¿Y qué sienten los cuerpos?

¿Y qué sienten los cuerpos?

Me escribieron desde el extranjero preguntándome sobre lo que pasa en Catalunya. "¿Podrías decirme cómo está la gente?" "¿Cómo te sentís con todo esto?" "¿Es tan grave como muestran en los medios?" "¿Tú y los tuyos, estáis bien?"

 

Para responderles, me puse a buscar en las noticias análisis y pensamientos de "profesionales": columnas de opinión, estadísticas, artículos científicos, perfiles de referentes en la cosa. Encontré, como era de esperar, miles de interpretaciones hermenéuticas que iban desde la ironía postmoderna hasta el historicismo más clásico. Ninguna, sin embargo, hablaba de los cuerpos.

 

Los cuerpos

¿A qué se refiere el término "cuerpo" cuando se habla de Política (en mayúsculas)?. Según autores como Félix Guattari y Gilles Deleuze, es la Subjetividad lo que un sistema de orden determina. Nuestros gestos, pulsiones, afectos, en resumen, nuestras formas del vivir, son el principio del orden subyacente tanto en las economías monetarias como en las estructuras establecidas para el orden-mundo, es decir, la esfera laboral, del hogar, la sexualidad, la ciencia y el conocimiento, la ecología, la familia, el género...

 

Hoy, los cuerpos en la Política son aquellas vivencias del orden conocido como neoliberalismo. Decimos vivencias, y no meros reproductores, porque en ellos persisten, según los autores, resistencias y contradicciones más o menos persistentes en el devenir del poder del orden-mundo.

 

Cuerpo y Política

¿Cómo trasladar, pues, estos devenires afectivos y pulsionales al terreno racional de la explicación científica de la teoría, pongamos, sociológica? ¿Cómo traducir, en formatos institucionales tradicionales, estos flujos anímicos tan profundos? Y por último: ¿Qué vinculaciones tienen, es decir, cómo se retro-alimentan mutuamente, los cuerpos individual y colectivamente?

 

El Procés català –ensayo de respuesta

Ante la demanda de mis contactos extranjeros de saber "cómo estaba la cosa", ensayé hablar de todo esto. Descarté los análisis y columnas de opinión que había leído hasta el momento, y me concentré en lo que "sentí" todo este último año en Barcelona respecto a el procés. Intelectualmente, el ejercicio exigía un esfuerzo fuera de lo común, ya que describir una introspección (para con un contexto político concreto y complejo en sí mismo) sin entrar en un lenguaje solemne resulta difícil.

 

Descubrí que aún no sé qué es lo que haría fuera de este orden. Descubrí, o mejor dicho, emergió la idea de que, en realidad, no hay ideas que no sean, aun, liberales y del orden capitalístico. Se hicieron explícitas, finalmente, las carencias de mis concepciones de izquierda para con la complejidad de un sentido común que no sale de unos límites -invisiblemente- dados. Vi intenciones, potencialidades, energías predispuestas a cambiarlo todo, pero sin cambiar nada en la cotidianidad diaria del quehacer. Intuí formatos novedosos, modernos en sus formas y circuitos, pero superficiales y minoritarios. Sentí una pulsión destructiva, pero carente de creatividad. Viví la inexistencia de la alteridad, de un Otro, y de la empatía para con otras formas del vivir. Concluí, finalmente, que sin estos espacios donde resurgir, individual y colectivamente, era difícil plantarle cara a este orden-mundo capitalístico.

 

¿Fue el Procés català un intento de todo esto?. Me pregunté al final. La respuesta sigue rondando en mi cabeza.