[CRÓNICA] Screams On Sunday en concierto (Madrid, 13 de abril de 2018)

[CRÓNICA] Screams On Sunday en concierto (Madrid, 13 de abril de 2018)

Hace muchos años existía en Madrid una sala de conciertos que era una catedral del rock, en todas sus vertientes. Era “La Canciller”, o la “Canci” como la llamaban algunos por esa manía tan española de abreviarlo todo. Por allí pasaron grupos tales como M-Clan (durante sus comienzos Zeppelianos), Megadeth, Radiohead, Foo Fighters, y otros muchos que han acabado convertidos en leyendas de la música en general, no solo del rock.

 

El ambiente que se respiraba en aquel lugar iba más allá del estilo de música. La ropa, las conversaciones, el tono y lenguaje de las mismas, incluso la música ambiental previa a los conciertos, era similar a estar en otro planeta, o más bien en otra dimensión. Por desgracia, el local fue perdiendo interés cultural para el ayuntamiento y organizadores de conciertos, hasta que se clausuró. Pero el espíritu roquero del mismo se mantuvo vivo en cada una de las personas que acudieron a esa sala como espectadores de espectáculos musicales únicos e irrepetibles.

 

 

El día 13 de abril de 2018, en la sala Nazca de Madrid, muchos pulmones y gargantas volvieron a insuflar sus cuerpos de ese aire que anegaba antaño la Canciller.

 

Luces tenues, música rock y heavy, chupas de cuero, vaqueras, ojos y uñas pintadas de negro, melenas abundantes, otras no tanto, alguna que otra calva y, sobre todo, sonrisas cómplices de medio lado arqueando cejas, para mantener ese aire de gente dura que tanto gusta en el mundo de las guitarras eléctricas.

 

Todo ello auguraba una noche de pasión, música, decibelios, y rock and roll en estado puro. Y así sucedió.

 

Los cabezas de cartel eran Screams On Sunday, una banda joven madrileña con tablas de viejos roqueros. Como teloneros suyos, Bedlam Queen, otro grupo local con muchas similitudes a SoS, aunque algo menos de trayectoria, lo que no les exime en absoluto de calidad, por supuesto.

 

Estos últimos ofrecieron un concierto sobrio, desenfadado y potente, donde su cantante femenina asombró gracias a sus capacidades vocales, junto a un bajo y batería precisos (sin alardes, porque llevan poco tiempo dentro de la banda), y dos guitarras virtuosas, especialmente la solista que encantó a todos los presentes. Su mayor valor fue la canción que da nombre al grupo, ‘Bedlam Queen’, y que forma parte de su primer EP de estudio. Muy recomendable.

 

 

Tras unos eternos minutos entre acoplamientos de instrumentos, pruebas de sonido y calentamiento del entorno, aparecieron en escena los protagonistas de la noche para proseguir con su exitosa gira: Screams On Sunday.

 

Había muchas ganas de ver a estos músicos, no solo por lo que se les presupone a partir de sus canciones de estudio, sino por algunas muestras que habían dado de su directo hasta ahora. Y la verdad, se llevaron de calle a todos los presentes. Devoraron la noche, la sala, y hasta consiguieron detener la lluvia arreciaba en el exterior.

 

Las ganas de presentar su nuevo trabajo, el EP ‘Prelude’ (ya disponible en Spotify), se notaron desde el primer tema con el que arrancaron, ‘Trying’. Lo más sorprendente –o no, tanto, la verdad- fue comprobar que cada una de las canciones era cantada por los presentes al unísono según iban sonando, palabra por palabra, acompasadas estas por sus correspondientes acordes. Y era más que notable la cantidad de personas que acudieron al concierto no solo por ser amigos o familiares, lo que acrecienta la valía de esta circunstancia. Significa que su música llega y se instala en el interior de quien la escucha.

 

 

Puppets Game’, ‘Creatures’, ‘Don’t You Worry, Child’, ‘Double Life’, ‘Call Reality a Lie’ o ‘Lopsided Heart’ sacaron la chispa que predomina en estos enormes músicos, pero las agradables y más sorprendentes canciones de la noche llegaron en forma de versión. La primera de ellas fue una destructora, fuerte y dulce a la vez, interpretación de ‘Wrecking Ball’ de Miley Cyrus. Aquí Patty se desgañitó, aunque eso no le impidió volver a dejar su sello en la segunda tanda de versiones: un apabullante popurrí, perfectamente hilado, con los temas ‘Scream and Shout’ de Will.I.Am & Britney Spears, ‘American Idiot’ de Green Day, ‘I Love It’ de Icona Pop, ‘Highway To Hell’ de AC/DC y ‘Poker Face’ de Lady Gaga. Con esta declaración de intenciones demostraron ser capaces de atreverse con todo aquello que les pongan por delante.

