¿Qué estás pensando? (Arroç Brut XIII)

¿Qué estás pensando? (Arroç Brut XIII)

Me había quedado sin batería en el móvil. La ansiedad empezó pasados los quince minutos sin conexión. Cuando logré enchufarlo tuve que esperar unos minutos más para que se encendiera.

 

La cuenta numérica del Whatsapp subía a un ritmo desenfrenado. Tenía unos avisos de Instagram, dieciocho notificaciones de facebook y doce avisos de Twitter. Pero lo primero es lo primero. Encendí el Spotify y puse el mix del día. Abrí Instagram, miré las notificaciones, di likes a las primeras cuatro fotos de la historia apenas viendo su contenido, contesté dos mensajes que  tenía en la bandeja de entrada, salí de Instagram, abrí Twitter, di likes a seis tweets y retwettee dos más, cerré Twitter, abrí Whatsapp, contesté dos mensajes, silencié tres grupos a los que me habían agregado, contesté con emoticonos en dos grupos en los que habían publicado unas fotos supuestamente graciosas, doble clic en el botón de inicio del Iphone, y volví a Instagram para ver quien era @albertphotoIsland que me había empezado a seguir mientras estaba con Whatsapp, miré por encima su galería y empecé a seguirlo por cortesía, doble clic otra vez para contestar un Whatsapp que me quedaba, volví a inicio, abrí facebook, revisé las notificaciones, acepté la invitación de cinco eventos a los que sabía de antemano que no podría asistir, di siete likes en publicaciones que ojeé en el muro, le di al icono de mensajes que me avisaba que tenía ocho personas hablándome, el móvil abrió automáticamente la aplicación del Messenger, miré todas las personas que me habían escrito y, sin contestar a nadie, volví a Facebook con un doble clic en el botón principal y activé la escritura en la publicación de estado.

 

Me detuve un momento a pensar lo que quería que mis amigos leyesen sobre mis pensamientos, y aproveché también para mantener mi vista en la carretera porque ya estaba entrando en la autopista. Escribí y toqué la pantalla para publicar en el momento exacto en el que el coche golpeó contra el guardarrail. Di vueltas de campana tan rápidas que superaron los límites de mi vértigo. Vomité apenas volvimos al suelo. Había líquido por todos lados y los oídos me pitaban. Me arrastré por la ventana y logré alcanzar mi móvil que había aterrizado a unos metros del coche. Por suerte mi estado no se había publicado y pude escribir:  

 

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Los relatos de Pato Conde

Foto de portada: Tià Urrea