La gran pregunta: ¿Cine o Serie?. Exijo juicio por combate

La gran pregunta: ¿Cine o Serie?. Exijo juicio por combate

En Estados Unidos siempre ha existido una gran demanda en lo que a series televisivas se refiere, y aunque a España no llegaba ni una tercera parte de ellas, no se puede decir que no hubiese cultura de este tipo de productos en la Península Ibérica. Es más, durante muchos años se intentó con suerte dispar imitar el estilo americano con producciones no tan espectaculares, pero que crearon un fenómeno fan y una expectación enorme semana tras semana en las pantallas nacionales. Series como ‘Verano Azul’, ‘Curro Jiménez’, ‘Farmacia de Guardia’, ‘Médico de Familia’, ‘Los Serrano’, ‘Aquí no hay quien viva’, ‘Compañeros’, ‘Periodistas’, ‘Hospital Central’, o ‘Siete Vidas’, fueron marcas importantes que todavía consiguen extraer una mueca del espectador nostálgico, así como mantener durante unos segundos el canal que lo emita más de veinte segundos constante en pantalla, antes de que el aniquilador efecto “zapping” lo engulla sin compasión.

En programas casi clandestinos se podían visionar series míticas en inglés, perfectamente traducidas en latino la gran mayoría (porque en España no se tomaba casi nadie la molestia de doblarlas), principalmente dibujos animados, aunque ‘Doctor Who’, ‘Fama’, ‘Flash Gordon’, ‘Batman’, ‘Superagente 86’, ‘Galáctica, Estrella de Combate’, ‘Equipo A’, ‘El coche fantástico’, ‘El gran héroe americano’, ‘V’, ‘El halcón callejero’, ‘Corrupción en Miami’, etc., tuvieron grandes audiencias a pesar del retraso con que llegaban a las pantallas españolas.

El cine ha sido bastante más afortunado que la televisión, ya que las grandes producciones de Hollywood solían llegar más o menos a la par a terreno nacional, salvo algunas excepciones debido al desconocimiento por parte de algunas productoras americanas de que en nuestras fronteras se hacía algo más que torear, comer tortilla de patatas y paella y echarse la siesta. La norma era estar más o menos al día de los productos anuales, y en ocasiones a falta de la película de tiros de turno siempre había un Pajares y Esteso, o un José Luis López Vázquez y un Alfredo Landa que mantenía las taquillas españolas ocupadas.

Pero con la llegada del siglo XXI, las nuevas tecnologías, la sobreexplotación de Internet, la globalización, y el dinero de debajo de las piedras que parece crecer por barrios y en determinadas plataformas y empresas distribuidoras, todo esto que llegaba a cuentagotas en muchos casos ha terminado por convertir el entretenimiento en una carrera de velocidad, en la que faltan horas al día para poder trabajar, dormir, hacer los deberes con los hijos, comer, ver cuatro o cinco capítulos de una serie, alguna película, y, si quedan fuerzas, tener algo de sexo para recordar que hay vida más allá de todo lo anterior.

Canales como FOX, ABC, HBO, THE CW, AMC, FX, o plataformas como la omnipotente NETFLIX, estrenan casi semanalmente series sin fecha de caducidad, para todos los gustos, edades, sexos, colores, formas de vida, muertos o vivos, que convierten la vida en un constante estrés y un sinvivir, al menos para todo aquel que sigue un poco la prensa digital, las redes sociales, o foros sociales (con uno basta para caer en la trampa). La oferta es enorme y casi infinita.

Algo inferior es la propuesta cinematográfica, pero si se analiza el coste de una producción de este tipo, es verdaderamente exagerada la cantidad de películas que cada miércoles o viernes llegan a las pantallas españolas, o mundiales. Máxime cuando más de las tres cuartas partes de ellas dejarán de estarlo en el periodo de una semana. Se podría hablar de tirar la casa por la ventana con facilidad, pero aquí sería justo sacar a relucir palabras como “despilfarro” y “malgastar”, ya no solo por el éxito de los largometrajes, sino más bien por la calidad media de todos ellos, que en muchos casos es bastante pobre, siendo generosos. ¿Dónde está el cine de autor, la comedia negra, el gánster de toda la vida, o los biopics apoteósicos? En un porcentaje muy alto, en la actualidad, a los mejores guionistas de cine se los lleva el cine de animación, algo que cuesta entender.

En un hipotético debate entre blanco o negro, norte o sur, o lo que es lo mismo, televisión o cine, actualmente ganaría por mayoría abrumadora la televisión, principalmente por la calidad-precio que atesora, ya que ofertas domésticas muy accesibles (Netflix, por ejemplo, ofrece ser usuario Premium por menos de 13 €), la incontrolable piratería, y emisiones en abierto o gratuitas en muchos casos, no son rival para los casi 10 € de una entrada de cine en grandes urbes, rebajadas a 3.90 € o 4.50 € mayormente. Echen cuentas, y verán la enorme diferencia.