 

Antes, habían puesto la piel de gallina a muchos de los asistentes con ‘No Room to Escape’, otro bombazo que gana en directo todavía más que en su versión estudio, que ya es decir.

 

Pero todos los calificativos se agotaron cuando presentaron su canción estrella a día de hoy, ‘Tired and Sick’, no solo por lo bien que sonó, sino por la compenetración entre todos los músicos, su implicación con el público, la manera en que se fusionaron con este, y la energía positiva que impregnó tanto la melodía, el estribillo, como su dedicación tocando. Una maravilla.

 

 

Y para cerrar la noche, nada mejor que ‘The Night’, la cual alargaron con improvisaciones y un magnetismo espectacular hacia cada persona que coreaba la canción, saltaba, y gritaba de emoción. Fue el colofón perfecto para un repertorio perfectamente seleccionado, y unos músicos que no desean la perfección, sino gustar y convencer… Y vaya si lo consiguieron.

 

Respecto a los músicos… Merecen su espacio individual, dada su valía y la repercusión que cada uno tiene sobre el resto. Son grandes músicos individuales, pero seguramente la magia que generan juntos no sería la misma que si tocaran independientemente:

 

 

  • Patty, front-woman, es una fuerza de la naturaleza. No solo por la potencia de su voz, sus variantes vocales, las distintas tonalidades, y los registros que maneja durante todo un concierto, sino también por el completo dominio que tiene del escenario, de su público, los espacios de sus compañeros, sus gestos y su continua complicidad con toda persona con quien cruce una mirada. No tiene poses de diva, no confundir. Es una leona que defiende su territorio y a los seres vivos que están junto a ella.

 

  • Dani, guitarra, parece que no está, que le cuesta entrar, pero en realidad lleva dentro desde antes de empezar el concierto. Se atrevió a demostrar sus dotes con sonidos muy variados de su sampler, rítmicos, armónicos y algún que otro solo inspirado. Muy importante es su constancia, y aunque debería trabajar un poco más sus escasos movimientos a través del escenario, lo cierto es que no es un diamante en bruto a estas alturas, sino una corona atestada de piedras preciosas.

 

  • Alber, bajista, se descubre como el alma del grupo, a pesar del magnetismo de Patty. Sus compañeros siempre están atentos a sus gestos, sus indicaciones, entradas, salidas… Todo. Es, además, ese músico al que muchos otros odian porque es preciso y no falla nunca una nota. O si lo hace, es corregido con tanto estilo y rapidez que resulta inapreciable. Uno de esos músicos perfectos a los que nadie consigue encontrar defectos. Es el cuerpo de la balanza que mantiene todo equilibrado, además de un bajista maravilloso.

 

  • Y luego está Pepe, el batería… Chocó mucho en la previa que todo el mundo le reclamara mientras montaba sus instrumentos. Daba la impresión de que era quien más seguidores, amigos y allegados tenía en la sala. Y probablemente así fuera. Pero nada es gratuito en el mundo de la música. Las fachadas, los arquetipos, o los rimbombantes no atrapan como lo hace Pepe. Este músico es un portento, y a pesar de su fuerza, sus recursos, el baile de sus brazos amarrados a sus baquetas –o viceversa, váyase a saber-, da la impresión de que todavía podría hacerlo mejor. Y eso le situaría la altura de baterías que son leyenda viva o bien están muertos. Palabras mayores. Viéndole tocar, parecía vivir en una dimensión donde todo viaja a la velocidad del rayo, mientras que el resto de mortales se mueven a un ritmo muchísimo más lento. Pepe volaba con su cuerpo, emitía sonidos con su batería, pero los demás solo eran capaces de apreciar la mitad de sus golpes. Quizás es injusto descargar tantas alabanzas sobre un solo músico, pero no escapa a la vista de nadie las capacidades ilimitadas que parece tener este chico.

 

A pesar de todo lo dicho, hay que hacer hincapié en una afirmación anterior: nada sería igual si los cuatro tocaran por separado. Son enormes músicos que en solitario mostrarían sus dotes sin problemas, pero unidos consiguen ser algo más. Algo así como la Liga de la Justicia de la Música.

 

Foto de Portada y  pie de crónica: José Sancho Photography (REVOLUTION).