[CRÍTICA] ‘Star Wars: Los Últimos Jedi’, el despertar de una nueva esperanza

[CRÍTICA] ‘Star Wars: Los Últimos Jedi’, el despertar de una nueva esperanza

Como dice un personaje enigmático en esta película: “el fracaso es el mejor maestro”. Aplicando este lema a la saga más popular de la cultura cinematográfica (le pese a quien le pese), se obtienen las tres últimas películas de Star Wars. Eso sí, sustituyendo la palabra “fracaso” –demasiado extrema- por “error”. En cierta medida ‘El Despertar de la Fuerza’ se aferró a este mensaje, y acertó con el planteamiento de la nueva trilogía; posteriormente ‘Rogue One’ lo elevó a un nivel superior, creando una de las más logradas composiciones del género bélico y de acción; y ahora, en ‘Los Últimos Jedi’, se escucha este mensaje como si se tratara de confirmar el más firme propósito para el futuro del hijo predilecto de Lucasfilm: “Oigan, que ya hemos aprendido de los errores pasados, vaya”.

 

 

George Lucas decidió no arriesgar en su momento, dando lo que el público pedía, sin más, y así nacieron las precuelas de la historia de los Skywalker. Fue una apuesta segura, pero muy acomodada y sin ir más allá de los efectos especiales abrumadores, las coreografías brillantes, y las nulas sorpresas. No fracasaron, porque arrasaron en taquilla y vendieron millones de juguetes y merchandising, pero sí cometieron graves faltas. Por eso, cuando Disney compró Star Wars hubo muchos miedos dentro de los fans, temiendo un más de lo mismo que no ahondara en algo tan lleno de posibilidades. Pero los responsables de Mickey Mouse conocen el llamado “showbusiness” a la perfección, y eran conscientes de que para mantener a la exigente pléyade de las galaxias lejanas había que innovar.

 

 

Este Episodio VIII es la película más ambiciosa de todas las vistas hasta ahora. Sin “puedes”, ni “quizases”, ni “talveces”. Lo es, porque a pesar de sus errores imperdonables (casi garrafales), nadie se había atrevido a seguir relatando esta historia enterrando ciertos clichés, dejes, y manías ya caducas.

 

Pero las máximas hay que justificarlas, porque no hay nada perfecto ni exacto. Todo es relativo, según decía un genio.

 

 

EN CONTRA

 

Excesivo metraje: eliminando media hora de película, o quizás un poco más, podría llegar a ser la mejor película de la saga. Apurando, incluso una de las más sobresalientes del género (algo similar a lo que supuso ‘El Caballero Oscuro’ para el cine de superhéroes). Pero se alargan escenas de sobremanera, y hay situaciones que no aportan nada a la trama, salvo el despliegue técnico o el lucimiento insípido de algunos personajes nuevos. Dos horas y media tienen la culpa...

 

 

Vergüenza ajena: sin entrar en detalles, para no desvelar sorpresas, hay momentos indignos de Star Wars que no se veían desde aquel denigrante especial de navidad rodado tras el estreno de la primera película de 1977. Teniendo en cuenta que la tecnología digital se encuentra en un momento álgido casi ilimitado, son incomprensibles algunas definiciones visuales, tanto de personajes relevantes, como de criaturas o seres hasta ahora desconocidos. La escena más humillante de todas parece sacada de una película de Superman. Seguramente sea una broma pesada del director. Pero es una tomadura de pelo que hace enfadar al espectador exigente, y reír, por lo absurdo de la situación, al público neutral. Y mejor no hablar respecto a los muchos océanos encontrados en el guion, ya que algunas situaciones traspasan las barreras de las habituales, pero perdonables, lagunas.

