Reportajes One foot in the grave

One foot in the grave

En 1946 mientras servía al ejército de EEUU, un joven soldado llamado  Alfred Earl Hansen, se fijó un apartamento en un quinto piso que había sido bombardeado. Todo el salón estaba a la vista dado que se habían caído las paredes y el edificio en sí, estaba a punto de colapsar. Se asomaba un piano en un equilibrio frágil que parecía estar a punto de precipitarse. “Al” subió con la idea de empujar el piano al vacío. Lo hizo y el sonido retumbó largamente. Nadie había escuchado nunca un piano igual.

 

Al acabar el servicio, de regreso a EEUU, daba forma una evolución artística de lo más rica como músico, profesor de arte y artista gráfico  mientras a nivel teórico sentaba las bases de los happenings y otras formas inusuales de expresión artística. Amigo y colaborador de John Cage, participó en el movimiento Fluxus mientras se relacionaba con Yoko Ono, Georges Maciunas y Andy Warhol. Entre su obra gráfica destacan los collages con envoltorios de caramelos, colillas y pintura.

 

 

Posiblemente sea eso mismo, el collage, la principal herencia que le une a su nieto, referido a la habilidad para tomar elementos sin ningún nexo en común y combinarlos para crear una realidad completamente original. Eso y el planteamiento de sus conciertos como performances.

 

Su nieto, llamado Bek David Campbell se hizo famoso como Beck Hansen cruzando folk, hip-hop, rock, blues y todo lo que se pusiera a tiro.

 

Justo después de saltar por los aires la cabeza a medio mundo con la publicación de Mellow Gold, todos esperaban que se desvaneciera el huracán Beck  como tantos one hit wonder. El acuerdo con Geffen Records para su contratación le permitía seguir publicando en sellos independientes sus grabaciones " comercialmente inviables". De esta forma, pocas semanas después de Mellow Gold vieron la luz "One foot in the grave" y "Stereopathetic Soul Manure". El primero, primitivo y fuertemente arraigado en el folk y blues americano. El segundo, sin duda, una auténtica marcianada: esbozos de canciones, samplers lo-fi, ruido de garrafón... el Beck más crudo que recoge en parte el testimonio de los últimos años en los que había grabado de todo y por todas partes, en su trayectoria vital.

 

 

 

Atrás quedaron los días del Anti-folk, de la esquizofrenia provocada por tener el corazón partido entre el blues del delta y el breakdance, de sus fallidas incursiones en la escena punk de Nueva York, de los trabajos de mierda, de hacer de cada concierto una performance en Los Ángeles, de homenajear a su abuelo subiendo al escenario con un casco de soldado Imperial a hacer el cabraloca provocando, improvisando, friendo las neuronas del respetable. El disco  publicado en Flipside es muy significativo de su proceso creativo explosivo e incontinente. La referencia publicada por K Records refleja dos realidades que se cruzan: por una parte, la pasión de Beck por el blues y el folk, esa pasión era la que le había llevado con apenas 14 años a coger la guitarra para reproducir las canciones de Mississipi John Hurt. Por eso el disco se abre con un popular "He's a Mighty Good Leader" atribuido a Skip James y ese sabor de boca añejo permanece a lo largo de todo el album.

 

 

Por otra parte la visión personal de Calvin Johnson, uno de los referentes del sonido lo-fi, una especie de visionario del DIY que había sacudido el estado de Washington con la creación de K Records, la tangibilización de una forma muy personal de entender la música que dejaba atrás la estética grunge y la sustituía por una pléyade de aspirantes a bibliotecarios e investigadores de postgrado. En el imprescindible libro "Nuestra Banda podría ser tu vida",  Michael Azerrad describe con acierto su peculiar trayectoria. Para ilustrar este punto, un temazo que Calvin Johnson vistió para Lois Maffeo, un tótem de la cultura punk con Dub Narcotic Soundsystem. Sublime.

 

 

La edición de "One foot in the grave" por parte de K Records esconde numerosos tesoros. Ocultas tras una capa de sonido casual, sin aditivos, las canciones parecen primeras tomas en las que la frescura se impone a  errores de afinación o ejecución. Panderetas, y otras percusiones de lo más pintoresco adornan la sección rítmica mientras vienen y van coros y arreglos, cuanto menos inusuales. Beck despojado de cacharros se crece y canta al Apocalipsis con voz nasal, entona baladas de amor envuelto en un escenario decadente con una serenidad abrumadora.

 

 

 

Gira todas las cartas sobre la mesa como letrista, ácido y corrosivo pero a la vez agudo y profundo. Sin embargo, asoma una amplitud de miras indiscutible: "Burnt orange peel", "Outcome", "Asshole" no están estilísticamente encajados en lo que denominamos americana pero la inclusión en ese conjunto le favorece. Para la grabación, Calvin Johnson convocó a diferentes músicos de Washington. Las fotos de la carpeta dan testimonio de los personajes que participaron, la mejor referencia que uno podría tener para asimilar esta obra. Algo así como "Que podría usted esperar de estos tipos?".

 

 

Al final, este disco parece ser un oasis, un alivio para Beck, en el que graba temas con un grupo de nuevos amigos sin más pretensiones que las habituales en las grabaciones de K Records, esa libertad, esa voluntad por fluir se refleja en esta joya de belleza oscura y a la vez cautivadora que hoy reivindicamos desde estas líneas.

 

 

 

 

Para leer más historias de David Delgado en su blog.