[CRÍTICA] 'Perfectos desconocidos' (en lo que nos hemos convertido)

[CRÍTICA] 'Perfectos desconocidos' (en lo que nos hemos convertido)

Alex de la Iglesia lo ha vuelto a hacer. Tras muchos años en un barbecho de películas algo alejadas de su esencia, y de ese “mojo” tan característico suyo que encandiló al público con obras como ‘El día de la bestia’ o, especialmente, ‘La comunidad’, el director ha presentado un trabajo a la altura de sus virtudes: ‘Perfectos desconocidos’.

 

El autor vasco ya colgó el cartel de “he vuelto” con esa maravillosa y apocalíptica maravilla llamada ‘El bar’, y solo faltaba que lo confirmara con nuevo metraje. Y así ha sido.

 

Probablemente esta sea la obra más redonda que ha rodado y escrito, o una de las más desbordantes de maestría. ¿Los motivos?:

 

  • Reparto perfecto. Nadie sobra en esta película, y cada personaje está definido perfectamente. Cuando a la media hora de la película el espectador es capaz de imaginar una respuesta, una broma, un detalle e incluso un gesto que llevará a cabo cualquiera de los individuos de una película, es que algo se está haciendo muy bien a la hora de describir cómo es o no una persona de la pantalla. Si además de todo esto, se cuenta con un grupo de actores que se sincronizan, se entienden, inventan la química entre ellos, y hacen suyos sus papeles, pocas cosas podrían no funcionar.

 

 

  • Atmósfera. A pesar de que casi todo el metraje se desarrolla en un único escenario, De la Iglesia ha sido capaz de darle al entorno la profundidad suficiente como para convertirlo en un lugar conocido por el espectador; familiar, con el que se siente identificado. No hay sensación de agobio ni claustrofobia, porque la cámara se encarga en todo momento de abrir los espacios, dar aire y ofrecer cierta sensación de libertad. Eso, también, facilita el trabajo de los actores, y se nota.

 

  • "EL GUION". No le sobra una coma, ni un matiz, un chiste malo, ni una risa, o una discusión. Todo encaja. El autor no ha dado ni una sola puntada sin saber el manto que iba a hilar, y por ello, al concluir la cinta todo son “claaaaro, joder”, “¿y esto? ¡Hostias! Ahora entiendo…”. Y así, sucesivamente.

 

 

  • Colorismo, vestuario y decorados. Aunque en este apartado el genio es Pedro Almodóvar, cierto es que Alex de la Iglesia ha dado un paso más allá, alejándose de los preciosismos, dándole mucha más importancia a los simbolismos y a los matices que convierten, por ejemplo, a un aparentemente insulso jarrón en un golpe de efecto.

 

  • Los tempos. En una época en la cual para contar un viaje en autobús algunos directores necesitan dos horas y cuarto de película, es de agradecer un metraje “a lo Hitchcock”. Es decir, cada escena tiene el tiempo necesario, así como cada primera plano, diálogo, enfoque o plano superficial. Y cuando ya se ha narrado lo que requería la historia, se pasa a otra cosa (mariposa), sin deleitarse, exagerar o aburrir con otras cosas insulsas o fuera de lugar. Paso a paso, pero con firmeza y decisión.

 

 

  • Ernesto Alterio. Sin desmerecer ni un ápice a Belén Rueda, Eduard Fernández, Juana Acosta, Eduardo Noriega, Dafne Fernández y Pepón Nieto, no es casualidad que cada película protagonizada por este actor merezca la pena tanto por su interpretación como por su propio enfoque, sus improvisaciones, y talento fuera de lo común. Lo que hace este hombre con sus papeles debería ser de obligado análisis y estudio en las escuelas. Ejemplo, sin llegar a hacer spoilers: dos escenas casi consecutivas e idénticas, en las cuales Alterio aparece sentado en un sillón individual, riendo maquiavélicamente, mientras sujeta y balancea una copa. Conseguir hacer llorar de emoción, de risa y de vergüenza ajena no es tarea fácil. Pues este tío lo logra, coño.

 

Esto en lo referente al proceso creativo de la película, pero ‘Perfectos desconocidos’ quiere sacar a relucir un mensaje valiente con su historia: somos esclavos absolutos de nuestra propia evolución, y de nuestras creaciones. Concretamente, las redes sociales, las nuevas tecnologías, los móviles, la mensajería instantánea (Whatsapp, Messenger…), entre otras cosas, han transformado a la sociedad actual en una marioneta a la cual es muy complicado cortarle los hilos para desprenderse de su dictadura.

 

 

Lo que muestra la película está al alcance de la vista de cualquier persona hoy en día, sin necesidad de pagar una entrada de cine. Entrando en un restaurante, en un autobús, paseando por un parque, estudiando en una biblioteca, o en cualquier otro sitio, público o privado.

 

Y no solo eso. Esta película demuestra que la Caja de Pandora del siglo XXI, con lo peor, lo falso, hipócrita y dañino, se encuentra a solo un clic de distancia.

 

Habría que hacérselo mirar, como se dice ahora.

 

CALIFICACIÓN R.A.: 9.6 / 10