Metallica, ‘Hardwired…To Self-Destruct’: ventajas y desventajas de ser libre

24/11/2016

Metallica, ‘Hardwired…To Self-Destruct’: ventajas y desventajas de ser libre
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Metallica, ‘Hardwired…To Self-Destruct’: ventajas y desventajas de ser libre

En Metallica son unos privilegiados, y lo saben. Desde que en 1983 sacaron a la venta su primer disco ‘Kill ‘Em All’, han podido desarrollar la música que han creído conveniente, sin restricciones ni presiones, gracias a su innovación, junto con un talento innato. Esto les ha llevado a evolucionar, reinventarse, nunca encasillarse, experimentar, para volver a reinventarse otra vez.

 

Esto, para un músico famoso, puede ser un arma de doble filo, puesto que se puede encender “el piloto automático” dando a los fans lo que esperan sin ahondar con un paso más allá, porque las ventas están aseguradas (ej.: Rolling Stones, AC/DC). O bien, es posible despertarse y acostarse cada día con la música como instrumento de trabajo, o hilo conductor de la vida, hasta el fin de ella (ej.: David Bowie, Leonard Cohen, Lemmy Kilmister). Metallica son del segundo tipo de músicos, motivo por el cual no se han despegado de la cúspide nunca. Con altibajos, crisis, pérdidas terribles, problemas personales, como todo hijo de vecino, pero siempre al pie del cañón.

 

 

Tras ocho años de sin añadir nuevas canciones a su repertorio, el día 18 de noviembre sacaron a la venta ‘Hardwired…To Self-Destruct’ (Conectado (por cable) a la autodestrucción), continuación de esa bomba de relojería que fue ‘Death Magnetic’. Este álbum supuso el sempiterno “regreso a los orígenes de Metallica”, que en realidad no lo fue, ya que simplemente significó un cambio natural tras el horrible (salvo pocas excepciones) ‘St. Anger’ y el “sálvese quien pueda” en forma de abandono del segundo bajista oficial que había tenido en su carrera el grupo: Jason Newsted (Ron McGovney no llegó a grabar discos oficiales).

 

‘St. Anger’ contó con el bajo de su entonces productor Bob Rock, y ‘Death Magnetic’ supuso el primer disco de la banda con Robert Trujillo a las cinco cuerdas. Por ese motivo, el giro en su carrera musical era obvio, principalmente por la mentalidad mucho más fuerte de Trujillo, que supo manejar desde el principio los egos del grupo, integrándose como un miembro más, cosa que jamás hizo Newsted. Este fue muy querido, pero como él ha reconocido en múltiples entrevistas, hasta llevando doce años en la formación siempre fue “el nuevo”. Otro factor importante para el regreso de Metallica al más duro metal fue la necesidad de demostrarse a sí mismos que eran los reyes en esto, al tiempo que necesitaban recuperar la fe de sus seguidores, que se vio muy perjudicada desde la marcha de Jason y el mencionado castigo que fue ‘St. Anger’.

 

 

‘Hardwired…’ es la confirmación de ese trabajo de 2008, pero es de agradecer que guarda su propia personalidad, manteniéndose alejado de cualquier disco anterior, con pequeños matices y excepciones. Mucho ignorante les ha llegado a tachar de vagos, por tener cumplidos más de treinta años de existencia con solo diez álbumes de estudio bajo el brazo, pero lo cierto es que son una banda que jamás dejan de trabajar, cada año sacan algún producto al mercado, ya sea en forma de edición especial, película, EP, o similar. Pero la esencia de este grupo es el directo. Cualquier persona que les haya podido ver, en vivo, o en un vídeo, habrá podido comprobar que no hay concierto malo de estos cuatro enfermos de la música, ni repertorio que deje indiferente. Las giras de Metallica suelen duran cerca de cuatro años. Las giras oficiales de sus discos, algo que no les impide participar en todos los festivales posibles, actos benéficos, reuniones (en 2010 la gira “Big Four” juntó en el escenario a Anthrax, Megadeth, Slayer y Metallica… casi nada), etc.

