La solidaridad es un valor al que no hay que ponerle barreras

La solidaridad es un valor al que no hay que ponerle barreras

Entrevistamos a la responsable de la ONG, Kiango, Marga Morcillo (Palma de Mallorca, 1980) Técnico en Gestión de Proyectos de Desarrollo por la UOC. Presidenta y fundadora de Kiango ONG, responsable del área de Proyectos.

Kiango ONG es una asociación sin ánimo de lucro, orientada a la cooperación internacional. A través de la gestión de microproyectos solidarios en diferentes países, se dedica a mejorar las condiciones de vida de personas con escasez de recursos económicos y oportunidades de desarrollo personal. A su vez, apuesta por la promoción del Voluntariado, como herramienta para crear vínculos solidarios e interculturales.

 

 

¿Qué diferencia a Kiango ONG de otras organizaciones?

A priori y pensando más en grandes organizaciones, la ilusión y el entusiasmo, que siempre surgen de manera espontánea, diría que casi arrolladora, cuando se parte de un proyecto personal y sobre todo, cuando lo que se hace es por vocación.

 

¿Y no existe el peligro de que la ilusión se pierda con el tiempo?

Si algo genera felicidad, es difícil que la ilusión se agote y a mí personalmente, ayudar a los demás me hace muy feliz. Me siento totalmente realizada con lo que hago y mis compañeros también. Difícil que eso pueda cambiar alguna vez.

 

Lleváis poco más de un año trabajando ya con identidad propia. ¿Qué dificultades han surgido en el camino?

Algún tema burocrático en el momento de la constitución como asociación, pero por suerte no ha habido grandes obstáculos para poner en marcha el proyecto.

 

¿Y facilidades?

Muchas, la más relevante el apoyo de personas o entidades que han dedicado tiempo, interés y otros recursos, personales o profesionales, a colaborar en esta “aventura solidaria”, mención especial a mis compañeros, que creyeron en la idea desde el primer momento.

 

 

¿Cómo se financia Kiango ONG?

Con aportaciones voluntarias de colaboradores, ya sean particulares o empresas. Por suerte apenas existen gastos fijos y podemos destinar prácticamente todos nuestros fondos a proyectos de ayuda al desarrollo, que es nuestro fin como asociación.

 

¿Cuál ha sido vuestro primer proyecto?

Un proyecto de Voluntariado en Costa Rica, con la doble intención de ayudar a personas en situación de vulnerabilidad económica o social y de llevar a los participantes al intercambio cultural, a conocer realidades diferentes a la nuestra. Allí trabajamos principalmente con niños y familias acogidas en el centro de la Faithful Servant Missions (FSM), organización que apoya a las personas más humildes de la comunidad de Bajo Tejares: realizamos un taller de creación de juguetes a partir de materiales de desecho, actividades de teatro y cuentacuentos y un torneo de fútbol, que para nuestra sorpresa, tuvo un gran éxito y una amplia participación. Por otro lado, estuvimos realizando mejoras en la vivienda de una madre de familia que contaba con muy pocos medios para ello. También pasamos varios días con los niños y trabajadores de un orfanato local, quienes nos habían solicitado realizar varios murales infantiles para alegrar el entorno del centro. Además, colaboramos con una asociación de ayuda a mujeres emprendedoras llamada Ready to Empower, ofreciendo talleres de autoestima, mejora de negocio, dibujo y pintura, nutrición, etc.

 

¿Cómo fue el balance de esa primera experiencia?

Tanto el viaje como los preparativos fueron todo un reto, a muchos niveles. El balance es positivo, por los pequeños logros alcanzados y por el aprendizaje, no solo como organización, también en el plano personal.

 

¿Con qué tipo de apoyo contáis normalmente en terreno?

Siempre trabajamos con un socio local, que suele ser otra ONG o asociación. El papel de un partner en destino es fundamental y suele suponer el cincuenta por ciento del éxito de un proyecto, esto es así porque dicha contraparte conoce bien el contexto y la situación sobre la que se está actuando, proporciona la información necesaria para gestionarlo todo, coordina los traslados, procura la seguridad del grupo, etc.

