Stranger Than Fiction (Bad Religion)

Stranger Than Fiction (Bad Religion)

Arqueología musical en el siglo XXI: hallazgos digitales, remembers y mares de preguntas

 

 

Hace unos días, buscando entre cajones, aparecieron unos viejos cds que contenían un puñado de álbumes en mp3 medio resignados al olvido. Esto, que en la actual era digital es el equivalente a desempolvar tus viejos vinilos, cds o casetes, hizo explotar una serie de mecanismos en el cerebro que activaron, como hacen las antiguas fotografías, un montón de recuerdos. Uno de los grupos que incluían ese puñado de archivos digitales eran Bad Religion. Punks. Pioneros. Míticos. Abueletes, sí… pero todavía en activo. Una rareza dentro de la industria y sin duda una anomalía en su escena.

 

Al superar los 30 es habitual pensar que te haces mayor y darte cuenta que los tiempos pasados ya no volverán. Pero cuando ves a gente como los Bad Religion, que tienen unos 50 años y continúan dando conciertos y publicando álbumes, piensas en positivo. Cuando has vivido la desaparición de muchas de tus bandas preferidas y has visto a colegas deshaciendo sus grupos, piensas: ¿cómo se puede mantener una banda durante más de 30 años? ¿Todavía tienen cosas por contar/cantar? Y, sobretodo, si se trata de una banda de punk rock… ¿Se puede seguir siendo punk a los 50 años? Vamos a acercarnos a la extensa carrera de Bad Religion intentando encontrar algunas respuestas.

 

 

80’s: inicio llenos de dudas

 

Bad Religion se formaron en Los Ángeles hacia 1980 de manera típica y tópica: unos amigos de instituto decidieron montar un grupo influenciados por las bandas del momento que les molaban. Dicho y hecho. Después de un EP homónimo editado en 1981, el quinteto californiano empezó su larga colección de LPs un año más tarde, cuando publicaron un disco donde preguntaban al mundo ¿Cómo podría empeorar el infierno? título que recuperarían 20 años más tarde en forma de verso en su tema Los Angeles is burning (The empire strikes first, 2002).

 

Estabilizados como banda aproximadamente desde 1986, ya no han parado. Se consolidaron a lo largo de los 80’s, donde la escena hadcore-punk norteamericana gozaba de buena salud, alimentada por un contexto social dominado por la crisis, el paro y un gran descontento social (especialmente juvenil), que se intensificaba todavía más con las políticas de Reagan. Bueno, el punk gozaba de buena salud siempre entendida como tópico, ya que la salud no terminaba de encajar en un movimiento que promovía la autodestrucción como uno de sus tótems. Así pues, en esos momentos la escena hardcore-punk vivía en las cómodas y alabadas tinieblas del underground, a la sombra de la música disco, el electro pop y el heavy metal que predominaban en aquella época.

 

 

90’s: entre el éxito y los conflictos

 

Después del No Control (1989) Bad Religion entrarían en los años 90 con una trilogía indispensable: Against the grain (1990), Generator (1992) y Recipe for hate (1993). Imperaba la moda del grunge (que los medios se encargarían de explotar para asesinar fríamente poco después) pero el quinteto californiano iba a su rollo. Seguían haciendo punk rock cargado de melodía y que, en determinados momentos, buscaba tímidamente algunas vías de exploración fuera del estilo (los temas Two babies in the dark de Generator o All good soldiers de Recipe for hate son buenos ejemplos de ello). Explorando, pero al mismo tiempo inamovibles dentro de las coordenadas de su punk rock, tan inamovibles como los actores de una fotografía que citaban en la mítica Generator.

 

Pero durante este periodo, la relación entre los dos fundadores y principales compositores, Gregg Graffin (vocalista) y Mr. Brett Gurewitz (guitarrista), se deterioraron mucho y acabarían dinamitando poco después, precisamente en el momento de mayor éxito tanto del grupo como de la discográfica Epitaph, propiedad del propio Mr. Brett y mediante la cual Bad Religion había publicado siempre sus obras. Así, el 1994 la banda se marcharía, como ellos mismos cantaban en Flat Earth Society, lejos, con grave determinación y sin destino, o mejor dicho, con destino incierto: dejaban Epitaph para fichar por la multinacional Atlantic, filial de la todo poderosa Warner. Una banda punk con letras contra el capitalismo en la filas de una multi. Evidentemente, eso les valió la crítica por una parte de los seguidores de la banda.

 

Su popularidad se vio resentida, en parte porque algunos de sus seguidores les habían dado la espalda y en parte porque sus nuevos discos no eran los más inspirados de su carrera. La verdad pero, es que esos álbumes funcionaron bien a nivel comercial, encajaban perfectamente dentro de su línea estilística y, a nivel lírico, continuaban las críticas sin pelos en la lengua contra todo lo que no les gustaba: el uso de animales como entretenimiento en los zoos en A walk (The Grey Race, 1996), la reivindicación del individuo para que se haga oír en Raise your voice (No substance, 1998) o la falta de cohesión social para luchar por un mundo mejor en New America (The new America, 2000).