 

 

Su décimo trabajo de estudio es el fruto de los pocos tiempos muertos que han tenido desde 2008 hasta 2015, momento en el cual entraron oficialmente a componer, grabar y producir. No quiere esto decir que sea un compendio de canciones escritas en un cuarto de baño, ni de camino a la guardería de los niños (los cuatro miembros son padres), sino que han llegado cuando la inspiración es más fuerte, las emociones están a flor de piel, por no hablar de las altas dosis de adrenalina que genera un concierto, o cuatro en una semana durante varios años. Un escritor no saca a relucir su máximo talento cuando lleva varias semanas mirando al techo, o viendo el paisaje, por lo general, sino que escribe sus obras maestras cuando la sangre fluye por su cerebro con mayor rapidez por las vivencias del día a día. Multipliquemos eso por diez debido a la sensación de tocar tus canciones delante de más de quince mil personas cada noche.

 

Es un disco nacido del directo, y por eso, como todo buen concierto, tiene sus momentos álgidos, gloriosos, junto a otros en los que se puede aprovechar para beber agua, ir al baño, o mirar si ha terminado la lavadora. Eso sí, sin olvidar que estamos hablando de Metallica, una de las mejores bandas de la historia, en general, no solo del rock, del metal, del heavy o dónde se quiera encasillarlos. Se divide en dos discos, de seis canciones cada uno, totalizando casi ochenta minutos totales de música. Además, en su edición Deluxe se pueden encontrar un tema inédito, tres versiones, además de diez canciones en directo.

 

El primer disco es una joya, resaltando muy por encima del segundo, con el grupo gustándose, gustando y con James Hetfiled sacando a relucir sus riffs imposibles. Este hombre es una fuente inagotable de melodías, demostrando acorde tras acorde que lleva el rock en las venas. Lo que se descubrió con ‘Death Magnetic’ se confirma con creces aquí: Lars Ulrich y Robert Trujillo nacieron hechos el uno para el otro. Los expertos siempre han comentado que una banda funciona cuando la batería y el bajo suenan en sincronía completa, generalmente siendo el segundo el que maneja los tempos del primero. Ulrich suele ser un amante de la improvisación, que maneja su virtuosismo en función del conjunto de la canción con todos sus instrumentos. Esto suele salirle bien, pero en no pocas canciones de sus discos le ha llevado a quedar un poco “a su aire” dejando cojos algunos temas. Pero desde que Trujillo entró en su vida, nada de eso pasa. Se complementan perfectamente, dándole a ambos instrumentos una potencia que pocas veces se ha escuchado con tanta precisión, además de buen hacer. De hecho, la batería suena, en el resultado final de la producción, probablemente como la mejor desde el “Black Album”, o incluso mucho mejor, porque en esta obra maestra la batería está grabada un par de puntos por encima del resto, motivo por el cual las canciones de esa maravilla suenan a Godzilla arrasando ciudades.

 

 

No es ni mucho menos la lata de conservas que fue la batería de ‘St. Anger’, ni el destroza tímpanos que fue ‘Magnetic’. Por cierto, algo también muy mejorado con respecto a ese disco es el equilibrio general. Muchos seguidores se quejaron de que su anterior obra retumbaba demasiado, quizás por el deseo de la banda por sonar bestiales, lo que en muchos de los cortes era cierto. Pero eso no pasa en este nuevo combo de temas nuevos, donde se aprecia notablemente que la balanza maneja los mismos pesos, a grandes rasgos.

 

Se echa mucho en falta algo más de protagonismo por parte de Kirk Hammet, que solo tiene momentos de genio en tres o cuatro cortes, aunque claro, estamos hablando de uno de los mejores guitarristas de la historia, por lo que siendo la exigencia máxima, no excluye eso que los temas en que no saque su magnificencia sus solos no sean buenos. Con Hammet sucede que es tan bueno que a veces parece aburrirse o se conforma con dar retazos de su talento, lo que para otros sería dejarse la vida. Eso sí, James y él han alcanzado un nivel doblando sus guitarras rítmicas que asusta, porque se les nota disfrutar incluso sin verles. Prueba de ello son algunos de los momentos más memorables del disco.

