¿Quién soy? (Parte Dos): el Desenlace

¿Quién soy? (Parte Dos): el Desenlace

Continuación...

 

LUISA

 

Crecí en una familia en armonía, acomodada y llena de amor, mi padre juez de la ciudad siempre soñó con tener un hijo varón, pero mi madre solo pudo darle un hijo y fui yo, una niña que vivía por y para no defraudar a su padre.

 

Estudié derecho siguiendo los deseos de mi padre. Pero fue en segundo de carrera cuando me di cuenta que realmente me gustaba, así que seguí con mis estudios en la mejor universidad, que gracias a las influencias de mi padre había aceptado mi matriculación, más tarde demostré por méritos propios que no era una niña de papá.

 

Terminé mis estudios con buena nota lo que no me impediría encontrar un buen despacho donde llevar a cabo mi trabajo o bien tener el mío propio, pero además quería ser esposa y madre. Entre como pasante en un prestigioso despacho, donde tuve que demostrar que además de llevar el apellido de un ilustre juez era buena en mi trabajo y merecía un puesto como abogada.

 

No necesite demasiado tiempo para demostrar mi valía, al año era socia de aquel prestigioso bufete y era respetada por todos mis compañeros, lejos quedaba cumplir el sueño de mi padre, ser juez, nunca quise serlo yo quería trabajar como abogada y formar una familia.

 

Dos años después de nombrarme socia, entró un joven recién licenciado, con ganas de comerse el mundo y complacer a su padre, él era Fernando, lo nombraron mi ayudante, aún recuerdo su primer día. Era un joven tímido y sin experiencia pero con ganas de aprender, lo que iban a ser unas prácticas de verano, lo llevaron a ser socio en poco más de un año después de su entrada, para entonces me había enamorado de él como una adolescente, entré en su vida cotidiana poco a poco, sin que se diera cuenta, a los pocos meses vivíamos juntos, para poco después casarnos. Vi en él al marido que anhelaba y al futuro padre de mis hijos, pero no contaba con una tercera persona, ella era Silvia. Siempre he sabido que eran amantes, que ella era realmente el amor de su vida, que se casó conmigo, tal vez por venganza o quizás esperando a que ella reaccionara y le dijera que no lo hiciera, que ella la quería.

 

Poco a poco se fueron disipando aquellos deseos de formar una familia junto a él, pero no estaba dispuesta a cederle a mi marido a alguien que lo había dejado ir. He aguantado sus ausencias durante noches, sus "y yo también" cuando le digo que le quiero, aunque sé que no lo hace, he soportado sus desplantes cuando quiero hacer el amor con él, al final he aprendido a follar, realmente es lo que hacemos, nos complacemos en un sexo rápido sin darnos cariño, satisfacemos nuestros deseos animales, mientras sé que piensa en ella, puedo verlo en su cara, en sus ojos, no me desea, pero me folla como si lo hiciera.

 

A pesar de todo le quiero, no sé qué tiene Fernando pero influye un enorme poder sobre mí, que me impide dejar atrás estos años a su lado, años que no me han llevado a ninguna parte.

 

Esta mañana mientras desayunábamos me ha pedido el divorcio, supongo que es algo que esperaba, tal vez vaya a casarse con Silvia, quizás quiera comenzar esa vida aventurera que tanto anhela y de la que tantas veces me ha hablado. Y ahora estoy aquí detrás de una cristalera mirando cómo se debate entre la vida y la muerte, acompañada de Silvia, su eterna Silvia, ella ha tenido el coraje y la valentía para llamarme y decirme lo ocurrido.

 

Lejos de odiarla por haberme arruinado la vida junto a Fernando, no he podido remediar abrazarme a ella, no sé si por compasión o por miedo. Pero he sentido que su abrazo me ha reconfortado.

 

"Iba a dejarme, Silvia, me ha pedido el divorcio esta mañana."

 

"Lo sé, me lo contó hace algunos días, quería comenzar una nueva vida lejos. Quiero que sepas que yo no soy la culpable. Me habló de Olivia. No sé quién es, iba a contármelo esta noche, hablaba conmigo cuando ha ocurrido todo, se dirigía a mi casa. Como ya sabes nunca ha llegado."

 

 

FERNANDO

 

Cumplí el sueño de mi padre, ser abogado, a mí me hubiera gustado ser piloto de aviones, aventurero, yo quería vivir y ser feliz, pero mi padre se empeñó en que debía seguir la tradición familiar. Le hice caso así que terminé mi carrera en parte gracias a la ayuda de Silvia, sin ella no lo habría logrado. Yo prefería pasar horas leyendo revistas sobre aviones en lugar de estar inmerso en los malditos códigos civiles y los apuntes de derecho romano.

 

Lejos de ser abogado del estado, como quería mi padre, no estaba dispuesto a seguir estudiando algo que no me gustaba, me dediqué a enviar referencias por todos los despachos de abogados de la ciudad, siempre acompañados de una carta de recomendación de mi padre, sin ella en muchos despachos ni siquiera me habrían llamado para la primera entrevista.

