La llegada. Extraterrestres que no quieren invadirnos, sino ponernos a prueba

16/12/2016

La llegada. Extraterrestres que no quieren invadirnos, sino ponernos a prueba
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La llegada. Extraterrestres que no quieren invadirnos, sino ponernos a prueba

Generalmente, tanto en el cine como en la televisión, cuando se adapta una historia de ficción se tiende a trasladar inquietudes, preocupaciones o aquellas cuestiones de las que no siempre o siempre se obtienen respuesta. La eterna pregunta de si hay vida ahí fuera es uno de esos temas recurrentes que, fruto del miedo a lo desconocido, se exagera de manera desorbitada.

 

La mayoría de las veces los extraterrestres vienen a destrozarnos, arrasando nuestro planeta por su deseo de apropiarse de nuestros recursos naturales, tan raros en el universo conocido. En otras ocasiones pretenden dotarnos de un conocimiento para el que no estamos preparados, lo que deriva en confusiones por una y otra parte.

 

 

En ‘La llegada’ se plantea la segunda opción, pero con una complejidad un tanto desmedida. Tiene un gran planteamiento, muy original, pero analizando en frío la historia se llega a la conclusión de que quizás no sean necesarias tantas metáforas, mensajes subliminales e incluso jeroglíficos indescifrables.

 

La trama es conocida: un día cualquiera aparecen unos extraños objetos enormes en distintos puntos del planeta (para variar no sucede solo en USA), lo que provoca el caos, las preguntas, medidas de seguridad, estados de emergencia, de sitio, pillaje, manifestaciones, miedo, aglomeraciones en las carreteras, compras de suministros descomunales, altercados violentos, etc. Los distintos gobiernos de los países que han recibido la visita de las supuestas naves extraterrestres se unen para intentar buscar formas de comunicación, que desvelen los motivos por los cuales ellos han llegado a nuestro planeta. Una de las cuestiones divertidas es que por primera vez no circula por las mentes humanas solo la posibilidad de que quieran invadirnos, sino de que pueda ser una visita turística.

 

 

 

Para entablar contacto, los alienígenas ponen muchas facilidades, al ofrecer, a los humanos que decidan las autoridades, entrar en sus impresionantes naves, en unos formales horarios, más propios de los ingleses que de una raza de otro planeta. Además de la obligada inteligencia militar, se seleccionan diversos científicos extraordinarios, acompañados de expertos en comunicación, idiomas, lenguas, o cualquier herramienta que sirva para expresarse. Ahí entran en juego los protagonistas, Amy Adams y Jeremy Renner, junto con el coronel interpretado por Forest Whitaker.

 

La protagonista absoluta es el personaje de Adams, una superdotada de los idiomas, que acaba dominando por completo el lenguaje con el que se expresan los extraterrestres. Su interpretación es magistral, como siempre, pero quizás el exceso de talento acaba por darle a su personaje cierta artificialidad, lo que provoca a pensar en ciertos momentos quién es el alienígena y quién el humano. Su personaje, o más bien la trama secundaria de la historia, de la que es total dueña, es un poco tramposa, al desviar parte de la atención, forzando a plantearse al final de la película si el género es ciencia ficción o un drama puro y duro. Eso sí, esta visión aporta muchísimo a ambos géneros, con ideas realmente inspiradoras.

 

 

 

Lo que no cambia, ni se equivoca tampoco, es la reacción del ser humano ante este suceso. Es decir, los extraterrestres se prestan no solo a que les conozcamos, sino que nos abren las puertas de sus naves, así como sus mentes, con la idea de que no solo nosotros podemos aprender, sino que al ser ellos también ajenos a nuestra naturaleza no se cierran a explorarla. No hay delirios de grandeza, y sí mucha humildad en los alienígenas. Pero ¿cómo respondemos nosotros? Con disparos, bombas, ataques, o amenazas, mostrando nuestro lado más animal, marcando territorio, víctimas del miedo a ser atacados por una forma de vida muy superior a nosotros, al menos mucho más inteligente.

 

Parece que las piezas encajan, vinculando la historia personal de la traductora con el desenlace del contacto con los visitantes interplanetarios, con flashbacks, sueños, revelaciones, junto a toda una sucesión de momentos de la vida de Louise Banks que, con una enrevesada parábola, conecta con el dilema de conseguir comprender las razones de la visita extraterrestre.