 

 

Ninguneo de personajes importantes: ¿por ejemplo? R2-D2, quien merecía aquí un más que ganado respeto. Es cierto que en este tipo de franquicias la nostalgia debe de marchar, dando paso a la frescura. Pero habiendo candidatos de sobra a ser ignorados ¿por qué se ha elegido a R2 u otros personajes (unos antiguos, otros no tanto)? Sin irse muy lejos, su compañero C3PO. El androide de protocolo más pesado (y ya agotado) de la galaxia continúa teniendo injustificado e inmerecido protagonismo a pesar de haber perdido su carisma desde hace largo tiempo. ¿Obligaciones contractuales? Aparentemente, Anthony Daniels debió de negociar unas cláusulas extraordinarias el día en que fue llamado para volver a dar voz a su personaje. Y una pregunta sencilla: ¿la Capitana Phasma sirve en esta trilogía para algo más que vender muñecos? Siendo justos, su impresionante porte y estética merecían una mayor relevancia dentro de los capítulos séptimo y octavo. Seguramente acabe convertida en un icono clásico al más puro estilo Boba Fett, otro incomprensible producto desaprovechado de la saga.

 

 

Despropósitos en algunos cambios de secuencia: observando pasadas películas de este universo, si hay algo que funciona y encaja a la perfección son las transiciones entre unos eventos y otros del desarrollo global, en cada una de ellas. En este octavo capítulo se sube, se baja, se adormila, y se despierta de manera exagerada y desproporcionada, especialmente durante la primera mitad de la película.

 

Los malditos guiños: Ben Solo/Kylo Ren expresa en un momento crucial de la historia “el pasado tiene que morir”. Sí, pero no. ‘El Despertar de la Fuerza’ fue criticada por ser casi un remake de ‘La Guerra de las Galaxias’, aunque decir eso fue quedarse en la superficie, al no apreciar el bello valor de su historia, y el inicio de un relevo generacional necesario. Pero ‘Los Últimos Jedi’ tiene guiños que en realidad son parpadeos intensos, que bordan la copia completa de escenas pertenecientes a la trilogía original. Ya no son homenajes, sino calcos de momentos cruciales ya vistos en ‘El Imperio Contraataca’ y, sobre todo, en ‘El Retorno del Jedi’. Sí, se han desarrollado como grandes secuencias, pero quedan desdibujadas debido a la sensación de déjà vu. Lo hemos visto antes, aunque con distintos personajes.

 

 

 

Finn, Rey y Poe (entre otros) pierden importancia: conseguir en una sola película atrapar a los amantes de la saga con nuevos personajes no era tarea fácil, aún menos teniendo en cuenta que estos harían relativa sombra a los Leia, Luke, Han Solo y compañía. ‘El Despertar de la Fuerza’ superó con creces el reto gracias al carisma de sus actores, así como una definición y acoplamiento perfectos dentro del compendio de las películas ya existentes. Y ahora, con ‘Los Últimos Jedi’, todos estos logros se han convertido en una desorbitada contradicción. Algo muy confuso y difícil de entender, la verdad. Dejar a estos jugosos nuevos personajes en un segundo plano rezuma ¿arrepentimiento? O quizás sea una estrategia para focalizar por completo la trama del Episodio IX en ellos (es muy probable, viendo cómo concluye esta cinta). En cualquier caso, esta estrategia corre el riesgo de ser interpretada como un intento de manipulación hacia el espectador, lo que pondría en peligro la lealtad de ciertos seguidores ya de por sí dubitativos.

 

 

A FAVOR

 

Tras esta larga lista de faltas graves, o muy graves, se puede llegar a pensar que la película no merece nada más allá de un aprobado raspado. Craso error.

 

Posee cosas desquiciantes, pero lo bueno es tan, tan bueno. Tan fresco y excepcional Que pasa del 5 al 10 en un abrir y cerrar de ojos. La magia del cine, prefieren llamarlo algunos. En ocasiones hermoso, y en otras dulce, divertido, irónico, sarcástico o plagado de mensajes transcendentales y enriquecedores, nada gratuitos ni superficiales. Si se trabaja en la dirección correcta, el noveno episodio podría llegar a ser superior a cualquier otro producto previo, tanto del género como de la saga.

 

 

Al igual que es muy criticable la excesiva vinculación a sus antecedentes, la combinación de otros con el devenir de los acontecimientos del cuerpo y desenlace de la trama son brillantes. A propósito de esto, por suerte, R2-D2 es protagonista de una de las más maravillosas escenas vistas dentro de la saga, mezclando presente y pasado.

