Siendo Dos y también Uno

23/04/2018

Siendo Dos y también Uno
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Siendo Dos y también Uno

Imagínate a ambos, entre los dos hay una distancia aproximada de dos metros, y atada a nuestra cintura una goma que nos une. Ahora bien, tú tienes los pies anclados al suelo, sujetas en tus brazos el peso de ambos junto con un millón de cosas más, tu pasado, tu presente y tu futuro. Sujetas también mi presente y cómo no mi futuro. Nuestro futuro. Con el paso del tiempo esa carga se va intercambiando, salen muchas cajas del pasado y entran otras del futuro, las cuales cada vez son más grandes y resistentes. Entonces te preguntarás -¿Cada vez el peso es mayor?- Sí, cada vez el peso es mayor. -¿Pero entonces habrá un momento que me dolerán los brazos y tendré que soltar las cajas?- Sí y no, te lo explico. El peso aumenta, pero cierto es también que tus brazos cada vez son más fuertes y les cuesta menos aguantar todas las cajas. Y te preguntarás qué hago yo mientras… pues bien, yo quiero ayudarte, a veces me llamas y en seguida estoy, siempre estoy. Pero en cambio otras me llamas y en el último momento me pides que me vaya, que puedes solo, quieres hacerlo por ti mismo y piensas que no me necesitas, cuando sabes que entre los dos el peso apenas se nota… -¿Qué hago yo cuando eso ocurre? pues me alejo… pero siempre que me llamas vuelvo. Me voy y vuelvo. Me voy y vuelvo. A veces ocurre varias veces al día, quizá a la semana o bien no sucede durante meses.

 

Es similar al recuerdo que tenemos todos de niños en la playa, huíamos de las olas cuando jugaban a alcanzar nuestros talones en la orilla, pero en el fondo estábamos deseando que lo hicieran por muy fría que estuviese el agua. Nos hacían reír, esa risa tan contagiosa y única que sólo tienen los niños, esa misma, sí. Todos huimos del amor y de las relaciones, sabemos que una vez que nos metemos en el agua si llega el momento de salir moriremos de frío. Cuando lo que de verdad deseamos es que esa única ola (sí, es única e inigualable) no solo roce nuestros pies, sino que nos agarre fuerte. Tan fuerte que no nos dé tiempo a tener miedo, que nos envuelva tanto que hasta nos haga sentir seguros, que allí dentro del agua nos demos cuenta de que no hay lugar en el mundo dónde nos sentiríamos más llenos de vida.

 

Pero nosotros no jugábamos, pasábamos por allí, nos encontramos y sin apenas darnos cuenta, el mar ya había atrapado y revuelto hasta la última parte de nuestra alma. Y debo admitir que ese momento es y será el mejor recuerdo que puedo almacenar en mi complicada cabeza.

 

Volviendo a tus cajas y mi goma, cierto es que es más mía que tuya… Voy y vuelvo, y no me importa soy yo la que lo ha elegido, pero yo también tengo cajas, pesan menos, muchísimo menos. Para que te hagas una idea, pesan entre unos cuatro años menos y una milésima parte de las experiencias y de las historias que guardan las tuyas. Pero aunque no me importe, el ir y venir a veces me cansa, sobretodo ir cuando de repente te das cuentas de que prefieres que me mantenga lejos, en ocasiones puede llegar a resultar agotador y un poco desesperante… y la goma empieza a ceder, se va dando de sí, cada vez es más larga y más débil. Estás tan preocupado de no tirar ninguna caja que te has olvidado por completo de que estamos unidos por ella. No te preocupes, me encargó yo, tú tienes demasiadas cajas que sostener. Iré con pies de plomo para que la goma no ceda más, ya no iré tan rápido para que el rebote no sea tan fuerte, no olvides que ahora la distancia es mucho mayor… tardaré más… y aun así, pase lo que pase, siempre que me llames iré.

Pero -¿Y si se rompe?- Bueno, no sé si recordarás que ya se rompió una vez y aunque no quisiste ayudarme en esa ocasión, esperé el tiempo que fue necesario para coserla de nuevo y que nos volviese a unir. Entonces, -¿Y si te cansas de tener que volver a arreglarla?- Bueno no creó que suceda… la coseré yo sola, las veces que haga falta y el tiempo que me lleve, cueste lo que cueste no dejaré que la goma se desate de nuestras cinturas. Y sé que tú ya cuentas con ello. -Entonces, ¿Da igual lo que haga, siempre lo intentarás reparar?- Sí y no, te explico. Habrá un momento que me quedaré sin hilo para volver a coser lo que ya está deteriorado. Por eso te pido, ahora que sólo se rompió en un pequeño accidente, que cuides tú también de ella, puesto que es lo que nos mantiene unidos; porque el hilo que me queda tiene que durarme para toda nuestra historia, desde que nos colocamos la goma en la cintura y sostuvimos las cajas, hasta el último día de nuestras vidas.

 

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Laura Burgos
Laura Burgos

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