 

El mismo año que terminé mis estudios pase todo el verano en el despacho de un amigo de la familia haciendo prácticas para que fuera familiarizándome con la profesión y tuviera los primeros contactos con la realidad de la abogacía. Fue ese verano cuando conocí a Luisa, dos años mayor que yo, trabajaba en el despacho, era socia del mismo a pesar de no llegar a los treinta y además era hija de un prestigioso juez de la ciudad. Me asignaron ser su ayudante, reconozco que los primeros días pensé que ella estaba allí no por su valía como abogada, sino por ser hija de quién era, ella tenía un puesto de trabajo y el despacho un apellido ilustre, además de un aliado en los juzgados.

 

Con el tiempo descubrí que era buena, realmente buena y que sin duda estaba allí por méritos propios, además disfrutaba de su trabajo, cosa que yo no hacía y nunca he hecho. Poco a poco aquella relación de despacho comenzó a salir a la calle, un día un café, otro día un aperitivo, hasta que aquellas citas nos llevaron a compartir casa a los pocos meses de conocernos.

 

Recuerdo la primera noche de Luisa en casa, me habían hecho fijo en el despacho y salimos a cenar para celebrarlo, después nos fuimos a mi casa a tomar una copa y charlar con tranquilidad. Terminamos haciendo el amor sobre la alfombra que unos días antes me había regalado Silvia para mí nueva casa, una casa que mi padre había comprado para mí con el firme propósito de devolverle el importe total de lo que había costado. Mientras acariciaba y besaba a Luisa, solo pensaba en Silvia, siempre la tenía en mente, la quería tanto que no podía olvidarme de ella ni cuando hacía el amor con otra mujer.

 

Las noches de sexo sin Silvia, eran distintas, apenas me gustaban me entregaba al sexo más salvaje y desgarrador, mientras que con ella todo era mucho más tranquilo, disfrutaba de cada caricia, de cada beso, de cada movimiento, siempre me ha gustado sentir cómo se movía lentamente sobre mí, mientras gime de placer, Silvia es el deseo, es el éxtasis, Silvia es todo. Tras aquella primera noche, Luisa comenzó a venir a menudo a cenar y con alguna excusa se quedaba a dormir, poco a poco fue ocupando parte de mi armario y de mi vida.

 

Un año después con la bendición de su padre y la excitación y la alegría del mío nos casábamos. Ella más enamorada de mí que nunca, aun sabiendo que yo no lo estaba tanto. Nunca la quise lo suficiente y se merecía todo el amor del mundo y más, como abogada era la mejor y como mujer y esposa excepcional, pero yo no la merecía y mucho menos ella a mí.

 

Mientras ella me quería, yo le engañaba con Silvia una y otra vez, y lo malo no era engañarla en aquellas noches de sexo y pasión, era engañarla a diario cuando pensaba en Silvia cada vez que le devolvía los te quiero con un "y yo también." Nunca le he dicho que la quiero, le he mentido desde el primer momento, tenía que haberle dicho que yo no la quería, que estaba enamorado de otra persona y que nunca he sido quien ella creía que era. Tenía que haberle pedido a Silvia que fuera mi novia por segunda vez, que fuera la mujer de mi vida, pero me conformé con aquel primer no, sin más, tal vez todo hubiera sido distinto, tal vez no.

 

Una noche al salir del despacho me dirigí a casa de Silvia, sin previo aviso, generalmente la llamaba antes de ir y con alguna excusa para Luisa para llegar tarde a casa, me encontré que aun habiendo luz en casa Silvia no me abría la puerta, así que la llamé por teléfono:"Fernando, esta noche no, lo siento, estoy ocupada. Llámame mañana."

 

Me subí de nuevo al coche y conduje hasta la zona de copas de la ciudad, seguro que encontraba a alguien con quien tomar algo, aunque lo único que quería en aquellos momentos era ahogar mis penas en un par de gin-tonics, con compañía o sin ella. Llegue hasta el pub de unos amigos, me senté en la barra y pedí mi primera copa al tiempo que una chica pedía para ella y su grupo de amigas, sin demasiado éxito. Se dirigió a mí con una sonrisa y guiñándome un ojo me dijo, "¿Perdona, te importa pedir mi copa y las de mis amigas?". Le respondí con un "claro que no", y le devolví la sonrisa y el guiño. Me sentí como el estudiante de hace años intentando ligar una noche después de haber terminado los parciales de la universidad. Me tomé mi copa. Mientras me fumaba un cigarrillo insistía en seguir llamando a Silvia, buscando una explicación, buscando una respuesta, todo ello sin éxito.

 

Mientras estaba inmerso en aquellos pensamientos apurando mi gin-tonic alguien me dio por la espalda, me giré y me encontré con Nacho mi compañero de piso en los años universitarios, él si había cumplido su sueño, ser reportero de guerra. Aunque habíamos seguido manteniendo el contacto unas veces por teléfono, otras por mail, no habíamos vuelto a vernos desde que se marchó de aquel piso para hacer las prácticas en un periódico local, desde entonces habían pasado muchos años y muchas cosas, demasiadas diría yo. Nos tomamos una última copa y nos despedimos prometiendo vernos en unos días para comer y contarnos cómo nos iba la vida y me marché a casa.

