Ficciones La Reina Leona de la Montaña

La Reina Leona de la Montaña

La victoria en la guerra contra los masáis dejó a N’Djinga en una posición insólita en la historia de los samburu. Los intentos del Rey Tumbara por evitar una masacre en ambos bandos fracasaron por culpa del codicioso Rey Han’Dila, lo que acabó con la vida de ambos reyes en combate, junto a varios miembros de sus familias, y miles de integrantes de ambas tribus.

 

Debido a esta tragedia, la joven se vio obligada a tomar la decisión más importante de su vida, que confesó a Embunda, mientras hacían el amor. Su amigo de la infancia entendió que ella quisiera suceder a su padre, a pesar de ser mujer, por lo que abrió su corazón:

 

- Siempre he sabido que tu destino era cambiar nuestras vidas para hacer cosas extraordinarias. Estas quedarán en la memoria de nuestro pueblo, así como en las leyendas que cuenten nuestros hijos a los suyos.

 

A la mañana siguiente empezó a escribir su propia historia, a pesar de las protestas del Consejo, armada con su machete, y sus mejores ropas guerreras.

 

En la primera prueba buscaría el paso hacia la montaña Punta Lenana, hogar de almas reales samburu y masáis (pueblos hermanados en el pasado). Al atardecer del segundó día de viaje, llegó a una enorme explanada. Insectos gigantes, arañas y cobras voraces, salieron al paso, pero poco pudieron hacer para sobrevivir ante un rival con tanta determinación como la joven aspirante a reina. Al divisar el arco de piedra que señalaba el camino hacia la montaña, vio a una leona enorme, imponente, que podría ser un macho, gracias a una incipiente melena que bordeaba su cabeza, de un color negro temible. Todo esto hizo comprender a N’Djinga que estaba ante un animal mitológico, además de extraordinario. Sintió lástima, porque era una enorme desgracia tener que matar a un ser vivo tan fantástico. Pero nada podría detenerla.

 

 

Se acercó poco a poco, pero sin dudar, mientras el animal gruñía mostrando una dentadura dueña de incontables muertes. La leona bufaba y babeaba, frunciendo el ceño, sin miedo, aunque consciente de la seguridad mostrada por la mujer a quien se enfrentaba. Esta adelantó el machete, esperando provocar a su enemigo, que agachó su cuerpo, marcando un previsible salto de ataque. Los cuatro ojos se miraron, desafiantes, entrecerrándose para no perder detalle del rival.

 

La leona dio un paso atrás, rugiendo fuerte como el fiero felino que era. Entonces se hizo a un lado, permitiendo el acceso de la chica hacia el arco de piedra. Tiempo después, uno de los sabios le reveló que los guardianes reconocen de quién deben proteger su legado; por eso pudo pasar. La fiera, mostrando su respeto hacia la hija del Rey Tumbara, dejó que esta atravesara el paso que tantas veces había defendido. N’Djinga se sintió aliviada, no por la relativa victoria, sino de haber evitado la responsabilidad de matar a un animal extraordinario.

 

Caminó un día entero hacia Punta Lenana, donde se enfrentaría a las dos últimas pruebas. Según los sabios, debía encontrar el santuario sagrado de los samburu, para después resolver el secreto de los reyes, o morir en sacrificio.

 

Llegó de noche al pie de la montaña, aunque prefirió ascender con el primer rayo de sol. La mañana siguiente fue agotadora, ya que recorrió toda la ladera en balde. No reconoció nada significativo, por lo que se vio obligada a descender. La impaciencia le impedía pensar con claridad. La tarde ofreció el mismo resultado, por lo que escaló un árbol, derrotada, dispuesta a meditar para encontrar soluciones a su fracaso.

 

Observó con firmeza a su enemigo gigante, brillando formidable por el radiante resplandor de la Luna sobre el hielo de sus glaciares. Concentró su atención en las sombras nacidas por semejante espectáculo. Todo era una sucesión de picos multiformes, sin significado alguno, salvo una de las caras interiores de la montaña, que formaban un extraño escorzo. En el suelo se formaba una figura similar a un león de pie. Aquel era el camino que seguiría esa misma noche. Lo había encontrado. Tras beber agua del río, impregnó su cuerpo de barro para protegerse del frío de la noche y la montaña.

 

Durante el camino oyó los susurros que pronunciaba la montaña. Algunas voces le resultaron conocidas, como la de su padre o la de su abuelo, felices al ver de nuevo a un miembro de la familia enfrentándose a la pruebas. Transmitían orgullo, especialmente por el hecho de que fuese una mujer. La Luna iluminó el sendero imaginario, hasta que alcanzó un punto sin luz, muy cerca de la cima.

 

Investigó la zona sin encontrar nada, y por primera vez sintió que quizás no era digna del trono, por lo que tendría que encontrarse con la muerte. De pronto recordó algo que había dicho su padre, siendo ella una niña, cuando regresó triunfante tras superar sus pruebas reales. Le preguntaron cómo había conseguido salir victorioso de semejante reto: “Nunca dejé de ser yo mismo. Si debía morir, sería con el orgullo intacto, aunque viviendo alcanzaría mi sueño”.

 

Hasta ahora había seguido los consejos de sus seres queridos, pero analizándolo todo fue capaz de concluir que se había ganado el respeto de la leona cuando le mostró su determinación para avanzar en el camino. Incluso llegó a aquel lugar encontrando antes la sombra del león. Todo estaba relacionado. Por fin lo entendía todo.

 

Era una leona. Lo había sido todo el tiempo. Fracasó cuando quiso encontrar algo distinto a sí misma durante toda su travesía. Su padre, el gran Rey Tumbara, enfrentó unas pruebas que solo superó cuando entendió que vencería al miedo adelantándose a él. Ahora comprendía por qué su padre nunca le contó el origen del águila como estandarte personal. Era su secreto de Rey. El mismo por el cual ella jamás podría revelar el significado de su leona con corta melena negra.

 

Así, la niña renunció a serlo; dejaría entrar a la mujer. La reina.

 

 

---- FIN ----

 

 

Dedicado a Josephine Kulea, luchadora incansable por los derechos de las mujeres tribales que sufren mutilaciones genitales debido a las tradiciones milenarias de tribus como la suya, los samburu.

 

Enlaces de interés:

 

Conoce a Josephine.

 

Josephine Kulea (Dr) (Facebook).

 

Samburu GIRLS Foundation  (Facebook).

 

Organización Mundial de la Salud (Contra la mutilación genital femenina).