La transgresión, a veces un respiro

19/03/2017

 La transgresión, a veces un respiro
/
/
/
La transgresión, a veces un respiro

En ocasiones la cotidianidad puede pesar demasiado si lleva pegada siquiera a ratos un algo de aburrimiento y quizá  a eso debía referirse Baltasar Gracián al escribir que la repetición es la carcoma que corroe todas las cosas. El esfuerzo continuado, si aplicado un día tras otro a los mismos empeños, corre el riesgo de transformar la ilusión en inercia. Y de ahí a la anestesia media poco trecho.

 

¿Qué vamos a hacer con nosotros los próximos treinta años?, se preguntaba Daisy, el personaje femenino de la novela El gran Gatsby, y su duda llevaba implícito el temor al tedio que también puede acompañar, por mucho que nos esforcemos en evitarlo, algunas de las decisiones que tomamos tiempo atrás e intentamos mantener por coherencia y amor propio: los diez mil pasos diarios o proseguir con la mejora del inglés (aunque sólo fuera por distinguirnos del presidente Rajoy, glosado en el post anterior), intentar no perder comba en los temas que nos han interesado desde antiguo o seguir con este blog. No sé si me explico y, de no ser así, para entender lo que quiero decir será de ayuda hacer memoria sobre cómo veían de aburridos, algunos escritores, a los ciudadanos de según qué paises (los españoles hemos llevado tradicionalmente el marchamo de la pandereta contra el hastío). Henry Miller escribía en Los días de Clichy que la única preocupación de los luxemburgueses estribaba en decidir en qué lado del pan untar la mantequilla. Y Baudelaire, experto en aburrimientos, aseguraba que Bélgica era capaz de devolver la virginidad al más voluptuoso.

 

 

Ignoro cuánto habrá de cierto en lo anterior, pero tengo por seguro que no únicamente en esos lugares precisan los corazones de novedad. Y de ahí el título. Por eso entiendo la peculiar vestimenta del actual presidente del Parlamento Balear, Balti Picornell; las meadas a la entrada de cualquier garaje, con nocturnidad o, si me apuran, incluso alguna salida de tono del impresentable Trump. En mi caso no entraré en detalles, pero me vengo planteando el tema de vez en cuando; alguna que otra mañana al repasar el orden del día. Porque da que pensar (y dice poco en favor de uno) tanta disciplina que parece un credo sólo transgredido, si me apuran, cuando se tira la basura a deshoras.

 

 

Más textos de Gustavo en su BLOG

G
Gustavo Catalán

Artículos recomendados

La gran pregunta: ¿Cine o Serie?. Exijo juicio por combate

[CRÍTICA] ‘Múltiple’: M. Night Shyamalan nuevo maestro trilero

S'Ombra, el bar de la Absenta

La Amazonia, en trance de extinción