historia-

 

“...Y mira por donde lo que son la casualidades de la vida, que el gasolinero y yo teníamos mucho en común. Él también era paisano, de Ribagorda, un pueblo cercano al mío, además de eso, los dos nos habíamos quedado viudos, nos gustaba la buena mesa  y jugar al Mus. Así que mientras pasaban los días sin noticias tuyas...ni de nadie, entablamos una buena amistad. Así fueron pasando las semanas, y una tarde después de una partida de mus compartiendo una botella de aguardiente, me ofrecí a prepararle uno de mis famosos Cachopos. Me sorprendió ver como el paisano se lo metió al buche casi de una tacada como un pelícano tripero, parece ser que le había gustado mucho porque mientras rebañaba los últimos restos del plato, me dijo que era el mejor Cachopo que había probado en su vida. Despues de cenar me habló de una idea que le venía rondando desde hacía tiempo pero que no se decidía a dar el paso solo” -A todo esto yo me encontraba atónito escuchando el relato de mi padre, sorprendido por la cabalidad con la que hablaba, joder con el senil, toda aquella situación parecía no estar pasando- 

 

El de Ribagorda me contó que su idea consistía en reformar un local contiguo a la gasolinera para ofrecer comidas y un sitio para descansar, puesto que el flujo de clientes que venían a repostar era cada vez era mayor. Me contó que tenía unos ahorrillos... y allí.nole dejé terminar, todo me pareció bien. Y así lo hicimos, empezando poco a poco nos metimos codo con codo en una reforma y cuando estuvo terminada después fuimos a por otra, y ahora esto, ya no hay quien lo pare. Hace cuatro años que somos socios y el negocio va mejor que viento en popa... mira que de gente la hay por todas partes” - De pronto mi padre se levantó y extendiendo los brazos como Moisés separando las aguas del Mar Rojo giró sobre si mismo y continuó...

 

-“¿Ves todo esto?... pues la mitad es mío... la gasolinera, el restaurante, la discoteca.... auque no ferá ooor ucho tiepo”- Y volvió a fingir su antigua voz de lelo mientras se reía de su propia broma- “Yo ya estoy mayor y cansado, y como no te guardo ningún rencor si quisieras algún día podrías formar parte de todo este negocio”- De un golpe se levantó dela mesa para quitarse el delantal y ofrecérmelo mientras me dijo -” Toma, si quieres coge esto, es tu oportunidad de comenzar una vida nueva, desde cero... tu decides ” Y sin decir ninguna palabra mas se levantó dejándome con el carajillo ya frío en la mesa.

 

LA CLAUSULA

 

Ya han pasado quince años desde aquel día, y estoy felizmente colocado en el negocio de mi padre. El día que el buen hombre murió, fui junto a su amigo y socio el gasolinero, a visitar a un notario para prestar oídos a la lectura de su testamento.

 

Escuchar en boca del funcionario su última voluntad no me extrañó en absoluto, se puede decir que ya me lo esperaba. Según las instrucciones del viejo su socio habría de heredar la totalidad del negocio, y mi parte consistía en un contrato indefinido de novecientos euros al mes (mas propinas). Aunque como todo en esta la vida mi paupérrima herencia tenía una pequeña pega; en una de las cláusulas quedaba bien especificado que de querer seguir a cargo del establecimiento, tenía totalmente prohibido subir mas allá del rango de camarero.

 

Y aquí estoy amigos, desde hace mas de una década sirviendo las mesas, atendiendo a la clientela y limpiando los locales....Aunque no me puedo quejar, tengo una vida dichosa y tranquila, y a pesar de que trabajo muchas horas, espero con sosiego el día de mi jubilación.

 

 

= A CERO

 

Hoy especialmente ha sido un día muy feliz para mi, es mi dia libre y mis hijos han venido a visitarme, hemos preparado unos bocadillos y nos hemos ido a bañar a una poza cercana, entre chapuzón y chapuzón nos hemos reído mucho, sobre todo cuando les he contado algunas anécdotas de cuando eran pequeños...Ha sido maravillosa la sensación de al fin reconciliarme con ellos. Ya al caer la tarde nos hemos despedido y cuando los he visto alejarse en el coche de vuelta a su casa, me he dado cuenta de que me estoy haciendo viejo, porque no he podido evitar sentirme un poco abandonado al verlos marchar. Debe ser algo parecido a lo que debió sentir mi padre cuando lo dejé aquel día tirado en la gasolinera.

 

Bueno, señores no nos pongamos melodramáticos. Porque aunque yo de católico no tengo nada, cada año por el día de todos los santos voy al cementerio a dejar flores sobre la tumba de mi padre, y a pesar de que no sé nada de rezos, ni de avesmarias, cada vez que me acerco me acompaña una especie de soliloquio interior, en donde entre otras cosas le agradezco la oportunidad que me brindó el día que me cedió su delantal para empezar desde cero. Nunca sabré si fue un acto simbólico, de amor paternal o simplemente una broma de las suyas ... la broma del cero.... ese signo que a todos nos asusta, porque tras ese número de valor nulo, lo único que existe es la nada.

 

Concluyendo,si ustedes han llegado a leer hasta aquí, ya se habrán dado cuenta que en esta historia no existe ninguna moraleja, aquí dejo que cada uno haga sus conjeturas. Quizás una de ellas pudiera ser la diferencia entre ser un buen hijo, o un gran hijo de puta... no lo se... no soy escritor, solo soy el camarero... Bueno, les dejo que aquí mi jefe el gasolinero asturiano tiene malas pulgas y ya me está llamando para atender a las mesas ,.... ustedes ya me entienden...