 

 

Lo peor, o lo más achacable, más bien, es la enorme diferencia que hay, como mencionamos anteriormente, entre el disco uno y el dos. De los seis primeros cortes, muy probablemente cuatro acaben siendo clásicos, sino los seis, aunque es complicado.

 

Aunque si hay algo muy, muy criticable que asignar al disco son sus letras, muy poco trabajadas en su mayoría. De acuerdo, la frase “exit, light, enter, night, take my hand, we’re off to never, neverland” de ‘Enter Sandman’ no es que sea un ejemplo en las clases de literatura moderna de las universidades, pero aun siendo una rima facilona, encajaba a las mil maravillas con los instrumentos de todo el estribillo. Aquí no sucede eso, llegando incluso a producir cierta vergüenza ajena escuchar algunas frases, casualmente, en la mayoría de temas del disco dos, casi nunca en el uno. Y ya no solo es la composición de las frases, sino que en muchos casos parecen palabras elegidas al azar unidas solo para poder cantar algo. Metallica sabe de sobra que para eso se inventaron las canciones instrumentales, las cuales ellos han creado muchas veces de manera prodigiosa. Los muy criticados ‘Load’ y ‘Reload’, contienen las mejores letras de la banda probablemente de toda su carrera, pero no supieron acompañarlas, en algunos casos, de música tan poderosa como lo fueron sus frases.

 

Estamos, por otra parte, ante una de las mejores obras de la banda a nivel de producción. Se podrá criticar un tema u otro, pero escuchando cada canción se disfruta de una grabación impecable, casi perfecta. “Black Album” fue una bofetada en la cara, con la mano abierta, pero este trabajo es un puñetazo que deja al borde del KO.

 

Hardwired’ es un trallazo con el que presentaron el álbum, con las melodías pegadizas y los estribillos inspirados de siempre, con James y Kirk doblando guitarras de manera espectacular.

 

 

Atlas, Rise!’ cuesta entenderla al principio, pero al final acaba convertida en una pieza que marca Lars con el bombo el paso de los demás instrumentos, en una canción muy divertida, aunque suene raro calificarla así.

 

 

Now That We’re Dead’ y ‘Dream No More’ ponen sobre la mesa todo lo que la banda sabe hacer mejor como tal. Es decir, son dos cortes que definen muy bien por qué Metallica son Metallica. Por qué una banda es una banda, sobre todo con éxito: por la compenetración. Estos dos temas derrochan esta virtud al máximo, consiguiendo que no sobre ni un solo acorde, ni un golpe de caja.

 

 

 

Moth Into Flame’ es la candidata número a uno a mejor canción, por ser una melodía arriesgada, muy difícil musicalmente, con líneas de bajo nunca escuchadas desde ‘Ride the Lightning’, de nuevo, muy bien acompañado por una percusión gloriosa del Señor Ulrich; James cantando como nunca, destrozando las cuerdas de su guitarra, junto al Kirk Hammet más inspirado y brillante de todo el disco.

 

 

Halo on Fire’ parece sacada más de las últimas sesiones del ‘Reload’, pero como si este hubiese sido grabado con Trujillo, no con Newsted. Es una de esas canciones épicas con las que James lo da todo en todo, mientras los demás son portadores del resto de objetos necesario para que la procesión no decepcione a nadie. Es un tema muy, muy redondo.

 

 

Pero con el segundo disco uno se queda completamente descolocado, porque la calidad musical solo se mantiene (son Metallica, al fin y al cabo), pero el resto es muy mejorable, por no decir descartable:

 

Confusion’ es el primer corte, que nos rebela con su título lo que está por venir, aunque bastante aceptable, a pesar de ser algo repetitivo, además de carecer de carisma o gancho. Solo pasable.