 

Star Wars tiene acostumbrado a su público a los giros, las sorpresas y cierta mitología. Pero ahora ha logrado darle a esos símbolos un nuevo significado. Ahora no hay giros, sino golpes de efecto brutales, efectivos y espeluznantes que hacer retorcerse al espectador. Con dos “simples” escenas, Rian Johnson, director y escritor de este guion, mata la supuesta obligatoriedad de respuestas a algunas de las cuestiones surgidas en el séptimo capítulo de la saga. Como lo fueron  el origen del Líder Supremo Snoke, la aparición de la espada de Anakin Skywalker, o quiénes son los padre de Rey . De una tacada el realizador arranca árboles de raíz, poniendo fin a las elucubraciones y teorías de los últimos dos años. ¿Querías giros? Johnson te da varias espirales para que te retuerzas en la butaca, para que llores, grites, rías a carcajadas y mantengas la esperanza. Esa de la que tanto se habla a lo largo de toda la cinta –y en las nueve películas estrenadas a día de hoy.

 

 

Además, hay que romper una lanza, o varias, a favor de Kylo Ren. Se puso en duda su valía como malvado en esta nueva trilogía pero, aunque a algunos les duela, aquí se confirma como el necesario y mejor relevo natural de Darth Vader. Este chico no es malo. Es otra cosa. Es el mal en sí mismo, en todas sus vertientes posibles. Tiene tanto odio, tanta rabia, y tanto poder, que convierte una estancia en el infierno en una fiesta de cumpleaños infantil. Y lo que está por venir…

 

 

Igualmente, quizás se haya perdido a R2-D2 en esta cinta pero, para compensar existe BB-8. Todo el mundo adora al androide azul cascarrabias, pero este otro redondo y anaranjado tiene lo mejor de su igual, lo mejora, y ofrece un personaje con luz propia, sin igual y brillante. En el anterior relato cinematográfico mostró pequeñas porciones de su potencial, pero en este demuestra que los bips no son nada sin personalidad. Algo de lo que anda sobrado este acierto robótico.

 

 

Y por encima de todo está lo mejor y más sublime: Mark Hamill, y la escritura de su personaje, Luke Skywalker en esta nueva historia. Es Luke, y no lo es. Y esa es la belleza del mito, o de la leyenda, como se autodenomina él mismo en la película. Analizando Star Wars, se puede comprobar que este héroe no ha dejado de evolucionar entre un episodio y otro. En ‘Una Nueva Esperanza’ era inocente, en ‘El Imperio Contraataca’ un aprendiz de Jedi inquieto, sumamente inteligente y preparado, y en ‘El Retorno del Jedi’ un inexperto Jedi, aunque convertido en un curtido maestro debido a las terribles circunstancias y sucesos a los que se enfrenta desde su nacimiento. En ‘Los Últimos Jedi’ Luke extrae sonrisas y lágrimas, deja en vilo los corazones de sus confiados espectadores y fans, emociona y logra aplausos (tal cual, damos fe). Queda justificada su ausencia (o casi) en el capítulo anterior, y pocos afirman haber quedado insatisfechos con su aportación en este. Larga vida a Luke Skywalker. Viva Luke Skywalker.

 

 

Respecto a la tristemente fallecida Carrie Fisher y su Leia Organa… No sería justo ofrecer calificaciones, porque, buenas o malas, nunca harían justicia ni a la actriz ni a su personaje. Llena de luz la pantalla en la mayoría de sus apariciones, pero cuesta saber si es mérito de cómo está escrito su papel, o si bien todo es fruto de la nostalgia y el cariño hacia una gran mujer (la real y la ficticia). Y llegados a este punto, tampoco está todavía claro si ella le debe todo a Star Wars, o si es justo lo contrario.

 

 

MORALEJA(s)

 

El futuro de este sello está a salvo, no hay duda, pero también necesita alejarse de los excesos, las nostalgias innecesarias y los minutos de relleno. Star Wars sobrevive solo con el nombre, pero sus seguidores y la cultura, en general, merecen que vaya más allá. Necesita pasos al frente como los aciertos de este nuevo episodio y del anterior. Pero hay que matar al pasado, efectivamente, aprendiendo de los (inaceptables) errores. Siempre desde el respeto, pero asumiendo que cada generación merece sus propios mitos y héroes, protagonistas de sus propias leyendas y mitologías. Construir el futuro desde el presente, mirando hacia atrás solo para coger impulso.

 

 

CALIFICACIÓN R.A.: 7.1 / 10