Pero en últimos cinco o seis años no solo gana el combate económico la televisión (o el ordenador) al cine, sino que también el de calidad y en muchas ocasiones el técnico. La pequeña pantalla, salvo excepciones, ha sabido perfectamente sacar partido de las grandes partidas monetarias de las que ha sido beneficiaria, contando con brillantes productores en primer lugar, contratando a grandes guionistas en segundo, seguidos por directores virtuosos y terrenales (con las ideas muy claras), dejando en último lugar al reparto principal. Es decir, han aprendido muy bien la lección que no terminan de entender algunas firmas cinematográficas: grandes estrellas no garantizan grandes taquillas. En el siglo pasado sí era una apuesta segura, pero en este la gente no se deja encandilar por cualquier cosa. Series como ‘The Walking Dead’, ‘House MD’, ‘Breaking Bad’, ‘The Flash’, ‘Daredevil’, ‘Juego de Tronos’, ‘Orange is the New Black’, ‘Orphan Black’, ‘Narcos, ‘Stranger Things’ o ‘Mr.Robot’ han contado con algunos actores olvidados en el cine, pero que tras su éxito en algunas de estas series han visto elevado su caché desorbitadamente.

Y no hay que olvidar excelentes títulos españoles como ‘El Ministerio del Tiempo’, ‘El príncipe’, ‘Águila Roja’, ‘Allí abajo’, ‘Aída’, ‘El barco o ‘Cuéntame’, antes de que perdiera la cuenta del tiempo, que han rescatado también a estrellas olvidadas y consagrado a otras, porque eso sí, en este país solemos apreciar al actor español, ya sea en serie o en película, por regla general. Aunque como en todas partes, no renunciamos a una buena hoguera de vez en cuando… las cosas como son.

Pero ¿cuál es el punto negro de las series? La sobrecarga o saturación extrema de productos. Ahora mismo, si alguien quiere ver un género concreto la lista de series es probable que supere las diez o quince, y seguramente la mitad de ellas tengan una calidad superior a siete estrellas sobre diez en la mayoría de los portales de calificación, lo que es una noticia estupenda, pero con reservas, porque… ¿de dónde saca tiempo una persona para ver una serie por género? Ya no solo por la cantidad y la calidad, sino porque rara es la serie que no estrena un mínimo de cuatro temporadas, con una media de doce o trece capítulos por cada una de ellas.

En resumidas cuentas, el cine se ha convertido en un producto cuasi de lujo, por el precio, en el que cuesta encontrar una cinta que supere o llegue a las tres estrellas de cinco en lo que se refiere a calidad, donde en gran cantidad de casos se intenta camuflar un guion de cuarto de baño de bar de pueblo (con máximo respeto a los bares de pueblo) con CGI extremo, donde incluso hasta a veces la lluvia da pereza grabar en directo, pero no se repara en gastos a la hora de destrozar vehículos como para transportar a poblaciones enteras durante unas vacaciones de navidad. Evidentemente sigue estrenándose buen cine, enorme, y del que lleva al público a creer en las personas, en la vida extraterrestre, la magia, o los superhéroes, pero llega con cuentagotas a las salas.

Y por el contrario, hay muchísimos productos abrumadoramente buenos, que incluso generan adicción en muchos casos, sin exagerar, pero que hacen sentirse al televidente abrumado y al borde del ataque de nervios porque, o bien por la falta de horas a la semana, o por miedo a los spoilers que saturan la red todas las semanas. Muchas veces es fácil sentir pánico al pedir opinión en un grupo de chat o leyendo un artículo de “series recomendadas”, básicamente porque con toda seguridad el TOP 10 que recomienden en uno u otro lado no tenga ni uno solo de los títulos del personal TOP 10 que uno mismo se había marcado como objetivo prioritario del año para ponerse al día o seguir.

Y eso solo si se habla de series actuales, porque si se decide rebobinar, tirar de hemeroteca y consultar series de antaño que ahora muchos califican como clásicos, “imperdibles”, o “imperdonable no ver”, muy probablemente se acabe aguantando la respiración, tapando boca y nariz, esperando encontrar sentido más allá.

Pero no hay que desesperar, porque en caso de duda, siempre hay una solución que nunca falla, con una oferta interminable, que lleva desde gran parte de la historia de la humanidad con nosotros, que es una apuesta segura, y que recomiendan hasta los médicos de cabecera: UN LIBRO.