 

 

00’s: retorno de Mr. Brett y nuevo resurgimiento

 

El tiempo y muchas otras circunstancias (adiós a ciertas adicciones, por ejemplo) ayudaron a cicatrizar heridas y finalmente se produjo lo que muchos esperaban: Mr. Brett volvía a la banda. Con la familia al completo y la frescura que aportó nuevamente Gurewitz, se inició una efervescencia creativa que daría pie a la edición de The process of belief (2002), el mejor álbum del grupo en mucho tiempo.

 

Con el esperado retorno y la entrada de una nueva década, Bad Religion publicaba una nueva trilogía de discos (de nuevo con Epitaph) de muy buen nivel, que además del citado Process, incluía The Empire strikes first (2004) y New maps of hell (2007). Hasta hoy, su discografía se alarga todavía más con The dissent of man (2010) y True North (2013), completando un total de 16 álbumes de estudio.

 

Las letras: entre la crítica y la introspección

 

Musicalmente, Bad Religion no han inventado la rueda: estructuras de canciones estándar, baterías con el conocido “tu-tu-pa” y guitarras tocadas a toda velocidad, aliñadas con algunos solos. Pero si un hecho caracteriza a la banda californiana son sin duda sus letras.

 

Graffin, el principal letrista, ha dotado a la lírica de la banda de un espíritu crítico indudable, pero ha sabido hacerlo desde una óptica inteligente. Las canciones de Bad Religion remueven consciencias sí, pero no lo hacen siguiendo típicos lemas punk como el no future o el mierda de país / mierda de políticos. Además, una parte importante de su estilo se ha caracterizado también por incluir un componente intimista, ya sea en temas más introspectivos (Infected, de Stranger than fiction, 1994) o bien cuando lo han combinado con el espíritu reivindicativo (The empire strikes first, del àlbum del mismo nombre, 2004).

 

Los ejemplos son tantos como temas en su discografía, pero podríamos citar algunos casos. En Atomic Garden por ejemplo, narran irónicamente la situación de tensión y supremacía moral norteamericana durante la guerra fría, y en American Jesus (que por cierto, sirvió de título para un documental sobre el poder de la iglesia evangélica en los EEUU, nada que ver con la banda pero muy recomendable) critican la influencia de la religión sobre el poder y la hipocresía de ambos ante los más desfavorecidos. Y puede que uno de los temas más premonitorios que hayan escrito nunca haya sido 21st Century (digital boy), que pese a conseguir popularidad gracias a la versión incluida en Stranger than fiction (1994), ya formaba parte de Against the grain (1990). A principios de los 90’s, Graffin ya hablaba de críos alienados con sobredosis de juguetes y vida digital ante la inacción de unos padres absorbidos por el trabajo o la adicción a los tranquilizantes. Y todavía no habían llegado las play stations ni las macrofiestas infantiles que se celebran hoy…

 

En definitiva, podríamos decir que las letras de Bad Religion se pueden restregar por la cara a los que, como dicen en el tema Kyoto Now, no esperan encontrar nada de sabiduría en una jodida canción punk.

 

Apuntes, drogas y rock’n’roll

 

No hay duda que una influencia directa sobre las letras del grupo han sido los estudios de Graffin. Y es que además de liderar la banda, el cantante ha compaginado la carrera musical con las clases universitarias como alumno y como profesor. Esta carrera culminó con un doctorado en el ámbito de la zoología, aunque sus campos de estudio han sido la antropología, la filosofía y la biología, entre otros.

 

Los conocimientos adquiridos mediante sus estudios sumados a las experiencias vividas con el grupo, más que posiblemente han ayudado a conformar la integridad que caracteriza a Graffin y, por contagio, a Bad Religion. La sabiduría acumulada con el paso de los años, el contacto con el mundo universitario y un planeta cada día más podrido en demasiados aspectos, pueden explicar sin duda porque Graffin sigue encontrando conceptos e historias sobre las que escribir canciones, pese a que ya lleva más de 30 años dedicándose a ello.

 

Punk or not punk: Cuando la rebeldía es hacer tu propio camino

 

Bad Religion han vivido durante más de 3 décadas dentro de la escena punk, viendo nacer y enterrar a bandas, a menudo, más jóvenes que ellos. Y siempre lo han hecho yendo a su rollo. El paso por una multinacional para regresar finalmente al mundo independiente, visto en perspectiva, no es más que una de las migas de pan que han ido recogiendo a lo largo de su camino. Si era punk o no, igual que tantas otras cuestiones que se plantean cuando se habla de este estilo, ellos lo han solucionado por la vía rápida: siendo ellos mismos y haciendo gala de la ya citada integridad. ¿Hay algo más punk que ser tu mismo?

 

Esto no quita que nos continúe sorprendiendo que unos señores de 50 años sigan haciendo música punk, tocando, girando por todo el mundo y grabando álbumes con una calidad más que aceptable. Pero ya lo dijeron ellos en 1994: a veces, la realidad es más extraña que la ficción.

 

Es cierto que no se debe intelectualizar en exceso todo lo relacionado con el ámbito punk, como tampoco se pueden tomar tan seriamente estas preguntas o los factores que justifican la situación de la banda. Ellos no lo hicieron y llevan más de 30 años, y esperamos que muchos más, pateando escenarios (y culos). Y es que al final, esto es simplemente una canción punk rock, ¿no?