Tarzán y el lógico paso del tiempo

Tarzán y el lógico paso del tiempo

Crítica sin spoilers de ‘La leyenda de Tarzán’ (David Yates, 2016).

 

Desde ‘Greystoke, la leyenda de Tarzán, el rey de los monos’ (Hugh Hudson, 1984) no se había vuelto a ver a este personaje en acción real, en una seria y más que convincente película en la que un prácticamente inmutable Christopher Lambert ofreció probablemente la mejor interpretación de su carrera, gracias a un espléndido guion de Robert TowneMichael Austin.

 

Disney recuperó en 1999 al hombre mono para una correcta versión animada (de las de antes, con papel y lápiz), pero que no pasará a la historia como una de las mejores películas para el sello de Mickey Mouse, y el marido de Jane quedó en la recámara de Hollywood, hasta que algún valiente decidiese volver a retomar su gloria.

 

Tras casi diez de idas y venidas, diferencias creativas, castings fallidos, y un sinfín de guiones dando vueltas por Warner Bros., el director de las últimas películas de Harry Potter, David Yates, se puso manos a la obra y decidió aceptar hacerse cargo de la película, con Village Roadshow Pictures financiando el proyecto de la mano de Warner Bros., donde se llegó a tantear desde al campeón olímpico Michael Phelps a la estrella Tom Hardy para el papel principal. El guion fue escrito en su mayoría por Craig Brewer, aunque están acreditados hasta tres escritores más en la película, lo que no suelen ser buenas noticias.

 

Finalmente Yates puso un poco de orden en la producción, y seleccionó un reparto muy potente con el vampiro Eric Northman de la serie ‘True Blood’, Alexander Skarsgård, como Tarzán, Margot Robbie (Harley Quinn en ‘Escuadrón Suicida’ (David Ayer, 2016)) como Jane, Samuel L. Jackson como George Washington Williams (curioso nombre y apellidos ¿no?), y Christoph Waltz en el papel del despiadado Capitán Rom.

 

 

Con este panorama, acabó estrenándose ‘La leyenda de Tarzán’ el pasado 22 de julio de 2016 en España, y tres semanas antes en USA, con hasta el momento una buena recaudación de más 310 millones de dólares en todo el mundo, aunque con sus 180 millones de presupuesto se puede considerar una cifra un tanto justa, tirando a baja.

 

Lo mejor de la película son tres cosas, las cuales quizás sean de las más importantes para una película de esta temática: su actor principal, su ambientación, y las secuencias de acción. Aunque lo peor, como en muchos casos de la vida en general, suele pesar mucho más que lo positivo.

 

Skarsgård, desde nuestro punto de vista, es un perfecto Tarzán, por su presencia, su expresión, y su credibilidad. Desde el primer instante en que el personaje aparece en pantalla, cualquier persona pensaría que ese hombre ha pasado por cosas duras, y así lo transmite su rostro, y cuando su brazo se impulsa para alzarse en la gruesa rama de un árbol de sus vastas propiedades, la inmensa fuerza de ese milagro de la naturaleza queda patente. En casi la totalidad de los cómics que han podido verse del hombre mono, sus capacidades físicas eran muy cercanas a las de un superhombre, así como su imponencia. Por lo tanto, primer objetivo conseguido: un Tarzán casi real.

 

 

Así mismo, todo el metraje en el que vemos en pantalla a John Clayton III, el verdadero nombre del personaje, es decir, al aristócrata y no al salvaje, aporta mucho más que algunos momentos prescindibles que se desarrollan en la selva, con excesiva información, en ocasiones casi insultando la inteligencia del espectador, abrumando y aburriendo. Mientras él viste ropa de marca, asistimos al paso del tiempo, de los años, de este, dejando patente que Tarzán se ha hecho mayor, algo viejo, y sobre todo acomodado a su privilegiada vida de Lord inglés, víctima del aburrimiento y la rutina. Cuando vuelve a la selva, el hombre retrocede varios años atrás, en alma y pensamiento, y consciente de que su casa detuvo el reloj el día que decidió cambiar una rama de árbol por un cómodo sofá. Un bello retrato del personaje, con similitudes lógicas con ‘Greystoke’, pero con su propio manejo de la historia.

 

 

En esta era de la nueva tecnología, hacer un CGI que no evoque a un videojuego es complicado, muchas veces por la falta de recursos y otras por la rapidez en que son mostrados muchos planos, dada su complejidad, lo que se traduce por lo general en un mareo absoluto en el que se pretende impresionar y al mismo tiempo tapar carencias. En las películas de Bud Spencer y Terence Hill una bofetada en alta velocidad en menos de un segundo era una risa segura y tenía mucho sentido, pero en una película de acción mostrar veinte golpes en el mismo tiempo es un despropósito que suele hacer que el espectador pierda el interés por este tipo de escenas.

