Rogue One. De la galaxia más cercana a la muy, muy lejana

16/12/2016

Rogue One. De la galaxia más cercana a la muy, muy lejana
/
/
/
Rogue One. De la galaxia más cercana a la muy, muy lejana

Desde la compra de Lucasfilm por parte de Disney, la mayoría de fans de la saga pusieron el grito en el cielo, temerosos del daño que pudiese hacer la compañía de Mickey y Donald a ‘Star Wars’. Poco tiempo pasó desde que se anunció la transacción hasta que se confirmó una nueva trilogía, que continuaría tras los acontecimientos de ‘Episodio VI. El retorno del Jedi’, y una serie de películas independientes a la historia central, pero desarrolladas en el universo creado por George Lucas.

 

Se creó un nuevo canon de la saga (los productos que Lucas consideraba parte de la historia global), a excepción de las seis películas oficiales y sus libros, además de la serie animada ‘The Clone Wars’ con su película. Posteriormente han ido entrando cómics (de Marvel), algunas novelas, la estupenda serie animada ‘Star Wars Rebels’, junto a las nuevas películas anunciadas. Y todo lo anterior a 2012 que no entró en esta lista, pasó a llamarse ‘Legends’. Es decir, básicamente se creaba una nueva visión de este mundo galáctico.

 

 

 

En 2014, con ‘Rebels’, se demostró que el camino no estaba nada mal, cosa que se confirmó al año siguiente con una arrolladora y aclamada ‘Episodio VII. El despertar de la Fuerza’, que despertó muchos recuerdos, trajo a personajes clásicos de la mano con algunos nuevos con la idea de recibir su relevo generacional, tanto en la historia como en el futuro de la saga.

 

Por todo eso, ‘Rogue One: una historia de Star Wars’ jugaba con una gran desventaja desde el inicio, ya que superar las expectativas creadas con el último capítulo oficial, sumado al deseo impaciente de poder ver el próximo, era altamente difícil. Había dos opciones, o se daba más de lo mismo, hasta que se pudiese saciar el hambre, o bien se tiraba a la basura el espejo retrovisor para partir de cero, mirando siempre al frente. Gareth Edwards, el director, eligió la segunda, asumiendo con ello las consecuencias de lo podría suponer un fracaso para su corta carrera, para Disney, por no hablar del daño que podría causar a la franquicia en sí.

 

 

Quien no apuesta no gana, pensó Edwards, y por eso ha acertado de lleno con este llamado spinoff (que bien podría ser el Episodio 3 y ½). Ha creado una película ajena a lo que conocemos, sin perder la esencia, pero con mucha personalidad propia. Precisamente es esa identidad personal lo que hace parecer al principio del metraje que vamos a salir decepcionados de la sala al acabar la cinta. La expectación es tan grande que se quiere encontrar alguna cara conocida nada más arrancar, música familiar, espadas láser, seres enanos verdes con poderes imposibles, para acabar descubriendo que eso probablemente no llegará. Este punto negativo no es culpa de los creadores, sino de los espectadores y seguidores, porque no estamos acostumbrados a que un producto con la firma ‘Star Wars’ sea así. De ahí la losa que soporta esta historia desde el principio, ya que siempre ser el primero en algo es una responsabilidad enorme, pero si además eres hijo de la Fuerza, todo se multiplica. Siempre hemos tenido nuestra lucha de sables, saltos imposibles, añadiendo puertas que se abrían a distancia con solo mover una mano de derecha a izquierda. Ahora para abrir una, o se hace un puenteo con cables, se usa una llave, o se revienta a golpe de láser. Ya no está Superman para volar o levantar camiones enteros.

 

Una vez se asume que lo que se va a ver es otra cosa, claramente, es cuando más funciona todo en ‘Rogue One’. Y lo maravilloso de todo es que no dejar de funcionar ni si quiera cuando se encienden las luces del cine. Quizás haber acortado un poco la narración de la primera media hora habría facilitado las cosas, pero cuando se analiza el compendio de sucesos, se alcanza la conclusión de que cada pieza está ahí por algo, con mucho sentido.

