Ficciones Reunidos todos como hermanos (Arroç Brut V)

Reunidos todos como hermanos (Arroç Brut V)

El domingo fui a misa. Fui a misa y, obviamente, llegué cargado de prejuicios.

 

Entré con mi familia en un salón muy grande que se usa como gimnasio en una residencia de la tercera edad, y el cura había puesto un mantel sobre una mesa alta, con flores y todo lo necesario para celebrarla. Detrás de él había una imagen religiosa, la Virgen María con Jesús en un lienzo pintado a mano por un abuelo en el taller de pintura.

 

Aquella era una imagen dibujada a mano alzada con colores muy plásticos y formas pre-renacentistas que atraparon mi atención durante la escucha. El cura era un hombre muy cercano que conocía a la mayoría de los asistentes. Excepto, por supuesto, a los que estábamos allí por primera vez. Leyó un pasaje de la Biblia que no me sorprendió demasiado. Fue corto. Y después empezó a improvisar.

 

La luz de la tarde filtrada por nubes exageradamente lechosas entraba por los ventanales y desaparecía poco a poco. Palideció todos los colores del ambiente y los rostros de los que estábamos sentados se veían camuflados por sombras que ocultaban las emociones.

 

Sus palabras eran hipnóticas. Y dejó muy claro lo mucho que se preocupaba por cada uno de los feligreses. Y fue en aquel momento cuando confirmé lo que para mí significaba la religión. Un grupo de personas escuchando y preocupándose los unos por los otros en un lugar cualquiera. Sin ostentaciones, formalidades, ornamentos ni prejuicios.

 

Incluso supo hablar muy bien de mi abuela, sin conocerla, e hizo que aquello fuera una despedida muy agradable.




Los relatos de Pato Conde

Foto de portada: Tià Urrea