 

 

ManUNkind’ es un tema escrito por los dos de siempre (Lars, James) junto a Trujillo, que mantiene la calidad del primer disco hasta que se adentra en el estribillo y en la parte previa al final, aburriendo en algunas fases. Iba para temazo, pero aquí no encontró Hetfield la fórmula de la melodía pegadiza de siempre.

 

 

Mención aparte son ‘Here Comes Revenge’, ‘Am I Savage’ y ‘Murder One’. Las dos primeras serían buenas canciones como “bonus tracks”, o temas a añadir a la edición single de algún corte del disco uno, pero la tercera es con creces la peor canción de todas, haciendo buenas a muchas del ‘St. Anger’. Duele mucho más, si cabe, al ser este tema su particular homenaje al fallecido maestro Lemmy Kilmister, líder de una de las bandas más influyentes de su carrera: Motorhead. Ni los riffs enganchan, ni la letra parece rimar, ni ninguno de los cuatro parece estar a gusto tocándola. Da la impresión de que se veían en la obligación de escribirle una canción al bueno de Lemmy, pero olvidando que quizás este no se pondría a escucharla ni esperando al autobús.

 

 

Pero afortunadamente este grupo siempre se guarda un as en la manga para la partida final, algo que se les da muy bien. De ahí nace el mejor corte de los doce del conjunto de la obra completa, o sino, uno de los dos mejores: ‘Spit Out the Bone’. De principio a fin esta canción es una obra maestra, con el equilibrio mencionado anteriormente, la compenetración, acompañado del talento de los cuatro músicos en su máxima expresión. Empezando por un James pletórico, tanto a las voces, a los coros, como con su rítmica; Lars y Robert a lo suyo, maravillando; y Kirk volviendo a ser ese loco de antaño, que basaba sus solos en lo que había aprendido de Jimmy Hendrix y Joe Satriani.

 

 

Como decíamos antes, la edición especial del álbum contiene cuatro temas extra. Pues bien, esto es otro de los enormes errores imperdonables de la banda. De los pocos que se le pueden achacar, en líneas generales. Básicamente porque ‘Lords of Summer’ merecía por derecho propio ser parte “oficial” del disco. Esta canción se compuso el año pasado, momento en el cual estuvo pulido se presentó en directo durante la mayor parte de sus conciertos, dejando al público muy buen sabor de boca, incluso con ganas de más.

 

Es una canción que parece dedicada a ellos mismos, calificándose “señores del verano”, por la bestialidad de conciertos que acumulan en sus giras, especialmente durante esa época del año. Con un riff tremendo, un solo de Kirk de esos que dejan con la boca abierta, imposibles de ejecutar por los simples mortales, además de unas melodías conjuntas poderosas, con el santo y seña de la banda en un pedestal.

 

 

Los otros tres cortes extra son sorprendentes, por ser versiones raras, muy inesperadas, especialmente ‘Remember Tomorrow’ del primer álbum de Iron Maiden, con Paul Di’Anno a las voces. ‘Ronnie Rising Medley’ es un compendio de varias canciones de Rainbow y Ronnie James Dio, en homenaje a este último; y ‘When a Blind Man Cries’ es una prodigiosa versión de un tema de Deep Purple.

 

‘Hardwired… To Self-Destruct’ es nueva etapa de Metallica, que seguramente cerrará cuando en unos años saque su undécimo disco, tras miles de conciertos, pero deja muy clara la dirección tomada por la banda, de la cual dieron maravillosas pistas con su anterior trabajo.

