Opinión Preguntas a la nueva izquierda         

Preguntas a la nueva izquierda      

Se ha producido un cambio en el pensamiento de izquierda hispanoparlante que puede resumirse en “De la transformación de la sociedad a través de las relaciones materiales a la discursiva y de ésta a la de los modos de vida-subjetividades”. Originada en la Francia post Mayo del 68, esta transición deviene hoy clave para entender ciertos movimientos sociales e intelectuales del momento. Palabras como “cuerpos”, “subjetividad” y “pulsiones” suelen repetirse en sus enunciados, y son pensadores como Spinoza, Agamben y Deleuze los más citados, entre otros más recientes.

 

Sin entrar en excesivo detalle en las complejísimas teorías por la cual se mueven sus textos (recomiendo la bibliografía del extinto Colectivo TIQQUN como forma de introducción), podemos sintetizar que su idea central se mueve por crear otras realidades alternativas a la neoliberal mediante otras formas de vida. Parece sencillo, pero no lo es.

 

Cuando se dice “otras formas de vida”, esta corriente de pensamiento se refiere a la articulación de otra subjetividad, distinta a la constantemente empleada dentro de este sistema-mundo, hoy dominado, según los autorxs, por una serie de valores capitalistas que todo lo impregna: desde la manera de concebir el amor hasta la forma de mirar a las personas.

 

Otra de las grandes novedades de este corpus, cada vez más influyente en los círculos intelectuales y periodísticos de España y Sudamérica, es la de devenir praxis. Huyendo del encierro en el cual suelen caer muchas de las corrientes alternativas, este pensamiento fomenta el convertirse en una práctica, diaria, de gestos y actitudes y acciones que “bloquean” el normal circuito de significación de la vida por parte del poder, que no consideran central ni institucional como sí otras escuelas de pensamiento más antiguas, sino integral y difuso, más cercano al líquido que se cuela en todos los causes y se transforma en el camino que a un líder jerárquico que manda desde un balcón.

 

Liberar, pues, de sujeciones capitalísticas (otro término que suelen utilizar para referirse a la maquinación de subjetividades propia del orden mundo) al sujeto-ciudadano moderno sería la principal premisa, y hacerlo creando una práctica de los cuerpos en el día a día, los caminos políticos a trazar.

 

Como en toda apuesta intelectual que pretende resistir, y proponer, formas de vida diferentes, surgen preguntas y cuestionamientos. En este artículo respetuosamente nos gustaría plantear algunas cuestiones que pocas veces aparecen explicitadas en los textos. Buscando el debate y no la confrontación destructiva, el autor pretende resolver dudas propias y ajenas que, aún, permanecen sin resolver.

 

La primer cuestión está vinculada a la presencia ya existente de “otras formas de subjetividad” en el mundo popular, cotidiano, de muchísimas personas no vinculadas a ninguna escuela, lo que sarcásticamente se denomina “la mayoría silenciosa”; Por ejemplo: ¿podemos considerar ya una articulación de subjetividad alterna las que ya habitan en cualquier estación de tren, en ciertos montes de Granada, en algunos sures, en los bares por la noche, en las exposiciones de arte que organizan los ayuntamientos, en la última película de Kaurismäki, en el grafitti de la esquina o en el mero divorcio de los padres? ¿Cuáles serían los criterios para considerar que una canción de Beyoncé o un movimiento estudiantil son o no rupturistas del orden-mundo?

 

La segunda cuestión está relacionada con la primera y se refiere al hecho de encontrar (o no) potencialidades en los movimientos de las placas sociales; ¿No deviene algo arbitrario y hasta cierto punto peligrosa la idea de encontrarse lo que ya uno estaba buscando? ¿Cómo leer, por ejemplo, la organización civil mexicana post-terremoto: Como una potencialidad? ¿Como un mero acto-reflejo? Abundan (y hasta cierto punto, incomodan) las lecturas que da esta comunidad intelectual a movimientos tan dispares como el independentista catalán, los nacional-populismos sudamericanos, las primaveras árabes, el 15M español, los zapatistas… Todos ellos van entrando y saliendo de la “liga” de las máquinas de guerra según el articulista más influyente del momento-lugar (porque también aquí existen popes), pero se desconocen cuáles son los parámetros más allá de la simpatía que pueda causarnos la causa.

 

La tercera y última cuestión es simple pero no por ello debe omitirse del debate: ¿Quienes están en la posibilidad de “desconectar-reconectar diferente” como se plantea en sus libros y artículos? ¿no son precisamente aquellos que mañana saben que su techo no caerá (la conexión, por tanto, no se pierde nunca)? No hablamos de la nómina-ción (el dominio de la nómina sobre las vidas de la clase media) sino de la urgencia anímica que produce no saber que deparará el mes que viene, y como ello afecta la prhonesis del ser. No se busca desconectar si ya vives mal conectado, podríamos afirmar, y plantear que la Sociedad del Espectáculo no libera con una performance artística no alcanza para quitar el mal sueño de 12 horas trabajadas de corrido.

 

Aunque planteadas sucintamente, el autor espera que estas cuestiones enriquezcan el debate constructivo. Sabiendo que lxs que se encuentran detrás luchan digna e incansablemente para que esta apuesta intelectual se vuelva Política, con mayúscula, no está de más abrirla a nuevas lecturas, y personas.