 

Cuando llegué, Luisa me esperaba despierta. Siempre lo hacía, me recibió con una sonrisa y se abrazó a mí con la idea de hacer el amor, "esta noche no, Luisa, tal vez mañana antes de ir a trabajar". Prefiero el sexo con Luisa por las mañana, es más rápido, las prisas por no llegar tarde al despacho o al juzgado hacen que sea un sexo sin demasiada entrega, solo de placer puntual, prefiero el sexo lento con Silvia, con ella puedo estar toda la noche haciendo el amor, acariciándola, besándola, sintiéndola.

 

"Familiares de Fernando Alcaide González". Luisa y Silvia se han levantado a la vez, al escuchar mi nombre, se han acercado a la enfermera con expectación, quizás esperando el peor de los desenlaces, quizás esperando escuchar buenas noticias. "Son sus efectos personales, su alianza, su cartera, su teléfono móvil y una bolsa de deporte que había en el coche".

 

En esa bolsa va esa parte de mí que ninguno conoce, salvo Nacho, él conoce mi secreto desde que éramos estudiantes aunque nunca hemos hablado de ello, él sabe que en esa bolsa guardo todos mis miedos, para transformarme en alguien valiente, desconocido y sin miedo a nada, en esa bolsa está todo aquello que me da seguridad.

 

Nacho ha llegado en el justo momento en que Luisa iba a coger la bolsa, adelantándose a ella, tal vez quiere mantener mi secreto en secreto y no desvelarlo, pero yo ya no estoy tan seguro, al fin y al cabo en esa bolsa está el motivo de mi huida, "vamos Nacho, cuéntaselo, diles quién soy realmente, diles que esta noche iba a terminar con la gran mentira de mi vida. Diles que a pesar de todo las quiero, a mi manera pero las quiero. Que sí, que iba a divorciarme de Luisa, pero también iba a dejar a Silvia. Vamos, Nacho, díselo".

 

 

NACHO

 

Fernando es mi mejor amigo desde que éramos niños, la adolescencia nos unió más que nunca, yo me convertí en su protector en el instituto cuando atormentado por multitud de complejos no era capaz de integrarse, recuerdo aquellas clases de educación física convertidas en un verdadero infierno para alguien que con algún kilo de más era obligado a lucir pantalón corto y saltar obstáculos delante del resto de compañeros.

 

El soñaba con ser aventurero, pilotar aviones, pero en realidad lo que quería era vivir lejos de su casa, lejos de unos padres con demasiada autoridad sobre él. Compartimos piso en los años de universidad, aunque no estudios, yo hacía mi sueño realidad, estudiaba periodismo, mientras él hacía realidad el sueño de su padre.

 

Los miércoles Fernando salía por la tarde temprano de casa con una bolsa de deporte, y regresaba los jueves cuando comenzaba a amanecer, nunca me dijo dónde iba, nunca se lo pregunté. Un miércoles noche, salí a tomar unas copas con algunos compañeros para celebrar el fin de los exámenes parciales, fuimos a varios pubs y terminamos en el único antro que quedaba abierto a ciertas horas de la madrugada, por entonces comenzaban a proliferar bares con cierta mala reputación donde se daban cita transexuales, drags y algún que otro homosexual.

 

Allí debajo de infinitas capas de maquillaje, plumas de marabú, lentejuelas y sobre unas plataformas de vértigo, me encontré con la mirada de Fernando, aquella noche conocí a Olivia. Olivia se acercó a mí, me guiñó un ojo y me susurró "ya conoces mi secreto". Cuando terminó la actuación me levanté de mi asiento y me fui a casa con la sensación y la esperanza que todo lo que había visto era efecto de alguna copa de más.

 

Llegué a casa esperando que Fernando estuviera en ella y así cerciorarme de que todo lo que había visto había sucedido solo en mi cabeza, pero no estaba, así que me senté en aquel sofá donde había perdido su virginidad con Silvia a esperarlo. Más tarde de lo habitual Fernando llegó, y como cada jueves se duchó, desayunó y se marchó a clase, sin una sola explicación. Entonces supe que nunca me la daría.

 

Nunca hablamos de Olivia, hasta hace unos meses cuando nos encontramos por casualidad en un bar de copas. Aquel día me dijo que iba a dejarlo todo por ella, que Olivia era su seguridad, quien realmente le hace sentir bien, por lo que había decidido marcharse lejos y comenzar una nueva vida, lejos sin tener que esconderse, sin tener que mentir a nadie aunque fuera escondido bajo capas de maquillaje y vestidos de lentejuelas y subido a unos tacones que le hacen sentir invencible.

 

En esta bolsa que le he arrebatado a la enfermera, esa misma bolsa que cada miércoles le acompañaba, están sus sueños, sus noches de glamour, en esta bolsa está su vida, esta Olivia, el gran secreto de Fernando y yo tengo que contárselo a las mujeres de su vida. Esta noche tengo que abrir la Caja de Pandora, la caja de los truenos, esta noche ellas sabrán quién es Fernando. Esta noche tú, Fernando, al fin sabrás quién eres.