 

 

Esto no sucede en esta película, donde todas las tomas aéreas, de acción, de peleas, de batallas, lucha y tensión, son mostradas en su mayoría a una velocidad normal y rara vez se aprecia un efecto por ordenador en el lugar donde debería haber un gorila, o el propio Tarzán. Esto hace que las escenas de acción sean espectaculares, principalmente porque transmiten a quien las ve la sensación de dureza de las mismas. Se sienten los golpes como propios, los saltos con inmensidad y el vértigo de una persecución por las ramas de los árboles hace cubrir de pánico y emoción las frágiles mentes de quienes la observan. Segundo objetivo conseguido: credibilidad en las escenas de acción y de supuesta espectacularidad.

 

Pero fuera de esos enormes aciertos, la valoración general de la película roza el aprobado, y en otras suspende estrepitosamente. Samuel L. Jackson es un grandísimo actor, que sabe desenvolverse con soltura en este tipo de cine, pero su personaje no es del todo creíble, o casi nada. Un hombre con la capacidad física de Tarzán debería estar a años luz de la de un simple mortal, de avanzada edad, como lo es el personaje de L. Jackson, pero a pesar de esto, siempre parece estar como una sombra cuando el héroe lo necesita. Uno se pregunta si estamos ante el llamado George Washington Williams o bien es el jedi Mace Windu el que acompaña al Señor de la Selva.

 

 

Margot Robbie como Jane ofrece un personaje muy divertido y respetable, y curiosamente querido, por su entrega y decisión, aunque su complicidad con el protagonista chirría un poco y no termina de ser muy realista. Eso sí, por primera vez se nos muestra una mujer de Tarzán que no parece una chillona, asustadiza, y niña rica tonta, sino a una mujer fuerte, que ama a su marido, su legado, sus ideales, pero sin dejar de tener presentes los suyos propios, y la fuerte creencia de que su vida en la selva es más rica que la burguesa del viejo Londres.

 

 

Pero lo más imperdonable, al borde de la calamidad, llega con el actor de otra galaxia Christoph Waltz, que repite su papel de Hans Landa en ‘Malditos Bastardos’ (Quentin Tarantino, 2009), pero en algo similar a una fase de experimentación, como si fuese un boceto cutre del comentado personaje. Es difícil que Waltz no convenza en un papel de malvado pero quizás una nula preparación del personaje, un guion pobre, y una implicación algo dudable, hacen de esta probablemente la peor interpretación que hemos visto de este maravilloso y admirable actor austriaco. Una oportunidad perdida para el estudio, dos azotes en el culo, y un punto menos en el carnet de conducir para el bueno de Christoph.

 

 

El resto de actores hacen un trabajo correcto, aunque uno olvida sus caras cuando se pierden en la siguiente imagen, salvo el caso del beninés Djimon Hounsou, que es más grave, dado que desde su papel en ‘Gladiator’ (Ridley Scott, 2000) anda buscando su lugar en el cine americano, con más errores que aciertos, y casi siempre repitiendo el mismo papel una y otra vez.

 

En un más que confuso guion, se peca de falta de ritmo y constancia, pasando de una sublime escena de lucha entre Tarzán y unos soldados, a una escena irrelevante en otro lugar, con otros personajes y un ritmo menor en más de la mitad de velocidad. No es bueno machacar con escenas intrépidas constantes, pero tampoco lo es pasar de un paseo en Ferrari a uno en burro en menos de cinco minutos. Algo de equilibrio le habría venido bien a una película a la que se le notan demasiado los cambios de guion y guionista.

 

 

Pero sí es un acierto no extenderse en la presentación del origen del Señor de los Monos, dado que su vida ya ha sido contada en muchas ocasiones, por lo que tal y como se presenta principalmente mediante flashbacks, es más que suficiente para que conocedores e ignorantes (de la historia de Tarzán, por supuesto) se sitúen dentro de la historia. Pero a lo largo de la cinta se abusa en exceso de este recurso narrativo fílmico, especialmente en algunas escenas que tratan de contar el origen de Jane, y de su relación con Tarzán, en muchas ocasiones sin mucho sentido y sin aportar grandes cosas.

 

Es bastante improbable que haya secuelas de esta película, pero de ser así, debería aprenderse de los errores, contratar a un guionista que entienda de cine y que respete la historia de Tarzán, para aprovechar un reparto tan jugoso como el que ha tenido este largometraje, que deja la impresión de haber sido bastante desaprovechado, en un proyecto que parece en líneas generales moverse por la senda del éxito, para acabar perdiéndose lentamente por calles secundarias durante el trayecto.

 

CALIFICACIÓN: 6,1/10