Motines, esclavos y Pitcairn

27/11/2016

Motines, esclavos y Pitcairn
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Motines, esclavos y Pitcairn

Mi querida mujer, lectora voraz, inteligente, desubicada en esta era, me recuerda que ha leído un libro llamado el “Atlas de las islas remotas. Cincuenta islas en las que nunca estuve y a las que nunca iré”, de Judith Schalansky. Todo esto porque en el impás de perderme por la Wikipedia, no sé por qué demonios llegué a las islas Pitcairn o fue primero a la desbaratada travesía del Bounty, en busca del árbol de pan. Cualquiera de las dos. El caso es que le taladraba en un paseo por Palma, anocheciendo, intentando transmitirle lo que me había flipado la historia. Cuando creí que no me seguía los pasos, me salió con el atlas éste, que es puntazo. Un recorrido intercontinental, transoceánico. Historias breves, a penas de una página con la ubicación y curiosidades de las islas. Pero bueno, quiero contaros lo del Bounty y sus incautos.

 

¿Os imagináis lo que era ser un marinero en el siglo XVIII?. Sin riesgos laborales ni sindicatos. Sin saber cuánto duraría el viaje o si volvería vivo de aquella masa azul e interminable. No consigo meterme en la piel de ninguno con el ordenata y el polarcito, acurrucado escuchando al gran Chet Baker. Lo que sí tengo claro es que son hombres y mujeres extraordinarios, dignos del mayor de los respetos, que supieron vivir en cualquier circunstancia y a los que tenemos que agradecer estos momentos de terciopelo.

 

El HMS Bounty fue un barco de la armada británica cuya principal misión en el viaje que vamos a narrar, era la recogida del árbol del pan o frutipán que crecía en Tahití, y transportarlo para alimento de los esclavos de las colonias inglesas en el Caribe. Un viaje impredecible. La ruta a seguir era a través del cabo de Hornos (Chile), allí donde habréis oído que el que sobrevive al tormento de los cabos más peligrosos puede colgarse un pendiente como muestra de su hazaña, en este caso, en el lóbulo izquierdo. En aquel 1788 las fuerte tempestad y los vientos continuos impidieron rebasar ese cabo y el capitán William Blight tuvo que decantarse por volver al Atlántico y arribar a su destino a través del cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica), (lóbulo derecho). Tahití es un paraíso y no quiero pensar lo que se encontraron aquellos marineros tras 10 meses de navegación. Una vez cargados los árboles, se calcula que unos 1050 plantones, se dieron a la vida placentera, comer, dormir y follar. A pesar de que no surgieron tensiones durante el viaje, en el proceso de recolección sí hubo desavenencias entre miembros de la tripulación, sobretodo entre Blight y el oficial adjunto al segundo de a bordo Fletcher Christian. Lo que parecía una simple espera hasta que los mares se calmaran, se convirtió en la semilla de un motín.

 

 

Cuando en abril de 1789 el Bounty se hizo a la mar, nada hacía presagiar que unos días después, de madrugada, Christian y algunos acólitos tomarían el puente de mando, armados y con ganas de justicia. Retenido Blight y sus leales, se decidió subirlos a un bote con víveres para 5 días y dejarlos a la deriva. Los amotinados, unos 25, de los que realmente implicados, había una docena, volvieron a Tahití. El capitán decidió poner rumbo al puerto holandés de la isla de Timor a la que llegaron tras 47 días de navegación habiendo recorrido 6500 Km. Sí amigos, a eso me refiero cuando digo que no se de qué pasta estaban hechos estos hombres. Los amotinados vivían entregados al paraíso. Pero les llegaron noticias de que Blight y sus hombres habían conseguido tomar puerto y supusieron que toda la armada británica iría a por ellos. Así fue como un grupo decidió huir secuestrando a varias mujeres y hombres, incluido un bebé y buscar refugio en otro lugar. Mientras navegaban se toparon sin querer con unas islas que según el mapa estaban ubicadas a unos 350 Km de lo que indicaba. La isla Pitcairn (Oceanía) era perfecta. Ese error podría mantenerlos alejados de la justicia. Se cree que esta isla ya había sido ocupada por pobladores polinesios en el 800 dC, de hecho hay pinturas en algún acantilado que dan veracidad a esta afirmación. Tras prender fuego al barco y borrar cualquier rastro se instalaron y vivieron durante años enfrentados los unos con los otros por la posesión de la tierras y las mujeres. En 1800 solo quedaban John Adams y varias mujeres y niños. En 1808, Topaz, un barco con bandera norteamericana que cazaba focas, los encontró casualmente y Adams le contó la historia, que no tardó en llegar a Inglaterra. A pesar de se enviaron 2 fragatas británicas de castigo, el almirantazgo no tomó medidas contra Adams, que murió 1829.

 

 

Actualmente los habitantes que residen en la isla son los descendientes de los amotinados del Bounty y de los haitianos secuestrados. Pitcairn es ahora mismo una colonia británica de ultramar, con unos 50 habitantes que viven del turismo y la artesanía. La miel de Pitcairn forma parte del desayuno de la familia real británica por su pureza y calidad. Esta historia que prosigue es el ejemplo de cómo un lugar inhóspito puede resultar un nuevo paraíso para perderse del mundo.

 

Como curiosidad destacar que se han hecho varias versiones cinematográficas de la historia. La primera versión fue la película muda australiana The Mutiny of the Bounty, dirigida por Raymond Longford en 1916. La segunda versión, In the Wake of the Bounty, por Charles Chauvel en 1933. La tercera versión es Mutiny on the Bounty (1935), por Frank Lloyd. En España se tradujo como Rebelión a bordo. La cuarta versión es Mutiny on the Bounty (1962), por Lewis Milestone y protagonizada por Marlon Brando. La quinta es The Bounty (1984), por Roger Donaldson.

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