Ficciones Multiplicity (Arroç Brut VI)

Multiplicity (Arroç Brut VI)

Ayer busqué en google mi nombre y en el primer resultado salió el perfil de facebook de otra persona.

 

Tenía el perfil abierto y pude mirar sus publicaciones. Primero me fijé en sus gustos musicales, con los que coincidimos al cien por cien; después gustos literarios, otra magnífica coincidencia; y con el cine, lo mismo.

 

¿Qué probabilidad hay de que esto suceda?

 

Me fui a su muro. Revisé sus publicaciones. Estados, inquietudes, encuestas y comentarios… ¡Aquello parecía un asalto a mi intelecto! Nos preocupan las mismas cosas, reaccionamos igual a ciertos comentarios y sobre todo usamos los mismos emoticonos para reaccionar en publicaciones ajenas.

 

En sus fotos había carteles de eventos, muchos conciertos de bandas que me encantan y algunos retratos suyos en los que casi no se le veía (eso es muy mío también).

 

Entré en su información y había muy poco. Yo hago lo mismo, oculto cosas verdaderamente personales y dejo que se haga público lo menos importante. En ese apartado apareció la primera diferencia y mis ojos se detuvieron para analizar lo que decía. Donde Facebook nos dice que pongamos nuestra profesión, él contestó “escritor”.

 

Una sola palabra marcó la diferencia de dos perfiles muy parecidos. Y ahí nació mi envidia. Él es lo que yo quiero ser. Parece una tontería pero no podía dejar de pensar en cómo sería mi vida siendo escritor.  

 

Desconecté. Seguí con mis cosas. Al rato volví a conectarme, volví a visitar lo visitado. Desconecté. Me serví un café. Pensé en dejarlo todo y dedicarme a la escritura. Volví a conectarme e hice algo que nunca había hecho, le escribí un mensaje a un desconocido.

 

No tenía claro el qué, pero tenía que decirle algo. Empecé a escribir y borré todo unas cuantas veces. Dejé un mensaje preparado para enviar en el que, en resumidas cuentas, le insinuaba que me gustaría conocerlo, y dejé el móvil un rato para pensar si lo enviaba.

 

Después de unos minutos cogí el teléfono y le dí a la tecla “enviar” casi impulsivamente. Sólo me dio tiempo a eso, la batería de mi móvil últimamente está un poco inestable y de repente se apagó. Lo conecté e inmediatamente me llegó la notificación de un mensaje de facebook.

 

Era mío. Yo me escribí a mí mismo y sin darme cuenta todos estos años había creado un perfil de la persona que me gustaría ser.

 

 

Los relatos de Pato Conde

Foto de portada: Tià Urrea