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‘La vida secreta de Walter Mitty’, vivir en un sueño y despertar para hacerlo real

Dani García - 29/08/2017

‘La vida secreta de Walter Mitty’, vivir en un sueño y despertar para hacerlo real

Ver el mundo, pasar por cosas peligrosas, ver a través de las paredes, acercarse más para encontrarnos el uno al otro y sentir. Ese es el propósito de la vida”.

 

Ben Stiller asumió el encargo de realizar una revisión de una historia que hasta ahora solo había sido contada para la gran pantalla en blanco y negro: ‘La vida secreta de Walter Mitty’. Basada en el relato corto de James Thurber, escrito en 1939, narra la historia de un hombre solitario, soñador empedernido, que en muchas ocasiones pierde el sentido del ahora, dada la intensidad con la que imagina. Trabaja en el departamento de fotografía de la revista ‘Life’, revelando los negativos de las fotos que, posteriormente, acaban siendo inmortales. Pero la revista se ve abocada a su fin, y para ello quiere ofrecer a sus lectores una imagen en su última portada digna de lo que ha significado esa editorial para la historia de Estados Unidos y, por qué no, para el resto del mundo.

 

La primera versión cinematográfica, estrenada en 1947, dirigida por Norman Z. McLeod y protagonizada por Danny Kaye y Virginia Mayo, se ha convertido con el paso del tiempo en una película de culto. Sin embargo, en esta nueva adaptación Stiller supo darle al relato un enfoque todavía más surrealista, colorista, plagado de emociones, motivaciones, sonido y unas imágenes impactantes. A pesar de ser un relativo remake, esta cinta se ha ganado por derecho propio un lugar exclusivo dentro de la historia del celuloide.

 

 

El resultado es portentoso y sorprendente, a pesar de la imagen predominante del público respecto a Ben Stiller como la de un comediante, con cara de tonto ignorante pero encantador. Es entendible que, de inicio, no se le pueda tomar en serio cuando se descubre que no solo protagoniza la historia, sino que también la dirige. Pero ciertamente, además de ser un muy buen actor y versátil, tiene una visión cinematográfica innovadora y excepcional, que encontró en este proyecto la posibilidad de ofrecer un producto que difícilmente podrá ser olvidado o infravalorado.

 

El guion está muy cuidado, especialmente el equilibrio entre lo que se dice, lo que presupone, lo que se imagina, y lo que se ve. Nada está elegido al azar, sino que busca atraer al espectador de tal manera que sienta que él es Walter Mitty. Y lo consigue de manera tan abrumadora, que uno se plantea al finalizar la película si es el momento de cambiar su vida. Consigue llevar a un nivel de recapacitación muy grande, con planteamientos tan importantes acerca de quiénes somos, las limitaciones impuestas por la sociedad, y las autoimpuestas por nosotros mismos, debido a nuestros miedos y desconfianza.

 

 

Regala al espectador unos paisajes, unos lugares y unas imágenes tan coloristas, llenas de una profundidad inmensa, en los que no solo consigue enamorar, sino que logra también oler y sentir lo que sucede en cada uno de esos parajes. Puede resultar exagerado, pero viajando por Groenlandia, Islandia, o Afganistán durante toda la película, se percibe el frío, el soplo del viento, las gotas de la lluvia o del mar, simplemente con unas escenas envolventes y medidas a la perfección.

 

 

Y luego llega esa parte fundamental del cine. Esa que ha convertido a clásicos como ‘Star Wars’, ‘Lo que el viento se llevó’, ‘Psicosis’, ‘Tiburón’, ‘El Padrino’, ‘Cinema Paradiso’ y miles más, en lo que son: la música.

 

Además de la sección melódica, creada por Theodore Shapiro, que es tan maravillosa como cualquier escena de la que forme parte, se encuentra una selección de canciones prodigiosa, con el compositor y músico sueco José González a la cabeza. Este artista indie/folk cuenta con solo tres álbumes originales en el mercado, pero casi son incontables sus aportaciones a bandas sonoras de gran cantidad de películas de este siglo.

 

 

Para esta banda sonora ha compuesto o colaborado en cerca de la mitad de los cortes que la componen, en solitario o con su banda Junip, aunque con la exclusividad de formar parte de momentos cumbres de la historia. Sucede con muchas grandes canciones de películas, que uno imagina un lugar maravilloso para ella durante el metraje, para acabar escuchándola al final de todo dentro de los títulos de crédito finales. Eso no sucede con ‘Step Out’, un canto a la esperanza muy motivadora, con unas melodías y coros que consiguen poner los pelos de punta. Emociones que también consiguen ‘Stay Alive’, o ‘Don’t Let It Pass’, pero no al nivel de la inicialmente mencionada y ‘# 9 Dream’. Esta versión de uno de los temas más inspirados, del mejor y más creativo John Lennon, lleva el sello de González, sin perder la esencia del clásico original.

 

 

 

Pero la culminación musical de esta banda sonora llega con la maravillosa versión de ‘Space Oddity’ del genio David Bowie. La versión original cuenta con dos tonos del artista, que ofrece una canción a dos voces prodigiosa, evocando a los dos protagonistas de la historia del tema: el Mayor Tom y el Centro de Control (Espacial), que curiosamente son nombrados en muchas ocasiones durante la película. Y en esta versión, se respeta una de las voces de Bowie, y se incorpora para la segunda a Kristin Wiig, también  actriz protagonista, acompañando con su guitarra acústica, y su hipnotizadora voz. La combinación asciende a las estrellas a un tema que parecía inmejorable.

 

 

Este corte, al igual que sucede con otros ya nombrados, forma parte fundamental de la historia de la cinta. De hecho, es la canción más importante de todo el largometraje. Marca el inicio del fin del Walter Mitty cobarde, introvertido, frustrado y conformista, dando paso a un hombre que decide establecer ese momento como el punto de inflexión que toda persona encuentra al menos una vez en su vida. Ese instante en el cual nuestra existencia cobra sentido, asumimos las consecuencias de lo hecho anteriormente, decidiendo en un segundo que no serán una barrera nunca más. Es una situación en la que Mitty debe decidir si todo lo hecho en su vida ha tenido sentido, o si simplemente ha sido algo que ha hecho para fingir que era feliz y que respiraba. ‘Space Oddity’, literalmente, le concede al protagonista la posibilidad de darle un rumbo distinto a su vida, al que no todos logramos tener acceso en las nuestras, por desgracia. Mitty, además, demuestra que esas oportunidades ante nosotros no aparecen por casualidad, sino que hay que buscarlas, aunque se trate de ficción.

 

 

Además de todo lo dicho, no faltan en ningún instante mensajes subliminares y explícitos a los que hay que prestar atención. Mensajes reales, que aparecen en muchas secuencias de la película, en lugares imposibles: en carteles publicitarios, cabinas de avión, asfaltos de vehículos o aeropuertos, cuadros de restaurantes… La película obliga a no perder de vista las imágenes en ningún instante, pero con frases de un simbolismo enorme logra aleccionar al espectador a estar motivado y feliz.

 

 

Esta película, le pese a quien le pese, es una obra maestra para despertar los sentidos y las emociones. Ofrece un prodigioso equilibrio entre alegría, tristeza, motivación, sueños, amor, lealtad, pérdida, encuentros y humildad. Es un perfecto compañero para encontrarnos a nosotros mismos, para mirarse al espejo, plantearse quiénes somos, qué queremos, y hasta dónde estamos dispuestos a esforzarnos para alcanzar nuestras metas. Es un refuerzo enorme para todo aquel que piense que su momento cumbre, su cima, todavía está por llegar.

 

 

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