 

 

Cada disco de Metallica ha llegado en largos periodos de tiempo, lo que hace muy reconocibles sus estados de ánimo, sus cambios personales, tragedias o necesidades, pero con esta nueva compilación no acaba de quedar muy claro, salvo por el hecho de haber sido concebido entre giras. Sus tres primeros discos llegaron en pleno proceso creativo de juventud, por eso, aun hoy en día, siguen sonando frescos e innovadores. ‘And Justice For All…’ nació precipitadamente tras la muerte de Cliff Burton, con la necesidad imperiosa por parte del grupo de utilizar sus canciones como la mejor terapia para superar tan dura tragedia. Por eso es una obra maestra musical, pero con una de las peores producciones que se recuerdan, especialmente la batería, aunque las guitarras también quedaron marcadas muy planas. Con el llamado ‘Black Album’ decidieron asumir la muerte de Burton, intentando, muy tímidamente, integrar a su sustituto, Newsted, viviendo con mucha alegría la vida, de ahí sus cortes pegadizos y potentes. ‘Load’ y ‘Reload’ llegaron tras unos duros años de gira del anterior disco, excesos, peleas, gira conjunta con Guns ‘N’ Roses, accidente de Hetfield (se quemó por varias partes del cuerpo tras la explosión de unos efectos al inicio de ‘Fade to Black’). Así, acabaron hastiados, se cortaron el pelo, decidieron pisar el freno, para explorar además nuevas formas de tocar. Es una etapa muy incomprendida de la banda, que el tiempo dará más valor, porque está llena de señales y matices brutales. En ‘St. Anger’ ya sabemos que pasaron su peor crisis: Hetfield tuvo que ponerse en tratamiento por su adicción al alcohol, Jason Newsted saltó del coche en marcha, viendo lo que podría llegar; James y Lars a punto estuvieron de romper su larga amistad por la adicción del uno, la oculta del otro (cocaína) del otro, además de una pérdida total de la identidad a la hora de componer; Kirk Hammet, como siempre, pasaba por ahí…

 

Y por último, con ‘Death Magnetic’ llegaron a su mejor momento, limpios, con las prioridades muy claras, es decir, primero ellos y sus familias, y después su trabajo. Robert Trujillo tuvo mucha culpa de la vuelta al camino de la banda, por su manera de ser extrovertida, su pasión, su virtuosismo al bajo, por supuesto, por no hablar de que jamás se ha sentido inferior a los otros tres miembros.

 

La muerte de Cliff Burton supuso un antes y un después para la historia del grupo, pero de no haber sucedido muy probablemente la mitad de sus discos nunca habría existido, dado que el bajista era el verdadero talento del grupo. Pocas veces se ha visto tocar un bajo como lo hizo él, ciertamente, además de que siempre fue demasiado bueno para Lars, James y Kirk, le pese a quien le pese. Ellos son genios, pero él era una leyenda. Lo bueno para ellos, además de para sus fans, es que eran muy amigos, por lo que una separación habría sido una utopía.

 

 

Hace dos años, cuando Foo Fighters sacó al mercado si último trabajo de estudio ‘Sonic Highways’, su batería Taylor Hawkins comentó que les había costado más de quince años ponerse al nivel de Dave Grohl, su líder. Era una manera de explicar que cuando hay un talento superior, solo las ganas, acompasadas por la pasión, consiguen que alguien no se rinda, pero que cuesta mucho trabajo lograr equilibrar todas las balanzas.

 

Algo parecido sucedía con Burton, era demasiado bueno, un adelantado a su tiempo, por lo que al resto del grupo le habría costado mucho, o quizás no lo habrían conseguido nunca, ponerse a su mismo nivel de calidad y talento. Con Trujillo eso no sucede, porque tiene el mismo nivel que los otros tres. Por eso es raro que algún día, con esta formación, vayamos a escuchar un disco bueno a secas de la banda. Lo mínimo será un excelente.

 

 

CALIFICACIÓN: 8.2 / 10

 

Lo Mejor: la compenetración de la banda. La combinación Lars/Robert y James/Kirk. La libertad de poder hacer lo que les da la gana.

 

Lo peor: la libertad de poder hacer lo que les da la gana. El disco dos (salvo la obra maestra ‘Spit Out The Bone’). Unas letras, en su mayoría, muy pobres, tirando a malas.

 

Dani  García
Dani García

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