La sanidad de vuestro país para vosotros

01/12/2016

La sanidad de vuestro país para vosotros
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La sanidad de vuestro país para vosotros

Eso de haced lo que digo y no lo que hago, porque no os queda más remedio, parece ser la convicción de ciertos políticos -y de algunos otros con iguales posibles que ellos- respecto al uso de la sanidad pública en sus respectivos países. Y si para los adinerados nada que objetar y allá cada quién con sus decisiones, cuando se trata de aquellos que tienen entre sus responsabilidades la de lograr la excelencia en el cuidado de las enfermedades merced a una adecuada estructura y organización sanitarias, la hipocresía que demuestra su comportamiento debiera tener su correlato 

 

Los profesionales de la medicina conocemos bien la desesperada búsqueda de una esperanza, aunque para ello deban hipotecar, enfermos y familiares, vida y hacienda caso de contar también con la segunda. Desde el requerimiento de segundas o quintas opiniones que desdigan un diagnóstico de gravedad u orillen la dureza del oportuno tratamiento, hasta los desplazamientos allá donde suponen una mejor calidad asistencial e incluso la entrega a inventos de mentecatos y desaprensivos (las llamadas medicinas alternativas), con sus indeseables consecuencias. Todo comprensible, aunque no siempre justificable y tal es el caso de algunos prohombres, de más cara que vergüenza cuando la enfermedad llama a su puerta. Porque no se les puede llenar la boca con la idoneidad sanitaria en su país (y en España convendrá señalar que estamos en muy buena posición) para, cuando aquejados de cualquier dolencia, optar por lo que no entra en las posibilidades de una inmensa mayoría de ciudadanos.

 

 

Muchos recordarán que el anterior Rey, Juan Carlos, decidió tratar su cadera en una clínica privada en vez de acudir a un hospital público, sin que en esa ocasión dijese otra vez, como habría sido lo propio, “Perdón; me he equivocado. No volverá a ocurrir”. El extinto Hugo Chávez marchó a Cuba desde Venezuela para el tratamiento de una patología que a día de hoy sigue sin desvelarse y, según leí el 15 de este mismo mes, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, ha viajado a Estados Unidos para determinar la posible recidiva del cáncer prostático que padeció unos años atrás. Con independencia de la idoneidad sanitaria en sus correpondientes ámbitos de origen, no es de recibo que eludan para sí lo que se ofrece a la mayoría de sus conciudadanos. Una vez más, queda patente que pasarse la ética por el forro es consustancial al cargo que ostentan muchos jerifaltes. Y más allá de fronteras, ideologías o nacionalidades.

 

 

Publicado el 24 de noviembre en su BLOG

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Gustavo Catalán

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