 

A pesar del camino libre de la nueva historia, sí hay cosas que siguen siendo fieles a la saga, porque una cosa es avanzar por un camino independiente, y otro el no dar pistas, guiños, o rock and roll del que solo sabe dar esta leyenda de la cultura mundial. Por eso hay mucho de esto, recuerdos, personajes reconocibles, etc., aunque por desgracia algunos están metidos de bulto, de mala manera, siendo muy innecesarios, porque ni siquiera aportan una sonrisa, sino más bien un “pues vale”. Sorpresas hailas.

 

 

Los dos principales artistas invitados de otros episodios son la Estrella de la Muerte, y Darth Vader. Ay, Vader que estás en los cielos… Que nadie piense que esta es una película de este personaje, porque él ya tiene seis, y no hay que abusar, pero lo que participa está tan bien hecho, con un gusto tan exquisito, que los nostálgicos soltarán una lágrima sin duda. No es el “¡Nooo!” de ‘Episodio III. La venganza de los Sith’, ni tampoco el estrangulamiento a millones de kilómetros de ‘Episodio V. El imperio contraataca’, sino que es su momento ‘Rogue One’, un punto intermedio que probablemente (sin querer pecar) nos regale el mejor momento del personaje en acción.

 

El CGI tiene un papel importante pero, como sucedía en ‘El despertar de la Fuerza’, sin estorbar ni querer abarcarlo todo. Hay algunos personajes que dejan con la boca abierta, pero alguno que no aparece mucho obliga a forzar una mueca de una ligera rabia, porque no se ha acertado del todo con él. Pero sin duda donde gana la partida este largometraje es en las batallas, tanto por tierra como por aire. En esto sí que no podía fallar el guion, porque era su cometido obligado, el que todo el mundo esperaba. La estrella del equipo tenía que demostrar por qué gana más que nadie, ofreciendo lo que se esperaba de él, o más si cabe. Y vaya si lo hace…

 

 

 

‘Rogue One’ tiene, sin ningún género de duda, con nula exageración, las mejores batallas aéreas jamás vistas en la saga. Ni los planos, ni las estrategias de ataque, ni las improvisaciones, ni el desenlace final. Es su mejor baza, y la juega al máximo de su potencia, sin defraudar lo más mínimo. Los cinco últimos minutos son tan potentes que uno echa de menos el mando a distancia para dar marcha atrás para empezar de nuevo. Los momentos de ataque terrestre, igualmente, están magistralmente coreografiados, sin mareos de película de la Segunda Guerra Mundial, reconociendo en cada momento en qué lugar de la batalla se está desarrollando todo, además de quién lo hace en cada plano. Los escenarios son otro acierto que convierten los eventos en muy creíbles, debido a que no se pierde detalle, ni se abandona al espectador a su suerte dejando que descubra por sí mismo de qué va todo.

 

 

 

 

 

Otro sumo acierto, que fue una pata coja de la anterior película, es la banda sonora de Michael Giacchino. Un acierto espectacular a la altura de la saga, ofreciendo ese complemento perfecto que siempre ha caracteriza a la saga. Existen por las redes sociales algunas versiones de la trilogía original a las cuales se les ha eliminado la música, así que si las encontráis, podréis ser testigos de lo mucho que cambia una historia de ‘Star Wars’ sin su música, al menos sucede con las seis iniciales. ‘Episodio VII’ tenía dos cortes muy buenos, uno de ellos apoteósico, pero no era una obra musical hecha para dar vida a la cinta. En esta es un miembro más, con mucho acierto, épica, nostalgia, guiños (de nuevo) obligados por algunas escenas, encajados con sutileza, entrando en el segundo perfecto para salir en el mejor. Sin lugar a dudas un sobresaliente en este apartado.

 

 

 

Respecto a los personajes, con el reparto que los interpreta, cabe decir que por desgracia es otro de los puntos flojos de estas geniales dos horas largas. No es aventurado decir que Diego Luna es el protagonista destacado, con un carismático, genial interpretado, Cassian, un rebelde líder de las fuerzas especiales. Es uno de los individuos que quedarán para siempre en la historia de la franquicia por lo mucho que aporta, además de su casi perfecta intervención global. Felicity Jones tiene un personaje difícil en Jyn Erso, que ocupa muchos minutos, pero que carece de la chispa de otras mujeres de ‘Star Wars’, con momentos muy predecibles, que restan credibilidad en ocasiones. Pero insistimos, no es fácil su papel, que acaba como correcto simplemente, para lo que podría haber sido, máxime cuando se ha visto a una joven Daisy Ridley comerse la pantalla con su papel de Rey.