 

 

¿Cuál es vuestro perfil de voluntario?

Personas cuya principal motivación sea la de aprender y colaborar, que sean positivas y tengan una actitud muy flexible ante la realidad que se les presenta delante. En mi opinión, el mejor voluntario es el más humilde, ya que cuando alguien quiere ayudar, pero está lleno de sí mismo, surgen bloqueos a muchos niveles. La perspectiva del voluntario debe ser la de trabajar juntos y de igual a igual, ya que no se trata tanto de dar o recibir, sino de compartir.

 

Las personas que participan en este tipo de viajes, dicen que cambian su visión de las cosas, que al regresar valoran más lo que tienen.

Es cierto, en general es así. Pero a mí me pasa un poco a la inversa. Cuando viajo me hago más consciente de nuestras carencias. En otros lugares tienen interiorizados valores que a nosotros nos suponen un esfuerzo o una elección: en las comunidades se apoyan los unos a los otros sin necesidad de pensarlo, se organizan de forma fácil y rápida, respetan la Naturaleza, los ancianos son referentes familiares y sociales, etc. En entornos humildes y sobre todo rurales, encuentras detalles de sabiduría allá donde mires.

 

¿Quieres decir que en los países del Sur “todo es bueno”?

Sería de mucha ingenuidad pensarlo, también hay tradiciones que espantan, como pasa en Europa, con la diferencia que aquí son más sofisticadas. Al hablar de nuestras carencias me refiero, por ejemplo, a que la tecnología y el confort material nos hacen creer que somos el súmmum de la evolución y nada más lejos de la realidad, nos generan una dependencia y una comodidad desmedidas, que al final se convierten en un lastre personal y social. Lo preocupante es que con la globalización, existe el riesgo de pandemia de esta tendencia.

 

¿Y no existe vacuna para ello?

Creo que deberíamos practicar menos la indulgencia con nosotros mismos y nuestros hábitos, especialmente los de consumo, es decir, generar más autocrítica y actuar, no quedarnos en la simple reflexión sobre el tema. Y mirar otras culturas con una perspectiva de interés y aprendizaje reales, no desde el podio etnocentrista al que nos subió la Revolución Industrial…

 

 

¿Qué opinas de los que dicen que primero hay que ayudar a los de aquí?

Es un tema que suele generar controversia, porque es verdad que hay mucha gente que (también) en este sentido es muy patriota. Yo creo que existen muchas causas en las que invertir tiempo y recursos: la defensa de los animales, la protección del medio ambiente y la cultura, los derechos de las mujeres, etc. y en diferentes lugares del mundo, todas merecen el mayor respeto. Lo importante es ayudar y tiene que haber personas y colectivos que apuesten por ofrecer ayuda de todo tipo, sin discriminación por el aquí o allí, cerca o lejos, todos son importantes. La solidaridad es un valor al que no hay que ponerle barreras.

 

¿Cuál es vuestro objetivo a corto y medio plazo?

El aprendizaje, sin ninguna duda. En este sector hay muchos temas sobre los que aprender y muchos profesionales a los que seguir y admirar, nuestro afán siempre va a ser el de adquirir nuevos conocimientos y acumular experiencias. El objetivo es poder llegar cada vez más lejos en cuanto a la cantidad y calidad de nuestras intervenciones.

 

¿Y vuestro próximo proyecto?

Estamos formando un grupo de voluntarios para viajar a Nicaragua este verano. Allí queremos trabajar con asociaciones dedicadas al amparo de niños y adolescentes empobrecidos, que tienen dificultades tanto para alimentarse, como para acceder al sistema educativo. Además de la parte de voluntariado, como organización tenemos la intención de dar un salto cualitativo e implantar un proyecto de desarrollo que genere un impacto en la comunidad a medio y largo plazo. Para ello tenemos que hacer un buen análisis de la realidad que vamos a encontrar en este primer viaje. Esto supone una gran responsabilidad, pero también un gran estímulo.

 

 

 

 

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