Willy Wylazo & Likle Mystic: hechizo musical en una dulce noche estrellada

Willy Wylazo & Likle Mystic: hechizo musical en una dulce noche estrellada

La música es uno de los elementos más poderosos que existen desde que el mundo lo es tal. El ser humano solo sacó partido de algo que llevaba millones de años estableciendo melodías a la vida. Desde el canto de un pájaro, el tarareo de una ballena dentro del mar, la danza del viento a través de las hojas en un bosque, hasta el sonido de las olas o repiqueteo del agua por el cauce de un río.

 

Para el creador es su modo de expresión, hacia un sentimiento, vivencia o simplemente con la firme idea de narrar un suceso que despierte la conciencia del oyente. Sin embargo, para el que recibe la música es todo esto, pero además una vía para lograr hacer propio ese relato o extrapolarlo hacia algo personal. Las variantes son, con gran probabilidad, infinitas.

 

 

Y entonces aparece un joven de Olivenza (Badajoz), Jesús Figueredo, más conocido como Willy Wylazo, en lo alto de una terraza del centro de esta ciudad, con su guitarra, un pedal sampler prestado, camisa de flores, gorro, chanclas (que pronto abandona en una esquina), para invocar hacia el público, su público, cómo y por qué nació la música.

 

Creando desde los cuatro años de edad, se dio cuenta hace mucho tiempo que su sangre generaba glóbulos de música y mensajes reggae, por lo que se dedicó en cuerpo y alma a ello. Pero el mérito de este gran artista no radica solo en su arte, sino en su compromiso con las causas sociales y ambientales que necesitan de mensajeros espirituales y melódicos que transmitan al mundo cómo el consumismo, regado de otro “ismo”, el “ego”, está destrozando pueblos y culturas como la saharaui o la siria.

 

 

También, a pesar de haber visto lo menos bonito del camino artístico de un compositor que debe arar su propio camino por desiertos traicioneros que ahogan con sus arenas movedizas, Willy lleva muchos años en boca de los círculos musicales de su tierra, Extremadura, gracias a su deseo por fomentar no solo su trabajo, sino acercar su estilo musical predilecto por un país cada vez más necesitado de aire fresco, en la mayoría de sus ámbitos. Son muchos los seguidores que desde hace una década ha ido acumulando, gracias a la poesía hecha música desde la humildad y el amor. Son, eso sí, seguidores palpables y visibles, no como ese nuevo tipo de “seguidor” de las redes sociales, que todo lo sigue, pero que de nada sabe.

 

 

En esta ocasión, ha tenido la enorme fortuna de verse acompañado por una leyenda del reggae, como es el señor Likle Mystic, nativo de Jamaica, y cuna de esta corriente, o más bien, cultura musical que elevó hasta el infinito el eterno Bob Marley.

 

Willy con sus herramientas, además de una prodigiosa y bella voz; Likle con las suyas, con una voz quebrada por los viajes y el paso de los años. Los dos artistas fueron capaces de parar el tiempo durante dos horas con su música, su compromiso y sencillez.

 

Con motivo de la visita del jamaicano a tierras extremeñas, se organizó un evento en el que se pretendía fusionar dos estilos de reggae diferentes, tanto en el origen como en la forma. Y no solo se logró, sino que funcionó como si se tratara de un día más en la oficina para ambos músicos. No en vano, Likle, con sesenta años, lleva toda una vida dedicada al reggae, la igualdad de oportunidades, y la injusticia de la pobreza en el planeta. Un camino paralelo que Willy ha adoptado como suyo, tanto a nivel musical como social. Eran dos vertientes que debían unirse, porque así lo había decidido la vida.

 

 

El concierto ofrecido en el ático de Ecosistema W, un lugar dedicado a la cultura, el trabajo colaborativo, entre otros, como un espacio creativo, fue un evento familiar (por la cercanía y la improvisación) en el que un jamaicano y un pacense interpretaron su música para colorear de melodías una noche de Badajoz.

 

Enorme sorpresa fue también encontrarse con un público de todas las edades. Desde aquellos que se acercan al grupo de los sexagenarios, pasando por los cuarentones, treintañeros o recién ingresados en el clan de los nuevos adolescentes, hasta algunas almas engañadas, a priori, de nueve y doce años, que entraron aburridas y resignadas, pero que acabaron pidiendo a sus padres el disco del artista principal, dedicado, y alguna foto para su cuenta en Instagram.

 

 

Mezclaron temas de ambos artistas, en ocasiones cantadas por ambos, o en otras solo por uno de ellos, pero siempre con Willy a la guitarra. Además de estas canciones, se pudo escuchar un avance de lo que será una primera (y seguro exitosa) colaboración entre ambos, gracias a un tema que brotó como solo lo consiguen los grandes: de la nada, pero alcanzando un todo. El título inicial es ‘Jam Down’, un corte que evolucionará, pero que insufló más paz y energía de la que ya se había acumulado hasta el momento en aquel mágico evento. Incluso llegaron a permitirse el lujo de homenajear con lucidez y frescura al mítico Compay Segundo, ya al final de la velada, con su 'Chan Chan'.

 

 

Pocas veces puede verse tan al natural a dos músicos de tan ilimitado talento en un entorno tan cercano, terrenal, pero al mismo tiempo fuera de la realidad, aunque suene exagerado. Esa es la magia de este arte y de, sobre todo, los que lo interpretan y su público, formando un binomio inseparable y necesario. Porque no hay que olvidar que el músico sin la música no es nada, pero ninguno de los dos funcionaría sin el espectador que canta, tararea o aplaude al unísono. Ninguno resta mérito al otro, pero ambos se necesitan: el que crea, porque necesita quién le escuche, y el que lo percibe porque sin ello tendría una vida en silencio, vacía. Todo ser humano canta, o compone melodías en su cabeza, alguna vez en su día a día, y el que no, probablemente esté despidiéndose ya, por desgracia, de este regalo que es la vida.

 

 

 

Todo el concierto, además, sirvió para dar a conocer a nivel nacional a un Likle Mystic que no debería necesitar lanzadera alguna, dada su amplia carrera y solvencia musical, pero también para presentar en acústico y al desnudo el primer álbum de Willy Wylazo: 'Resurgir'.

 

 

 

Algunos de sus seis temas de esa grabación llevan circulando tiempo por los escenarios de toda España, como es el caso de la canción-protesta ‘Libertad’. Pero ahora, por fin, gracias a un pequeño, aunque implicado, círculo de patrocinadores, y su inseparable mánager, productor y amigo Javier Pulpo, todos han logrado mostrarse de manera tangible, a la vista del mundo, convertidos en un compendio de sentir e inspiración, de muy recomendable escucha para todo tipo de público, no solo para el amante del reggae.

 

 

 

Si una melodía repetitiva y pegadiza de verano puede reinar tu día, deja que el ‘Resurgir’ (*) del labrador de caminos, Willy Wylazo, te transporte a un mundo de paz paseando por las nubes, antes de conciliar un plácido sueño, tras un abrazo o un beso, real o imaginario, porque la mente y la música todo lo pueden.

 

 

Enlaces de interes:

 

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Willy Wylazo en Instagram.

 

(*) Contacta con Willy en las redes sociales si quieres adquirir su álbum 'Resurgir'.