 

 

 

Los dos rebeldes orientales, Donnie Yen y Wen Jiang, Chirrut y Baze, respectivamente, son de los mejores secundarios de la historia, además del sorprendente androide K-2SO, que deja al legendario C3PO en muy mal lugar gracias a que llena su participación de momentos brillantes. Riz Ahmed, Bodhi, está poco aprovechado, pero cumple, algo que no sucede con Forest Whitaker, que podría no intervenir y nadie le echaría de menos en la historia. Algo parecido a lo que sucede con Mads Mikkelsen, cuyo papel de padre de la protagonista tiene más poder cuando no aparece y es nombrado que cuando interviene. El villano Orson Krennic, Ben Mendelsohn, convence mucho, pero tampoco es aprovechado del todo, aunque tiene algunos momentos muy potentes, en los que realmente consigue transmitir la sensación de miedo y poder de otros que han dejado su semilla de maldad en la saga.

 

 

 

Por otra parte, un enorme acierto ha sido recuperar una de las esencias de ‘Star Wars’, que es la diversidad de razas y planetas, pero sin llegar a desbordar, como sucedía ligeramente con la trilogía de precuelas. Este era un punto flaco de la película de J.J. Abrams, que fue muy criticado en su día, pero que se ha subsanado de maravilla aquí. Hasta el alien más inesperado cobra importancia, consiguiendo que en ningún momento se tenga la sensación de vergüenza ajena que dejaron otros en el pasado (y no me refiero a Jar Jar Binks, personaje infravalorado por completo, digan lo que digan). Por feo que sea el personaje, pequeño, o peludo, lo que predomina es el alivio de estar viendo a guerreros dando su vida por una causa noble, no a una marioneta graciosa con una pistolita de juguete.

 

 

 

‘Rogue One’ sí sorprende, a pesar de lo que digan otros, porque cuenta una historia que se conocía de lejos, pero que encaja a la perfección con las películas anteriores y posteriores. Lo más importante es que aporta mucho a la saga, consiguiendo hacer pensar que ahora la trilogía original tiene más valor gracias a ella. Se ha cuidado mucho este importante detalle, porque una conexión fallida habría sido una losa para lo ya conocido con anterioridad. La sensación general que queda con esta cinta es que siempre había faltado una pieza en el rompecabezas, que había dejado una ligera e imperceptible cojera a la historia global, pero que ahora ya ha sido operada.

 

Ahora es cuando todos los miedos iniciales por la compra de Disney se difuminan, dando la razón a los que creyeron en este infinito proyecto de resurrección de ‘Star Wars’. Cobra sentido que se haya decidido contratar a un director por película, joven por lo general, con mucho que aportar, pero sin perder sin su talento ni visión personal de lo que es su cine. Las historias acabarán conectadas, pero cada una será diferente a la otra, para disfrute de los espectadores mundiales. Con solo dos películas se ha conseguido hacer olvidar a un caduco, algo chocho ya (con perdón), George Lucas, cuyo legado es innegable, pero que de haber continuado en este proyecto habría sido un obstáculo casi infranqueable, que no habría dejado explotar todo el potencial de las nuevas generaciones de talento innato que se está descubriendo ahora.

 

 

 

No sería justo calificar a esta película por encima o por debajo de ninguna de las previas, porque ni es mejor ni peor, sino que es ‘Star Wars’, a su manera, pero lo es. Seguramente el próximo spinoff (el de un joven Han Solo) se vea de otro modo, dado que esa extraña sensación de estar viendo algo que no es lo que esperabas ya habrá desaparecido. Todo gracias a este estupendo producto nuevo e innovador tanto dentro del mundo de ‘Star Wars’ como del de la ciencia ficción, la acción o del cine bélico.

 

Por cierto, hay cosas que nunca cambian, por eso los soldados imperiales siguen siendo aquí igual de malos disparando que siempre. Quizás la solución para el Imperio siempre debería haber pasado por una buena instrucción de tiro, en lugar de invertir en estrellas de la muerte.

 

CALIFICACIÓN: 9/10

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dani  García
Dani García

Artículos recomendados

FabLab Palma

WE ARE FAIR!

[Crónica] Concierto de Clam Sisters en Madrid (16/04/2018)

Casa Planas. Esplendor, decadencia, regeneración

WEBs recomendadas