 

 

Una vez comprendido todo, llegando a captar la idea de los alienígenas, la sensación general es que no han venido a conquistarnos con armas, sino con difíciles planteamientos lingüísticos, para acabar volviéndonos locos a todos, comenzar una guerra y, quién sabe, si una autodestrucción completa de la vida humana por este motivo. De acuerdo, nosotros hemos enviado sondas al espacio con libros, canciones de los Rolling Stones, junto con otras diversas formas de expresión importantes en nuestras vidas, pero serían fáciles de entender por alguien inteligente de otro planeta. Pero lo que presentan estos seres, una vez conocidas las verdaderas intenciones, acaba haciendo explotar la cabeza del espectador, dado que es inevitable pensar “vaya, lo podrías haber dicho así antes, jolines”. Es como si fuésemos a otro planeta, y en lugar de comunicarnos en el idioma elegido, o bien con dibujos o imágenes, les entregáramos un cubo de Rubik. Les obligaríamos a destrozarse la cabeza en su intento por adivinar qué queremos decir, cuando en realidad nos estamos cachondeando porque solo queremos jugar con sus mentes. Ese, sin duda, es el objetivo de los alienígenas, o al menos se pretende que sea eso lo que el espectador llegue a creer. Eligen el camino largo hacia la casa de la abuelita de Caperucita Roja, con vistas a distraernos, además de hacernos entender que somos mucho más útiles y válidos cuando aunamos fuerzas por el bien común.

 

 

La película tiene una factura muy revolucionaria, con pocos escenarios en líneas generales, pero mostrados con una magnificencia tremenda, jugando con las distintas perspectivas que ofrecen las naves y sus ubicaciones. Mención aparte es el sonido de la película, que no la banda sonora, a veces un tanto fuera de lugar, llegando a estorbar. Logra un maravilloso efecto instantáneo en los sentidos del espectador con un simple acorde, o un envolvente retumbar de ecos y sonidos que se alejan para volver hacia uno llegando a abrazar de tal manera que pone la carne de gallina. Esta especialidad debería ser muy premiada en los distintos galardones mundiales.

 

 

Denis Villeneuve ha hecho un trabajo maravilloso tras las cámaras, especialmente, pero es muy destacable también la manifiesta libertad que ha dado al reparto. Se aprecia mucha improvisación, lo que es de agradecer, aunque es tanto mérito del director como de los propios profesionales, con una complicidad que hace mucho más fácil para el espectador entender la historia y a los personajes que interpretan. No es fácil adaptar novelas, pero mucho menos lo es hacerlo con una novela corta, dado que los detalles suelen ser mucho menores, más limitados, dando pie a libertades que quizás no acaben por encajar en el metraje global. Pero eso no sucede en esta película. Seguramente ‘A Story of Your Life’ del escritor Ted Chiang, también guionista, ha ganado mucho con esta versión cinematográfica.

 

A pesar del mencionado buen trabajo actoral, se echa de menos una mayor participación de Jeremy Renner, un gran actor, muy versátil, que no está aprovechado todo lo que debería para alguien de su talento. Ese quizás es el error de la adaptación, centrar en exceso toda la historia en el personaje de Amy Adams, máxime cuando el de Renner tiene más relevancia en la historia de lo que se hace suponer, aunque no es hasta el final cuando se llega a esta conclusión. El otro protagonista, Forest Whitaker, aporta lo que se espera de él, en un papel que quizás ya le hemos visto interpretar en otras ocasiones, pero a pesar de esto, bastante eficaz.

 

 

Si ‘Interstellar’ (2014, Christopher Nolan) llegó a abrumar con sus reiterados giros o excesos, ‘La llegada’, por el contrario, deja todas las tramas y subtramas bien explicadas, aunque eso requiere una plena atención. Se puede achacar quizás cierta lentitud o falta de ritmo, pero acelerarlo todo o cambiarlo cambiaría por completo el concepto y objetivo final de la película. Nada se muestra ni se dice por rellenar huecos, buscando alargar la duración final, sino que tiene lógica absoluta. Pero eso sí, requiere mucha atención. Esto no es ‘Independence Day’, sino una visión mucho más realista de a lo que podría enfrentarse la humanidad en el supuesto caso de recibir la visita de unos extraterrestres de manera totalmente expuesta. Para ver ‘La llegada’ se necesitan los cinco sentidos, lo que no es criticable, sino de agradecer.

 

CALIFICACIÓN: 7.7/10

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Dani  García
Dani García

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